Honrados y pícaros de vacaciones

Archivo_000 (5)A primera hora de la tarde bañezana, a esa hora en que los toreros sudan en frío y en que se fríen huevos sin sartén, se me quedó parado mi viejo coche de maquillaje psicodélico. Al menos no me encontraba en esas solitarias y largas carreteras americanas donde sólo se ven matojos rodantes y tristes gasolineras con empleados siniestros.

El coche fue tan compasivo que se detuvo a escasos metros de un taller que ocupaba una nave industrial donde poca industria se adivinaba. Lo peor era que la persiana metálica estaba cerrada y lo mejor era el cartelito caligrafiado sobre ella: “Vuelvo en un momento” (con lo que sin saber el cliente cuando había salido, malamente podía empezar el cómputo de ese plazo, el “momento”, que era una unidad de tiempo romana de un minuto y medio de duración); y se añadía en tinta algo que decía del talante filosófico del empleado y que provocaba la sonrisa: “Si no he vuelto es que ya estoy donde el tiempo no importa”.

Para mi fortuna apareció el empleado ya madurito con esos monos azules que son la segunda piel de los mecánicos de mi infancia, con rostro tiznado y una sonrisa en la cara. Abrió la persiana metálica, y se brindó a acercarse al coche y me solucionó la nimiedad, pero lo mejor fue que en ese momento llegó un ancianito en un coche vetusto y le pidió si podía revisarlo porque el motor calentaba el interior del coche y tenía miedo se incendiase o explotase. Lo mejor estaba por venir… Seguir leyendo “Honrados y pícaros de vacaciones”