No regales tu tiempo a las personas tóxicas

 

personas toxicasUn derecho primario del ser humano adulto es elegir la compañía en la vida. No elegimos el cuerpo ni la mente, aunque a veces intentamos remodelarlos, pero sí podemos elegir la compañía y decidir sobre si abrimos nuestro territorio doméstico, afectivo, laboral o de ocio, a otras personas.

 

El hombre es un ser social que quiere y necesita compañía, pero junto a los “socios” ( que comparten con nosotros nuestros fines, para lo bueno y lo malo) no faltarán los “asociados” ( que parasitean y sabotean nuestras iniciativas).

 

Las personas, al igual que el clima o el viento condicionan el crecimiento de los árboles, influyen en nuestras vidas. Y no contamos con un arco de seguridad como en los aeropuertos que nos permita detectar de forma clara e instantánea, las personas tóxicas o negativas y así poder impedirles el paso hacia nuestras vidas. Tampoco podemos saber si una relación idílica se tornará en el futuro incómoda e incluso molesta.

En su día me ocupé de la necesaria indiferencia frente a quienes nos perjudican o dañan ocasionalmente; ahora se trata de reaccionar frente a quienes bajo la piel de cordero de la amistad, amor o compañía, ocultan al lobo que día a día nos muerde o impide que cumplamos nuestros sueños o ilusiones.

Es sumamente importante tener claro que nuestro tiempo no podemos despilfarrarlo con personas que no lo merecen. En efecto, aunque no podemos siempre huir de las personas negativas, tóxicas o perversas, al menos podemos ( y debemos por nuestra propia salud mental y calidad de vida) concederles el menor tiempo posible. Veámoslo con detalle.

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Indiferencia frente a quienes pretendan estropearte el día o la vida

estropear la vida Queremos un mundo perfecto y ser felices pero estadísticamente, y la experiencia lo demuestra, no falta un aguafiestas, bellaco, envidioso o malvado que se cruza en tu inocente camino y te fastidia el día.

Es todo un arte dominar la cólera y no darle la satisfacción de replicarle, insultarle o cambiar el rumbo de tu vida. Es difícil ser un “budista urbano”, una persona que sabe ir por la vida con la cabeza alta y dignidad y que “no entra al trapo” de los agresores que la vida le depara, en términos de descortesía, desconsideración, maledicencia o malicia en sus múltiples formas.

Quizás sea un viejo conocido que nos reprocha nuestro cambio físico. Acaso un vecino que nos culpa de los males de la comunidad o de sus problemas. O nuestra pareja que, so pretexto de la confianza, nos lanza venablos envenenados a nuestra autoestima. O el jefe tóxico que grita y pretende amargarnos el día. Tal vez el profesor que en vez de enseñar canaliza su agresividad. O sencillamente un policía, kioskero, camarero u otro profesional que nos trata con falta de respeto rayana en el desprecio. Y es que aunque la inmensa mayoría de la gente es maravillosa y de buena fe, unos pocos alteran la paz de nuestra pecera existencial, actuando como pirañas o tiburones, y siendo igual de dañinos.

Veamos como afrontar estas situaciones y personas.

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Quererse a sí mismo: caminos para fomentar la autoestima

Es curioso que muchísima gente está descontenta y quejosa consigo mismo. No se respeta ni se admira, y además se autodestruye. Es llamativa la frase de Boris Cyrulnik en una entrevista ” Somos infelices en tiempos de guerra, pero no sabemos vivir en tiempos de paz”.

Hay que quererse a sí mismo, no por ser rico, tener un buen trabajo o por el aplauso ajeno. Hay que quererse a sí mismo porque se está vivo: porque nos ha tocado el milagro de la vida: un cheque en blanco para ser feliz durante un puñado de decenas de años. Y ese cheque debemos rellenarlo y cobrarlo nosotros.

Es cierto que no hay que ser egoísta, soberbio y ególatra hasta el punto de atropellar a los demás pero tampoco hay que humillarse y hacerse pequeño. Y por supuesto no dejar que los demás nos traten como ratoncitos.

Tampoco hay que pensar que el mundo es una especie de Ikea que nos proporciona de forma sencilla la felicidad para armar, sino que somos nosotros los artesanos de lo que nos tiene que proporcionar la felicidad.

Veamos las claves o caminos para quererse a sí mismo.

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Atrévete a cambiar de vida y experiencias

atreverse a cambiarSi alguien es feliz no tiene nada que cambiar. Pero hay que distinguir una vida cómoda de una vida feliz. La vida cómoda es la que tiene asegurada la pitanza, la cama y tiempo libre. Todo material. La vida feliz es la que provoca el bienestar espiritual y la dicha interior. Un placer íntimo y mental.

La llave para ser feliz radica, entre otras cosas, en la capacidad para marcar el propio destino y eso implica frecuentemente elegir, decidir y arriesgarse. O rectificar, puesto que a veces el cambio es dar un paso atrás para asegurar la dirección correcta en el futuro. En suma, cambiar y enfrentarse sin miedo a la novedad. Y no hay que cerrarse a la novedad por la edad. Creo recordar que Robert de Niro afirmaba que hasta los veinticinco años cambiamos mucho y fácilmente de creencias, estilo y metas. Hasta los treinta y cinco cambiamos menos fácilmente y en menos cuestiones. Y después ya no cambiamos sino que intentamos que el mundo se amolde a nosotros. Son los demás los que van por el carril equivocado de la autopista en dirección contraria.

Pues bien, muchas personas sueñan o se imaginan en mejores condiciones físicas, con una pareja mas gratificante, con un trabajo mas cómodo y creativo o piensan con añoranza en viajes y experiencias extravagantes. Sin embargo, pese a que quisieran cambiar, no hacen nada para cambiar. Si la vida no nos gusta o es mejorable no debemos esperar que el autobús de la felicidad llegue sino que debemos salir a su encuentro. Nosotros somos dueños de nuestra vida y responsable de los cambios, o al menos de remover los obstáculos para cambiar. El guión de nuestra vida no está escrito aunque creemos que está marcado por la sociedad, la familia y lo que los demás esperan. Esa programación es ilusoria y hay que cuestionarla. Basta preguntarse con sinceridad: ¿Es nuestra vida mejorable de algún modo?, ¿está a nuestro alcance ese cambio, menor o mayor?, ¿por qué no lucho hoy para tener un mañana mejor?, ¿soy realmente feliz?, ¿no soy feliz porque yo mismo me estoy frenando?. Veamos los retos del cambio.

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Dominar el anclaje psicológico para evitar ser engañado

decision Tendemos a utilizar “anclas” o puntos de referencia para tomar decisiones, que frecuentemente son datos que nos ofrece el vendedor o quien quiere “arrimar el ascua a su sardina”, y nuestra mente nos traiciona y somos engañados, pese a que pensamos haber hecho un buen negocio.¡ Nos fiamos del enemigo y además nos sentimos felices!.

¿ Acaso no sentimos la tentación de algunos programas de teletienda, que indican un elevado precio de 280 euros, que baja la publicidad hasta 49 euros para los que sean tan hábiles de llamar en ese instante, lo que nos parece barato, y si hay dudas, y nos regalan un par de calcetines, algo nos empuja irresistiblemente a llamar y cerrar el trato?

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