No tengo tiempo para leer 

Esa es la explicación del flamante presidente Donald Trump sobre su falta de dedicación a la lectura. De hecho, The Washington Post informó que “no hay estanterías de libros en su despacho”.

Tal confesión procedente del máximo mandatario del país de mayor influencia cultural, social, económica y política del mundo civilizado resulta altamente preocupante.

El razonamiento simplista que posiblemente cunda en muchos ciudadanos americanos es doble. Por un lado, “si el presidente no lee ni le preocupa, no veo razones para apartarme de sus hábitos”; y por otro lado, “la falta de tiempo es razón que justifica no perder el tiempo leyendo”. Y ya está, con la conciencia tranquila a seguir vegetando, consumiendo pantalla de tablas, móviles y portátiles y en el peor de los casos, a seguir viendo pasar el tiempo.

Pero a mi juicio, ambas reflexiones son frágiles y tóxicas. Veamos.  Sigue leyendo “No tengo tiempo para leer “

Solo los muertos saben la vida que han vivido y lo que han leído

muertosHe visitado este 1 de Noviembre, fiesta de Todos los Santos, el pequeño cementerio del pueblo leonés con el respeto, silencio y parsimonia habituales. Cada año descubro nuevos nichos y tumbas que, como los anillos de los árboles, nos demuestran que el tiempo pasa y mas vivos han visitado a los muertos sin billete de retorno. Es más, se ha construido un flamante ala de nuevos nichos que me ha recordado una urbanización de adosados a estrenar.

 Pero lo que he pensado mirando tanto espacio parcelado, en nichos verticales y fosas horizontales es que estaba ante una biblioteca necrológica.

Como si cada tumba correspondiese a un libro de la vida del fallecido, cuyo lomo frontal indica el nombre y años que comprende. Biografías enterradas. Una biblioteca de ejemplares únicos y sepultados, abierta hasta el amanecer, en constante crecimiento y que abarca todos los géneros: vidas de comedia, tragedia o tragicomedia; vidas aburridas y vidas divertidas; vidas, como los libros, de folletín y de aventuras, cortas y largas; vidas solitarias y vidas sociales; de todo, pues todos acaban ahí.

 Pero asomémonos…

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El silencio de la RAE ante el dirigismo lingüístico

enfrentamientoYo pensaba que los trapos sucios de la Real Academia se lavaban en casa. También creía que cuando se ejerce una labor colectiva, el lugar para debatir y demostrar capacidad persuasiva son las sesiones del pleno, comisiones o mediante escritos de queja a la presidencia. E incluso creía, pobre de mí, que esos señores académicos (tan cultos, tan finos, limpiando y dando esplendor) eran ejemplo de moderación y elegancia.

Pero afortunadamente, con la polémica entre los académicos Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico, me he dado cuenta de que en la Academia hay vida… y esperanza. De que los académicos no son vampiros que nadie les ve a la luz del día y que solo aletean en la noche cerrada de un caserón silencioso y repleto de libros.

Y digo afortunadamente, porque creo que cuando se asume un cargo público, y somos llamados por nuestras convicciones, conocimiento o experiencia, hay que respetar el juego de las votaciones (eso se llama civilización) pero tampoco puede negarse el derecho al pataleo. Al sano pataleo, en el caso de Arturo Pérez-Reverte.

Recordemos que la polémica tiene lugar con el uso del lenguaje de género. Pérez-Reverte defendía la solicitud de unos profesores andaluces de que la Academia tomase partido rechazando, condenando o advirtiendo del riesgo de la imposición a los profesores de la manera de dirigirse a los alumnos, utilizando el desdoblamiento de género (una simple carta bien redactada hubiese bastado, alertando de los riesgos del dirigismo cuando la lengua es naturalidad).

Veamos lo sucedido… y sus implicaciones Sigue leyendo “El silencio de la RAE ante el dirigismo lingüístico”

Esas lecturas de verano que nunca se tienen a mano

leer vranoDesde hace mas de treinta años, el ritual de hacer las maletas para las vacaciones se repite cuando tiene lugar un momento de pausa confusa. El momento de decidir que lecturas pienso acometer el verano. Decidir qué libros me llevaré pese a saber que hay grandes posibilidades de que solo cumpla parcialmente los objetivos.

Soy víctima de lo que los psicólogos llaman falacia de la planificación y que opera cuando decidimos muy valientes y convencidos enrolarnos en un gimnasio, aprender un idioma, cuidar la dieta o corregir algún defectillo natural. Todo se presenta muy fácil a la hora de decidirlo porque solemos convencemos en nuestro fuero interno de que podemos conseguirlo, pese a que probablemente cuando llegue la disciplina del día a día, y sobrevengan imprevistos o la desgana, acabaremos arrojando la toalla del gimnasio o del idioma, para contemplar compasivamente nuestra figura en el espejo o contentarnos con hablar el idioma mas utilizado en el mundo. Y listos para nuevos propósitos.

Algo parecido sucede cuando encaramos la selección de títulos para leer. Contemplamos nuestra biblioteca personal, nuestra mesita de noche, nuestra mesa de despacho, nuestro trastero… y en todas partes yacen libros en busca de lector. En su día, los adquirimos con gozo o los aceptamos como regalo con promesa de pronta lectura, y por múltiples razones fueron aparcados temporalmente.

Pero volvamos al día de hacer las maletas y seamos autocríticos. Sigue leyendo “Esas lecturas de verano que nunca se tienen a mano”

De bien nacidos es ser agradecidos con los creadores

Leo en el prólogo a una obra de Fernán Caballero (seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber, 1796-1877), La Mitología, el consejo que aprendió en la infancia:

Hijos míos, si os pareciese largo el tiempo que invirtáis en leer lo que para vosotros escribo, tened presente que mucho mas largo ha sido el que he invertido yo en escribirlo.

libro envueltoEsta sencilla frase encierra una valiosa indicación y que puede predicarse de las obras literarias, artísticas, e incluso culinarias, ya que lo que se presenta al lector, espectador o comensal es un producto acabado, y éste tiene la inmensa libertad de probarlo, saborearlo o rechazarlo sin tocarlo.

Corren tiempos en que el arte, la literatura y la creatividad goza de poca salud y en trance de convertirse en un placer propio de una secta o minoría. La información en todo formato, preferentemente la visual, está ganando por goleada la guerra frente a la información envuelta en creatividad o arte, pues el vértigo de consumir información y hacerlo por artilugios lleva a postergar el goce sosegado frente a un libro, un cuadro o edificio arquitectónico.

Es cierto que hoy día se ha democratizado la creatividad pues nunca se tuvieron tantas posibilidades de cumplir los sueños de escribir, exponer, pintar o esculpir. Pero, como contrapartida a esta proliferación artística, no hay obligación de consumir la obra artística o literaria, pero sí de respetarla y respetar a sus autores. Sigue leyendo “De bien nacidos es ser agradecidos con los creadores”

Buenos tiempos para la lírica

bellezaParece que la tecnología nos inunda y devora el tiempo. El placer rápido nos motiva. La televisión nos adocena como rumiantes mirando pasar trenes. No tenemos tiempo o ganas para la lectura y la meditación. La política nos enoja y lo políticamente correcto nos causa hastío. ¿Qué ha sido de la poesía?.

Confieso que en mi infancia la poesía se agotaba con los Cien cañones por banda… de Espronceda, con Segismundo cargado de cadenas en el fragmento de la Vida es Sueño, o el Soneto que Violante le encargó a Lope de Vega, junto con algunos poemas repetidos machaconamente y que por algún capricho de la memoria permanecen anclados en ella.

Ya adulto tuve la fortuna de asomarme a Neruda, y entonces descubrí que la buena poesía es un regalo impagable (no la experimental que requiere de un plano y varias tesis doctorales para captarla).

Sin embargo hay que admitir que un poema bello es un puñetazo al corazón, no para dañarle, sino para devolverle el palpitar. Cuando se une la forma, el estilo y la musicalidad, un poema nos saca de este mundo material que nos asfixia y nos expande la percepción hacia sensaciones, emociones y reflexiones increíbles.

Por eso, haciendo parada sin fonda, voy a dejaros tres poemas célebres que me impresionan y que os los traigo por aquello de compartir la belleza. Como quien disfruta de un paisaje y hace una foto para compartirla o quien recomienda un buen restaurante.

En este punto, los que no les interese un soplo de aire fresco a la mente sobrecargada, o no quieran ver lo que hay tras la puerta de la creatividad, o sencillamente les aburren las poesías ajenas, pueden salir, que también alejarse con un click en la alfombra voladora de internet es una forma de poesía.

Los demás, pasen y vean, y sientan (no de sentarse, sino de sentir). Sigue leyendo “Buenos tiempos para la lírica”

El placer de humanizar los libros

placer leerMuchas veces contemplo en silencio mi biblioteca atiborrada de libros. O mejor, mis bibliotecas. Los libros de una persona, y la actitud de una persona hacia los libros, dicen de ella muchísimo más que un frío curriculum vitae, mas que una radiografía integral y mas que su propia confesión.

Los libros que leemos o que atesoramos nos hablan de nuestros gustos, de nuestra sensibilidad y de nuestra cultura, de lo que nos cautiva o emociona y de lo que nos hastía. Casi nada. Pero por favor, pasen y vean mis bibliotecas personales. Sigue leyendo “El placer de humanizar los libros”

Una librería de viejo con buena salud y fascinante atractivo: la madrileña Gaztambide

libros GaztambideMe he quedado asombrado al pasear por Madrid y observar dos expositores en la acera, repletos de libros outlet, donde un cartel bien visible avisaba; “Este mes usted pone los precios de estos libros”.

O sea, hemos llegado al punto en que el librero honesto, que ama los libros, que cree que es mejor regalar un libro que tirarlo, que piensa que la cultura tiene un valor, decide confiar en el cliente y cumple el sueño de todo consumidor: fijar el precio.

No hay trampa ni cartón. No hay letra pequeña. No hay señuelo de regalo bajo una venta obligatoria. No. Son dos expositores que ofrecen libros clásicos, de aventuras, de ensayo, de teatro o poesía que aguardan en el expositor como el Lázaro bíblico, esperando que alguien pase y diga aquello de “Levántate, y anda”.

Sin embargo, los viandantes van acelerados. Con mucha atención a los móviles y el mas avisado mira con recelo el cartel y sigue su paso. A su lado, la librería Gaztambide sita en Chamberí sigue esperando el lector curioso, el que sigue disfrutando de respirar libros, el que no desaprovecha la ocasión para pasearse por esos bosques de cultura. Sigue leyendo “Una librería de viejo con buena salud y fascinante atractivo: la madrileña Gaztambide”

Los que no leen literatura no saben lo que se pierden

En una entrevista publicada en el XLSemanal núm. 1447, de este 19 de Julio de 2015, a Carmen Riera, Catedrática de Literatura y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, da una respuesta escalofriante la situación de la lectura de los “adultescentes”, o sea de aquéllos que ni son “adultos” ni “adolescentes”.

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La vida sabe mejor si leemos más y ganduleamos menos

niño leyendoViajo con frecuencia en los autobuses que van de Oviedo a Coruña y viceversa, donde ofrecen prensa variada y gratuita a los pasajeros. En la inmensa mayoría de los viajes soy su único lector. La inmensa mayoría de los viajeros se queda ensimismada, con la mirada perdida o conectado con música a sus teléfonos móviles. Libros en sus manos, poquísimos.

El fenómeno se me repitió en el tren del AVE saturado de Valencia a Madrid donde me fijé cuantos leían el vagón: un pasajero el diario Marca y una chica algo parecido a una novela. En la estación de Atocha hay un pequeño establecimiento de la FNAC y siguiendo mis inquietudes me fijé que dos estanterías se dedicaban a discos y otros dos a libros, pero las que captaban la atención era las centrales dedicadas a artilugios electrónicos.

En el avión alguno (y cuando digo “alguno” no pasaba de la media docena) leía u hojeaba un libro o una revista.

El balance es desolador. Me lleva a pensar en la avidez con que en mi infancia y adolescencia leía libros, releía los pocos que podía pagar, los compraba en librerías de segunda mano y me sentía feliz si algún pariente me regalaba un ejemplar aunque fuese sobre el misterio de Fátima o sobre la cría de la chinchilla. De adulto he mantenido ese hábito y estoy en período de transición (más bien coexistencia) hacia el libro electrónico (aunque la lectura del periódico impreso siempre me parece seductora y digna de defensa).

Y dado que tampoco consigo cautivar a mis hijos con el placer de la lectura, pese a lo que yo considero hábiles estrategias no coactivas, me parece oportuno intentar dejar claras las razones por las que creo que la “lectura” es un hábito deseable y que no debe quedar “a extinguir”, considerando la lectura muy distinta de la mera actividad de comprar libros ocasionalmente en aeropuertos o junto con un semanario, y que están llamados a ser paseados o colocados en estantería pero no leídos.

Por eso, en un esfuerzo de “reconquista” para intentar evitar la decadencia en tan noble hábito, intentaré ofrecer las razones poderosas para leer, aunque paradójicamente los que las leéis por este solo hecho demostráis que os gusta la lectura, y en cambio nunca las leerán los que ni leen este ni otro blog ni libro alguno. Sigue leyendo “La vida sabe mejor si leemos más y ganduleamos menos”