Claves para ser feliz Lecturas y libros

De bien nacidos es ser agradecidos con los creadores

Leo en el prólogo a una obra de Fernán Caballero (seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber, 1796-1877), La Mitología, el consejo que aprendió en la infancia:

Hijos míos, si os pareciese largo el tiempo que invirtáis en leer lo que para vosotros escribo, tened presente que mucho mas largo ha sido el que he invertido yo en escribirlo.

libro envueltoEsta sencilla frase encierra una valiosa indicación y que puede predicarse de las obras literarias, artísticas, e incluso culinarias, ya que lo que se presenta al lector, espectador o comensal es un producto acabado, y éste tiene la inmensa libertad de probarlo, saborearlo o rechazarlo sin tocarlo.

Corren tiempos en que el arte, la literatura y la creatividad goza de poca salud y en trance de convertirse en un placer propio de una secta o minoría. La información en todo formato, preferentemente la visual, está ganando por goleada la guerra frente a la información envuelta en creatividad o arte, pues el vértigo de consumir información y hacerlo por artilugios lleva a postergar el goce sosegado frente a un libro, un cuadro o edificio arquitectónico.

Es cierto que hoy día se ha democratizado la creatividad pues nunca se tuvieron tantas posibilidades de cumplir los sueños de escribir, exponer, pintar o esculpir. Pero, como contrapartida a esta proliferación artística, no hay obligación de consumir la obra artística o literaria, pero sí de respetarla y respetar a sus autores.

1. De pequeño me impresionaban las historias bucólicas de San Francisco de Asís (1181-1226), que imponían el respeto a la naturaleza que era un regalo para los seres humanos (“hermano pájaro”, “hermano sol”, etc).

De adulto me impresiona la frivolidad y desdén con que acogemos las obras creativas, ya sean libros, películas, pinturas o esculturas. Especialmente cuando veo el paso rápido con que armados de móviles visitamos las Catedrales o Museos, y no reparamos en el significado y las horas o esfuerzo que hay detrás de cada obra. O cuando las estanterías de las librerías parecen inmensos cementerios con tumbas y nichos de huesos sin nadie que los visite. O cuando se estrenan películas sin pena ni gloria, que son retiradas de la pantalla prontamente. O cuando vemos exposiciones desde la vía pública a través de cristaleras donde observamos un autor rodeado de obras, como un pastor solitario con sus ovejas.

2. Lo digo al hilo de la visión el pasado viernes de la Feria del Libro en la Laguna, en Tenerife, una pequeña pero bella exposición de la creatividad literaria, organizada de manera que frente a cada stand o carpa de las librerías participantes, un escritor mostraba los ejemplares apilados de su obra y observaba el paso acelerado del público, como quien espera que alguien adopte un perrillo sin amo.

escribaMe maravillaba la visión de esos autores, la mayoría modestos, que demostraban con su sonrisa y paciencia, la justificada satisfacción de ese parto largo y duro que es la producción de un nuevo libro, que nace con “sangre, sudor y lágrimas” y que finalmente es arrojado con vida propia, para ser leído, criticado u olvidado. Unos exhibían la invitación de su sonrisa a ofrecernos su obra, otros una mirada suplicante y no faltaban los que recordaban al impasible escriba sentado de Egipto.

3. Pero al autor, novel o veterano, modesto o exitoso, ocasional o profesional, siempre le queda esa agradable sensación de que ha enriquecido el mundo, dejando algo nuevo que no estaba antes.

La paradoja de esa Feria del Libro consistía en que los jóvenes y no tan jóvenes paseantes, en su inmensa mayoría avanzaban con mirada panorámica y dejando una distancia de seguridad, propia de foso de cocodrilos, respecto de los libros del stand, distancia que se ampliaba mas todavía respecto del autor con sus libritos, pese a que no muerde, demostrando ese recelo tan actual que abrigamos hacia los vendedores invasivos, pese a que el artista o escritor no quiere tanto vender como que ser comprendido, de forma similar a quien no vendería a su hijo pero disfruta cuando le preguntan por él y le hacen carantoñas.

Mucho mas curioso resultaba que esos mismos viandantes, que no dedicaban unos minutos de su tiempo de ocio a hojear los libros o a brindar un guiño al autor con comprensión y agradecimiento, se empleaban después en sentarse en las numerosas terrazas de las tascas lindantes, sin prisa y con la mirada perdida, a veces en el horizonte o en sus móviles.

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4. Por eso me quedó la reflexión agridulce de la mala salud que tiene la literatura y la ingratitud que hay con los autores en general. Aunque exista mala literatura, creo que todo el que pone “negro sobre blanco” sus ideas, que organiza su mente y sacrifica su tiempo para ofrecer algo nuevo, capaz de formar, informar o estimular (y que jamás será compensado económicamente), merece nuestro agradecimiento y respeto.

Un autor consigue vencer sus miedos, poner a prueba su mente, su dominio del lenguaje y atreverse a dejar su huella. El autor no tiene derecho a exigir ser leído, ni tampoco aclamado, pero creo que deberíamos reconocer el generoso mérito de todo creador.

creativos5. Todos tenemos el regalo de una mente libre, pero no todos la usamos para hacer regalos a los demás de lo que pensamos o ingeniamos.

Sin creatividad no avanzamos ni nosotros como personas ni el mundo en que nos movemos. Suele decirse aquello de realizarse como personas “plantando un árbol, teniendo un hijo y escribiendo un libro”, tres retos que requieren sensibilidad, pero con distinta viabilidad, pues me temo que el primero es cuestión de voluntad, el segundo de azar y el tercero de imaginación. Y esta última es un don preciado, que hay que estimular, sembrar y regalar pues esta nos distingue a los seres humanos de los animales no racionales y además nos permite enriquecer el horizonte del conocimiento. Digno de agradecer.

One comment

  1. Amanecer al domingo y leer mientras entre las manos se vuelve lentamente tibio un café es: un placer. Para ello, como bien nos describes José R., hombres y mujeres tejen historias entre blancos y negros, depositando sus emociones y sus frustraciones en renglones que nos ofrecen sin pedir nada a cambio. Es la belleza. Y hoy, en uno de esos domingos, ese placer, esa belleza, me la ha regalado, escondida en la contraportada de otras palabras escritas, Manuel Vicent, con su columna “Los Sueños”…leedla, y luego respirad pronfundo…. http://elpais.com/elpais/2016/06/10/opinion/1465568099_378688.html

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