Solo los muertos saben la vida que han vivido y lo que han leído

muertosHe visitado este 1 de Noviembre, fiesta de Todos los Santos, el pequeño cementerio del pueblo leonés con el respeto, silencio y parsimonia habituales. Cada año descubro nuevos nichos y tumbas que, como los anillos de los árboles, nos demuestran que el tiempo pasa y mas vivos han visitado a los muertos sin billete de retorno. Es más, se ha construido un flamante ala de nuevos nichos que me ha recordado una urbanización de adosados a estrenar.

 Pero lo que he pensado mirando tanto espacio parcelado, en nichos verticales y fosas horizontales es que estaba ante una biblioteca necrológica.

Como si cada tumba correspondiese a un libro de la vida del fallecido, cuyo lomo frontal indica el nombre y años que comprende. Biografías enterradas. Una biblioteca de ejemplares únicos y sepultados, abierta hasta el amanecer, en constante crecimiento y que abarca todos los géneros: vidas de comedia, tragedia o tragicomedia; vidas aburridas y vidas divertidas; vidas, como los libros, de folletín y de aventuras, cortas y largas; vidas solitarias y vidas sociales; de todo, pues todos acaban ahí.

 Pero asomémonos…

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Maneras de vivir: hijos del botellón y WhatsApp

lecturassLeo el espléndido artículo del escritor Juan José Millás en El País titulado significativamente “A mí, de adolescente me prohibieron las novelas”. Su arranque ha removido las huellas de mi adolescencia:

“A mí, de adolescente, me prohibieron las novelas. Las leía debajo de las sábanas, sujetando con los dientes la linterna con la que mi padre nos miraba la garganta cuando teníamos anginas. Mi padre no era médico: nos veía la garganta por vicio. Tampoco yo era un lector profesional. Me asomaba a la boca de los libros por una inclinación morbosa. Jamás pensé que esa actividad formara parte de mi educación, aunque más tarde comprendería que se empieza a leer por las mismas razones por las que se empieza a escribir: para comprender el mundo”.

Y me agita la mente especialmente hoy, un domingo de agosto bajo el sol de la Bañeza, a las 10 de la mañana, en ese clima en que todo parece moverse lentamente y unos pocos “zombies de día” nos abalanzamos a tomarnos un desayuno sano. Y digo “zombies de día” porque hace cuatro horas, me tuve que levantar en mitad de la noche a buscar a mi hijo adolescente y sus amigos de la fiesta nocturna para traerles de regreso al pueblo, alborotados y con decidido propósito de no levantarse antes de mediodía. Y por supuesto cuando se levanten no será para ayudar, pues no tienen tiempo (¿tengo que hacerlo ahoraaaa?) sino para reclamar (comida, dinero o ambos).

Pero lo más llamativo a mis ojos de explorador en territorio caníbal, a las 6 de la mañana, en las inmediaciones de la plaza cortada al tráfico, y donde la música atronaba, era la cantidad de adolescentes que seguían sus libaciones de botellón, con algunos tirados en bancos o portales (como heridos de guerra), otros revolcándose con parejas que intercambiaban en jardines y la inmensa mayoría agitándose (no sé si para entrar en calor, para seguir la música o para agitar las pocas neuronas supervivientes del frenesí).

Pero vayamos más allá… Seguir leyendo “Maneras de vivir: hijos del botellón y WhatsApp”

Esas lecturas de verano que nunca se tienen a mano

leer vranoDesde hace mas de treinta años, el ritual de hacer las maletas para las vacaciones se repite cuando tiene lugar un momento de pausa confusa. El momento de decidir que lecturas pienso acometer el verano. Decidir qué libros me llevaré pese a saber que hay grandes posibilidades de que solo cumpla parcialmente los objetivos.

Soy víctima de lo que los psicólogos llaman falacia de la planificación y que opera cuando decidimos muy valientes y convencidos enrolarnos en un gimnasio, aprender un idioma, cuidar la dieta o corregir algún defectillo natural. Todo se presenta muy fácil a la hora de decidirlo porque solemos convencemos en nuestro fuero interno de que podemos conseguirlo, pese a que probablemente cuando llegue la disciplina del día a día, y sobrevengan imprevistos o la desgana, acabaremos arrojando la toalla del gimnasio o del idioma, para contemplar compasivamente nuestra figura en el espejo o contentarnos con hablar el idioma mas utilizado en el mundo. Y listos para nuevos propósitos.

Algo parecido sucede cuando encaramos la selección de títulos para leer. Contemplamos nuestra biblioteca personal, nuestra mesita de noche, nuestra mesa de despacho, nuestro trastero… y en todas partes yacen libros en busca de lector. En su día, los adquirimos con gozo o los aceptamos como regalo con promesa de pronta lectura, y por múltiples razones fueron aparcados temporalmente.

Pero volvamos al día de hacer las maletas y seamos autocríticos. Seguir leyendo “Esas lecturas de verano que nunca se tienen a mano”

De bien nacidos es ser agradecidos con los creadores

Leo en el prólogo a una obra de Fernán Caballero (seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber, 1796-1877), La Mitología, el consejo que aprendió en la infancia:

Hijos míos, si os pareciese largo el tiempo que invirtáis en leer lo que para vosotros escribo, tened presente que mucho mas largo ha sido el que he invertido yo en escribirlo.

libro envueltoEsta sencilla frase encierra una valiosa indicación y que puede predicarse de las obras literarias, artísticas, e incluso culinarias, ya que lo que se presenta al lector, espectador o comensal es un producto acabado, y éste tiene la inmensa libertad de probarlo, saborearlo o rechazarlo sin tocarlo.

Corren tiempos en que el arte, la literatura y la creatividad goza de poca salud y en trance de convertirse en un placer propio de una secta o minoría. La información en todo formato, preferentemente la visual, está ganando por goleada la guerra frente a la información envuelta en creatividad o arte, pues el vértigo de consumir información y hacerlo por artilugios lleva a postergar el goce sosegado frente a un libro, un cuadro o edificio arquitectónico.

Es cierto que hoy día se ha democratizado la creatividad pues nunca se tuvieron tantas posibilidades de cumplir los sueños de escribir, exponer, pintar o esculpir. Pero, como contrapartida a esta proliferación artística, no hay obligación de consumir la obra artística o literaria, pero sí de respetarla y respetar a sus autores. Seguir leyendo “De bien nacidos es ser agradecidos con los creadores”

Buenos tiempos para la lírica

bellezaParece que la tecnología nos inunda y devora el tiempo. El placer rápido nos motiva. La televisión nos adocena como rumiantes mirando pasar trenes. No tenemos tiempo o ganas para la lectura y la meditación. La política nos enoja y lo políticamente correcto nos causa hastío. ¿Qué ha sido de la poesía?.

Confieso que en mi infancia la poesía se agotaba con los Cien cañones por banda… de Espronceda, con Segismundo cargado de cadenas en el fragmento de la Vida es Sueño, o el Soneto que Violante le encargó a Lope de Vega, junto con algunos poemas repetidos machaconamente y que por algún capricho de la memoria permanecen anclados en ella.

Ya adulto tuve la fortuna de asomarme a Neruda, y entonces descubrí que la buena poesía es un regalo impagable (no la experimental que requiere de un plano y varias tesis doctorales para captarla).

Sin embargo hay que admitir que un poema bello es un puñetazo al corazón, no para dañarle, sino para devolverle el palpitar. Cuando se une la forma, el estilo y la musicalidad, un poema nos saca de este mundo material que nos asfixia y nos expande la percepción hacia sensaciones, emociones y reflexiones increíbles.

Por eso, haciendo parada sin fonda, voy a dejaros tres poemas célebres que me impresionan y que os los traigo por aquello de compartir la belleza. Como quien disfruta de un paisaje y hace una foto para compartirla o quien recomienda un buen restaurante.

En este punto, los que no les interese un soplo de aire fresco a la mente sobrecargada, o no quieran ver lo que hay tras la puerta de la creatividad, o sencillamente les aburren las poesías ajenas, pueden salir, que también alejarse con un click en la alfombra voladora de internet es una forma de poesía.

Los demás, pasen y vean, y sientan (no de sentarse, sino de sentir). Seguir leyendo “Buenos tiempos para la lírica”

El placer de humanizar los libros

placer leerMuchas veces contemplo en silencio mi biblioteca atiborrada de libros. O mejor, mis bibliotecas. Los libros de una persona, y la actitud de una persona hacia los libros, dicen de ella muchísimo más que un frío curriculum vitae, mas que una radiografía integral y mas que su propia confesión.

Los libros que leemos o que atesoramos nos hablan de nuestros gustos, de nuestra sensibilidad y de nuestra cultura, de lo que nos cautiva o emociona y de lo que nos hastía. Casi nada. Pero por favor, pasen y vean mis bibliotecas personales. Seguir leyendo “El placer de humanizar los libros”

Una librería de viejo con buena salud y fascinante atractivo: la madrileña Gaztambide

libros GaztambideMe he quedado asombrado al pasear por Madrid y observar dos expositores en la acera, repletos de libros outlet, donde un cartel bien visible avisaba; “Este mes usted pone los precios de estos libros”.

O sea, hemos llegado al punto en que el librero honesto, que ama los libros, que cree que es mejor regalar un libro que tirarlo, que piensa que la cultura tiene un valor, decide confiar en el cliente y cumple el sueño de todo consumidor: fijar el precio.

No hay trampa ni cartón. No hay letra pequeña. No hay señuelo de regalo bajo una venta obligatoria. No. Son dos expositores que ofrecen libros clásicos, de aventuras, de ensayo, de teatro o poesía que aguardan en el expositor como el Lázaro bíblico, esperando que alguien pase y diga aquello de “Levántate, y anda”.

Sin embargo, los viandantes van acelerados. Con mucha atención a los móviles y el mas avisado mira con recelo el cartel y sigue su paso. A su lado, la librería Gaztambide sita en Chamberí sigue esperando el lector curioso, el que sigue disfrutando de respirar libros, el que no desaprovecha la ocasión para pasearse por esos bosques de cultura. Seguir leyendo “Una librería de viejo con buena salud y fascinante atractivo: la madrileña Gaztambide”

Mortadelo y Filemón: patrimonio de la humanidad

agentesLa aventura número 200 de Mortadelo y Filemón, publicada hace quince días con extraordinario éxito, me ha hecho recordar el papel que jugaron los tebeos en lo que somos y particularmente esos dos personajes. Leer esos tebeos fueron la puerta al placer de la lectura, la proa del rompehielos para vencer la resistencia del niño a leer. Tres en uno: lectura ávida, imaginación a raudales y humor gamberro. ¡Prodigioso! Seguir leyendo “Mortadelo y Filemón: patrimonio de la humanidad”

Diez libros para reír a carcajadas

libros divertidosHay libros que entretienen. Hay libros que te hacen sonreir. Lo que es maravilloso es un libro que entretenga y te haga sonreír o reír a carcajadas.

Aquí van los libros de mi biblioteca personal con los que mas he disfrutado y que me gustaría compartir. Desearía olvidarlos para poder releerlos como algo nuevo.

Aunque cada uno es el mejor crítico literario de sus propias lecturas, creo que toda sugerencia de buena fe siempre debe ser bien recibida, y por eso me atrevo a indicar los diez libros que creo que, si se les da la confianza de superar una decena de páginas, harán las delicias del lector. No guardan ningún orden (alfabético, autor o género o calidad) ya que en la biblioteca se alojan según les place, pero todos tienen en común un excelente sentido del humor y contribuyen a mostrarnos que la fría realidad tiene un lado cálido y divertido, y eso, nos hará más felices.

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En defensa del placer de leer el periódico impreso

El periódico impresoHoy día los periódicos clásicos están en franca retirada por el acecho de internet, tablets, móviles y todo tipo de artilugios que ofrecen información sin el formato papel. Se leen pocos libros y sus hermanos pequeños, los periódicos, sufren el mismo mal.

Los que hemos madurado leyendo periódicos hemos sido privilegiados ya que hemos cortejado a tres damas: la esposa, la amante y la novia ocasional. La esposa era la televisión, que nos acompañaba y mirábamos con ojos de vaca y oídos relajados. La amante era la radio sobre la que nos abalanzábamos en momentos sueltos a lo largo del día para ofrecernos compañía y se dejaba acariciar el dial mientras nosotros nos dejábamos acariciar los oídos. Y la novia ocasional era el periódico que cada día nos ofrecía nuevos titulares, nos dejaba acariciarlo con las yemas de los dedos y posar nuestra mirada ávida de novedades pues cada día era diferente.

En aquéllos tiempos, el periódico era una puerta abierta a la información y a la formación. Imprescindible para estar al día y sobre todo proporcionaba inmenso placer su lectura sin prisas los domingos por la mañana. Un ritual impagable.

Hoy día internet se nos ofrece como una jungla caótica, mientras que los periódicos impresos se nos muestran como un zoo ordenado de noticias por especies y listas para su examen por los visitantes. Por eso, hemos de conservar el hábito de lectura del periódico impreso y recuperar el placer de leer el periódico por las siguientes poderosas razones.

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