Las leyes de la prudencia que no debemos olvidar en las redes sociales

tecleasSi bebes, no tuitees. Así de claro se pronunciaba en una entrevista el experto en periodismo y redes sociales, Manuel Moreno. Y ponía el dedo en la llaga de algo que ninguno deberíamos olvidar: “Antes de lanzarnos a escribir en las redes sociales es mejor pensar bien lo que se va a decir para no comprometer nuestro futuro. Es importante también comprobar la ortografía, para no trasladar una mala imagen de uno mismo. Y, sobre todo, si bebes no tuitees”.

Me parece extraordinario no perder de vista las cinco leyes de la prudencia en las redes sociales. Seguir leyendo “Las leyes de la prudencia que no debemos olvidar en las redes sociales”

La envidia: el problema que nadie reconoce

miradaLeo una entrevista al cantante flamenco Arcángel en que comenta que “Cuando se es un referente en algo, las hachas y los cuchillos vienen volando”.  Una gran verdad que me ha recordado la que inspiró el título de la divertida novela “La conjura de los necios” (John Kennedy Toole) y que se atribuye a Jonathan Swift, autor de Gulliver: «Cuando aparece un gran genio en el mundo se le puede reconocer por esta señal: todos los necios se conjuran contra él».

No deja de ser triste que el premio al esfuerzo, al éxito o la singularidad sea la lapidación por puñados de mediocres aquejados de ese virus de la envidia insana (la única envidia sana es la guiada por la admiración hacia quien nos sirve de ejemplo).

A veces se manifiesta en el ataque visceral directo (“no es para tanto…”), aunque lo más normal es el ataque bajo la coartada del elogio (Sí, muy bueno, pero es… o ha sido…), o disfrazarlo bajo un manto de aparente indiferencia “No me interesa” (las uvas están verdes, como justificaba la zorra de la fábula de Esopo). Lo más peligroso es el castizo “chisme”, el rumor o el infundio frente al que el afectado no puede defenderse, y si lo hace, peor.

¿Por qué somos así?. Seguir leyendo “La envidia: el problema que nadie reconoce”

Vivir más lento para vivir más

time suLeo la noticia de ayer en el Diario El País, sobre la publicación del estudio de la revista Science, en que nos informan que el tiburón de Groelandia vive casi cuatro siglos. Según dicho estudio tales animales siguen “una estrategia evolutiva típica la de la -vida lenta-, con edad reproductiva muy retrasada, pocas crías, y longevidad elevada”; parece que esa especie:

En el trato evolutivo entre mantenimiento o reproducción estos bichos eligieron mantenimiento y dedican más recursos a eso.

Estos escualos de movimiento lento, crecimiento lento y digestión lenta, viven una vida “a cámara lenta”, como si todo estuviese ralentizado.

Así que el secreto de la longevidad parece estar en la parsimonia, en la lentitud. La paradoja es que en los tiempos actuales de las sociedades que se califican de avanzadas, parece que se vive rápido.

Se busca la comida rápida.

Se busca el amor con rapidez (webs de contactos). Se conversa con rapidez (Twitter, WhatsApp, etc).

Archivo_000 (6)Se prima lo visual sobre lo leído porque una película o video consume menos tiempo que la lectura del libro que lo inspira y además da el trabajo hecho a la imaginación).

Se quiere música frenética y sincopada, y se posterga la clásica y melódica.

Se quieren hacer miles de fotos y selfies que jamás serán revisados, clasificados o disfrutados.

Se renuevan los artilugios tecnológicos porque se lanzan al mercado y no porque el mercado los necesite… todo rápido, y a veces se trata de obtener la información lo más rápidamente posible para nada.

Por eso quizá se impone una reflexión breve sobre nuestro estilo de vida. Mas calma, mas reflexión, mas paseo, mas aburrimiento, menos tecnología, menos competitividad… Se trata de pensar mas en el camino que en la meta. Y eso por poderosísimas razones. Seguir leyendo “Vivir más lento para vivir más”

Ante los errores: levantarse y avanzar

LONDON, ENGLAND - APRIL 27: Prime Minister David Cameron wipes away some sweat as he speaks to business leaders on April 27, 2015 in London, England. Mr Cameron has started the fifth week of the general election campaign with a passionate speech in the heart of the City of London financial district. (Photo by Peter Macdiarmid/Getty Images)Tras el referéndum negativo del Brexit en Inglaterra, el que fuere Presidente del país, David Cameron, dimitió por lo que consideró un error o fracaso político y sobre todo, personal. Supongo que tanto él como sus colaboradores arrastrarán toda su vida la pregunta de en qué se equivocaron, que hicieron mal para truncar su carrera política y cambiar el rumbo de la historia de su país.

La inmensa mayoría de las personas cometemos errores en nuestras vidas cotidianas. La vida es una sucesión de decisiones en encrucijadas. Si no hay espacio para decidir pues no hay culpa ni reproche, pero la responsabilidad de decidir suele ir acompañada de la humana valoración del resultado de nuestra decisión.

Hay palabras bellísimas en el Diccionario, pero la palabra Fracaso debería estar borrada del lenguaje como voz tóxica, por la carga negativa, de reproche y además sin redención para quien lo sufre. Sentirse “fracasado” o llamar a alguien “Fracasado” es de lo más nocivo que puede soportarse.

Tras la caída hay que levantarse y para eso ayudan varias circunstancias y valiosas claves. Seguir leyendo “Ante los errores: levantarse y avanzar”

Ni lotería ni que otros nos resuelvan los problemas: la cultura del esfuerzo

relojisHay personas que de niños confiaban en que sus padres resolviesen sus problemas; de adultos cuentan con que se los resuelva el Estado, y de ancianos en que sus hijos los atiendan. Un mundo feliz para una existencia vacía.

Se trata de personas que alimentan una visión cómoda y parasitaria de la existencia, que en unos casos es egoísta y en otras inmadura. Si todos pensásemos igual no habría comodidades, ni servicios públicos, ni dispondríamos de objeto u ocio porque nadie habría trabajado o se habría esforzarlo en crearlo o mantenerlo.

Por eso es muy importante que los jóvenes comprendan la cultura del esfuerzo. No de la esclavitud de trabajar a la japonesa, ni vida monacal de sacrificio, sino sencillamente intentar devolver a la sociedad algo de lo que recibimos y dejar un mundo mejor de lo que encontramos. Ese es el reto y no es fácil.

Lo triste es que hoy día existen los medios pero no la voluntad de utilizarlos. La información es la herramienta mas poderosa para mejorar como personas y ser productivas.

En la generación anterior las claves de la información disponible para la juventud de finales del siglo XX eran las tres “P”: Pausada, Poca y Persistente. Las tecnologías de la información eran tecnologías sin información: los libros se obtenían por goteo de las bibliotecas, las radios y televisiones eran fuentes escasas que limitaban el pluralismo informativo y la información se ofrecía como estable.

carreraEn cambio, la generación actual de jóvenes disfruta desde el siglo XXI de información con las tres “V”: Velocidad, Volumen y Variabilidad. Hoy día las tecnologías de la información ofrecen información a tiempo real, en cantidades indigeribles y cambiante.

Este nuevo escenario de información, de poder, de potencial para sobrevivir en la sociedad tropieza con un escollo imprevisible: la pereza o la inercia del joven, que se ve abrumado por tal información.

Por eso me ha encantado el libro “No me tocó la lotería, Y ahora ¿qué hago?” (Antonio Álvarez Rodríguez, El Sastre de los libros, 2015) que descolla en el mar de los sargazos de los libros de autoayuda porque ofrece un planteamiento claro, con ejemplos y consejos útiles para aprender a sobrevivir y superar los problemas.

Es un libro que parece inspirado en el viejo consejo Maoísta: “Si le das un pez, le quitas el hambre de un día; enséñale a pescar y le quitarás el hambre de por vida”.

Veamos las enseñanzas que destila esta brillante obra de poco más de un centenar de páginas de sabiduría. Seguir leyendo “Ni lotería ni que otros nos resuelvan los problemas: la cultura del esfuerzo”

El hombre que pensaba demasiado

pensador rodinEn la obra de Shakespeare, Julio César, éste opina del conspirador Casio Longino: “Tiene un aire precipitado y hambriento (…) piensa demasiado (…) Este tipo de hombres son peligrosos”.

No deja de ser curioso lo difícil que es “pensar” en la justa medida. Si pensamos poco somos simplones, si pensamos mucho somos complejos y taimados.

Quizá, como todo en la vida, la clave está en el justo medio. Ni ir por la vida como vacas observando trenes desde la pradera ni como leopardos al acecho de la gacela. Hay momentos y situaciones que requieren pensar y darle vueltas al magín y otros en cambio requieren tomar la decisión de forma intuitiva. Seguir leyendo “El hombre que pensaba demasiado”

En busca del hábito de la sana curiosidad

pensarLeo una entrevista a José Ramón Crespo López-Urrutia (Avilés, 1963) investigador en el Instituto Max Planck de Física Nuclear de Heidelberg (Alemania) y suelta una verdad para reflexionar:

No podemos vivir en un mundo en el que cada uno tiene en su bolsillo un teléfono móvil con una docena de tecnologías, basadas en la física y en la química, y no entender nada. Si perdemos la curiosidad científica, no podremos mejorar. (…) El otro punto es que el espíritu humano se empobrece si no es capaz de comprender las cosas que no entiende. O por lo menos intentarlo. Yo creo que eso es un motor muy importante, sobre todo para la juventud.

Pone el dedo en la llaga de uno de los rasgos que va implantándose en una sociedad que tiene todo. Hoy día, tenemos todos los artilugios, todas las noticias sobre sucesos locales e internacionales y todos los fenómenos al alcance de la mano o de la tecla, y nos limitamos a utilizarlos o digerirlos. Ni nos preguntamos por el funcionamiento del utensilio ni “rumiamos” las ideas.

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Sentirnos orgullosos: nada de síndrome del impostor

síndromeLeo en el diario El País de este domingo que la directora de cine Isabel Coixet cuando le van bien las cosas se siente padeciendo el llamado “síndrome del impostor”, un fenómeno psicológico en que, pese al reconocimiento externo de nuestra propia valía o competencia, el afectado considera que no lo merece y que todo se debe la azar. Incluso comenta que el director de cine Martin Scorsese “dice que tiene la sensación de que está en un set de rodaje, alguien va por la espalda y le dice: ‘Oiga, que usted no pertenece a esto, váyase'”

No deja de ser curiosa esta actitud de humildad recalcitrante pese a la fuerza de la vanidad humana. Sin embargo, ni envanecerse como el gallo que creía que el sol salía a escucharle cantar, ni humillarse como la rana que consideraba un honor que sus ancas fuesen servidas en salsa. Seguir leyendo “Sentirnos orgullosos: nada de síndrome del impostor”

Baila mientras puedas: aprendiendo de los triunfadores

La entrevista concedida por el escritor Vargas Llosa para el Diario el País (24/10/15) nos ofrece en algunas respuestas, una valiosa enseñanza sobre la necesidad de sentirse vivo y la receta para  hacerlo. Son consejos valiosos por proceder de quien ha cosechado éxito (la cumbre marcada por el Premio Nobel de Literatura 2010, tras el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006) y ha pasado por situaciones complejas, personales y sociales, además de tener sea clarividencia que da haber vivido mucho, haber leído más, haber escrito bastante, haber conversado con libertad y haber escrutado la realidad con criterio propio. Veamos las enseñanzas, tal y como las relata con los fragmentos que he seleccionado. Seguir leyendo “Baila mientras puedas: aprendiendo de los triunfadores”

La primera impresión importa si no bloquea la segunda

primeras impresionesTodos nos creemos muy listos y en posesión de la verdad.

Tenemos la humana tendencia a confirmar nuestra primera impresión. A forzar nuestra llave para que entre en la cerradura sin buscar la que se ajusta correctamente. Nos engañamos a nosotros mismos.

Está demostrado que la primera impresión de un profesor sobre el rendimiento de sus alumnos tiende a mantenerse. De igual modo que lo hace la del médico según va leyendo el diagnóstico o del juez según examina las alegaciones de los litigantes.

También la impresión en una presentación sobre si una persona es agradable o atractiva tiende a ratificarse y nos costará cambiar de opinión.

Y los anuncios publicitarios quieren impactar con imágenes agradables para que la primera impresión se mantenga abierta y receptiva.

Es más si vamos ilusionados al cine y no nos gusta, tendemos a darle la oportunidad hasta el final sin abandonar la Sala.

Es lo que en psicología se conoce como “sesgo confirmatorio”, o tendencia a confirmar las ideas preconcebidas, reuniendo evidencias e información de manera selectiva. En suma hacemos trampas para no reconocer que estamos equivocados.

Y debemos ejercer cierto autocontrol sobre este fenómeno inconsciente. Seguir leyendo “La primera impresión importa si no bloquea la segunda”