La edad no se cuenta por los años

espejoCuando somos niños nos parece que el tiempo pasa lentamente y cuando maduramos se van acelerando los días y comenzamos a comprender aquello de “el tiempo pasa volando”, percepción subjetiva que tiene su explicación.

Pero hay un momento de la madurez en que somos indiferentes a la edad exacta que tenemos, e incluso llegamos a dudar la respuesta cuando nos preguntan, año arriba o abajo.

Y eso pese a que la cuestión de la edad es la mas planteada en cuestionarios, formularios, entrevistas profesionales, encuentros sociales o requisitos para actividades de riesgo.

En esta etapa, es importante dejar de lado la calculadora y ser consciente de que la edad no es cuestión de sumar años naturales sino de otras perspectivas, y bien estará librarnos de los prejuicios inherentes a la pura matemática para fijarnos en que la edad “va por dentro”. No sé quien decía que la edad no importa salvo que seamos un queso o un vino en barrica. Veamos… Sigue leyendo “La edad no se cuenta por los años”

17 Reglas de cortesía de uso de móviles que los groseros ignoran

simpson movilCasi todo el mundo dispone de un móvil y bien está que no se lean las instrucciones por aquello de correr a teclear y aprender practicando. Lo que no parece aprenderse espontáneamente son las reglas de cortesía que debieran aplicarse en su uso.

El teléfono móvil nos acompaña a todos, pero no hay obligación de usarlo y no es un arma para groserías o para perjudicar a inocentes.

Suele decirse que el móvil es el cigarrillo del siglo XXI pues éste resultaba molesto si se fumaba en tu presencia, si te echaban el humo en la cara o te contaminaban sin tu permiso y te distraían de tu labor.

Basta con ponerse en lugar del otro, unas gotas de empatía, y leerse estas sencillas reglas para aplicarlas. No cuestan, son sencillas y nos facilitarán a todos una vida mejor, mas tranquila, sociable y educada, que buena falta hace.

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Sorteando los peligros de twitter

cierra el picoEl protagonismo creciente de twitter en nuestras vidas puede venir cargado de problemas. Una cosa es que la Real Academia Española bendiga con su inclusión en el Diccionario los términos “tuitear”, “tuit”, “tuiteo” y “tuitero” y otra que “tuitear” se convierta en una actividad de uso inocente. Más bien es un arma de doble filo.

Viene al caso, porque leo en el País (22/VI/15) el estupendo artículo titulado “La turba tuitera” en que el periodista John Carlin aborda la cuestión de los excesos expresivos de personajes famosos con los tuits (chistes de mal gusto, confesiones impúdicas, opiniones políticamente incorrectas, etc) y constata como son lapidados por la opinión pública a través de la red social.

Me agrada el artículo porque siempre he tenido prevención con twitter, no tanto como herramienta de divulgación, sino como escenario donde la improvisación de los actores puede pagarse cara, incluso de la puesta en escena del pasado remoto. Los cadáveres de twitter gozan de buena salud.

Suele decirse que la Ley de Sturgeon (escritor de ciencia-ficción) de que “el noventa por ciento de todo es basura” es aplicable a Facebook y Twitter, pero el otro diez por ciento que transita por esas redes sociales puede ser material explosivo en malas manos, pues de forma rápida e inconsciente los tuiteros confiesan sus enfermedades, sus filias y fobias, sus trampas y emociones o exponen información que se supone no debían conocer. O sea, material de alto riesgo y bajo el principio de que una vez expuesto “entrarás pero no saldrás”.

Por eso, prefiero definirme como bloguero más que tuitero, o sea, como prosista templado mas que poeta inflamado.

Veamos la conclusión del periodista y las recomendaciones que me atrevo a sugerir sobre este curioso fenómeno. Sigue leyendo “Sorteando los peligros de twitter”