
Gracias a libros, películas y algún viaje, conocemos la Italia republicana e imperial, la Italia de la plácida Toscana y el alborotado Nápoles o la misteriosa Sicilia.
Lo que no sabía y acabo de conocer en carne propia es la imaginativa obsesión del italiano (del Norte, por lo menos) por la gestión ecológica de las basuras. Sí. Se trata de la denominada “raccolta differenziata” ( o recogida selectiva).
Veamos el caso. Como residentes temporalmente en esta segunda quincena de julio en una vivienda en Bussolengo (Véneto) nos corresponde lógicamente “sacar la basura” y colocarla en el exterior para su recogida, aplicando los criterios de separación para facilitar su reciclaje.
Creía que tal labor sería similar a lo que hacemos en España, pero me temo que nos quedamos cortos, o los italianos se quedan “largos”.
En esta villa italiana de 20.000 habitantes, se aplican los siguientes criterios (que pueden variar según cada ciudad).
El plástico debe ir en una bolsa amarilla transparente (para facilitar la comprobación policial visual de que no pone lo que no es plástico en su interior).
El papel debe ir en una bolsa de papel o caja de cartón. Nada de ir en bolsa de plástico.
Lo orgánico o restos de comida (“Umido”) debe ir en bolsa certificada confeccionada en papel o bioplástico. Nada de bolsas no biodegradables.

El vidrio debe ir a los contenedores verdes específicos, estén donde estén (son escasos, por lo que el peregrinaje en su busca está servido).
Y lo “Secco” o residuos indiferenciados “no” debe ir en bolsa biodegradable, sino que puede ir en bolsa comercial, eso sí, negra o gris.
Por supuesto, “pañales” y “baterías o pilas”. Madera,“insecticidas” o piezas de ordenador, aceite usado, requieren formación, lugar y envoltorios específicos.
Por si no sabes en qué categoría va cada material, el Ayuntamiento te entrega un folleto con un amplio glosario, y te enteras por ejemplo que: las “latas” de alimentos son “plástico”, las bombillas no son “cristal”, la tapa de yogurt es “plástico”, “los cubiertos de plástico” de excursiones no son “plástico”, los “tubos de pegamento” son “seco”, los “recibos” si están hechos en papel térmico, no son “papel”(¿), etcétera.
Como consuelo, las cajas de pizza son papel, y los trozos de pizza sobrantes son orgánico, o sea, la mayor parte de los residuos van donde deben.
Puse todo mi empeño en esta formación en residuos y confieso que me resultaría más fácil dominar el mundo de las setas, o la mecánica cuántica.
Además, las dudas brotan incesantemente al cumplirlo:¿Si tiras un juguete, debes desmontarlo en piezas, diferenciando el plástico, el metal y las pilas?, ¿si el envase tiene papel, debes rasparlo?, ¿cómo calificar el corcho?
Pero el reto no acaba en devanarse los sesos sobre la naturaleza de los residuos y su adecuado destino. No. El reto continúa para identificar el lugar y modo de recogida municipal, pues según lo que sea, la recogida puede ser puerta a puerta, en contenedores o en espacios específicos.

Todavía no acaba la desazón de quien no quiere contaminar y quiere cumplir con sus obligaciones de buen vecino en la recogida de residuos. No acaba porque hay un día diferente para la recogida de cada materia, a cuyo fin se ofrece un calendario anual indicándolo, y lo curioso es que el día de recogida es una “diana móvil” pues va variando según la materia y la época, o la fase de la luna. Por ejemplo, el plástico solo se recogía los martes, pero eso sí, solo puede bajarse a la puerta de la calle a partir de las 21:00 horas, lo que lleva a una triple consecuencia: (i) Hay que almacenar durante seis días en casa las bolsas de plástico amarillo repletas; (ii) Hay que salir en la noche para depositarlas, lo que muestra una gran actividad de ciudadanos como roedores librándose de sus bolsas;(iii) Deja un panorama desde dicha hora en delante de una ciudad sembrada de bolsas amarillas amontonadas en las puertas, con la paradójica imagen de descuido y desorden o reclamo de roedores (pues no van en contenedores ni cubos).
Ah, cuando se trata de residuos que se califican de “húmedo” (orgánico y restos de comida) no solo tiene que ir en un envase de plástico biodegradable certificado, sino que debe colocarse en un pequeño cubo verde cerrado que facilita el Ayuntamiento y que está personalizado para cada vecino, quien debe bajarlo a partir de las 21:00 horas con su preciado contenido el día que toca.
A nadie se le escapa que, si se le olvida o pasa el día correspondiente a la concreta recogida, deberá mantener en su hogar la bolsa o caja, otra semana más. O sea, puertas adentro en muchas casas impera un curioso “síndrome de Diógenes” pues se acumulan las bolsas y cajas.
En concreto, por ignorancia, en estos diez días, nos encontramos en nuestra residencia veronesa (al no tener balcón) con el apilamiento en la cocina de tres enormes bolsas amarillas de plástico, dos cajas de cartón repletas de papel y tres bolsas de orgánico. Para solucionar el problema sin esperar la próxima recogida (con la angustia de que se pasase) cual pájaro cuco que pone los huevos en nido ajeno, colocamos los bultos en el maletero y buscamos algún contenedor en los alrededores e incluso en otras localidades vecinas. Nuestro alborozo fue grande al toparnos con tres enormes contenedores en un lado de la carretera (para papel, plástico, orgánico y vidrio, respectivamente), pero nuestro gozo se convirtió en pozo al comprobar que solo se abre con identificación digital del vecino o llave electrónica con sensores. O sea, como una película de Berlanga, nuestra carga regresó al hogar. ¡No había manera de librarse de ella!

Además, en Italia como en España, no falta el “buen vecino” que revisa las bolsas ajenas y si están fuera del día anunciado las devuelve al portal sospechoso del incumplimiento, o bien formula la denuncia para que multen al incumplidor. Bien estaría “reciclar” la mente de estos “inspectores espontáneos” de la basura ajena.
He aquí un bonito ejemplo de que, al igual que hay abrazos tan intensos que matan como el del oso, hay regulaciones que provocan la paradoja de un desproporcionado malestar, desazón y como no, incumplimientos ingeniosos.
Siempre defenderé el reciclaje y la eliminación de residuos, con bendita normativa europea, pues es un tema cívico (respeto a los vecinos y terruño) y de humanidad (mantener la tierra menos contaminada para otras generaciones).
Sin embargo, creo sinceramente que hay maneras más sencillas y eficientes de facilitar el cumplimiento de las normas por los ciudadanos.
Ello sin olvidar que hay mucha exigencia de reciclaje en estos municipios del norte, pero en las playas del lago de Garda, precioso paisaje y paraje ambientalmente inigualable, no existe una miserable ducha para lavarse los pies o liberarse de la arenilla o piedrecillas, como tampoco se evita que los perros siembren la pequeña playa de su materia orgánica (claro, no tienen bolsa biodegrable) o que los aledaños sean una auténtica marranada (pañales, papeles, etcétera).

En fin, lo que tengo claro como fruto de esta experiencia, es que vivimos una sociedad de consumo desaforado. Hay que buscar una solución más sencilla y práctica que la de convertir a los ciudadanos en “inspectores domésticos”, implicándoles en actividades engorrosas y antihigiénicas. Normas más claras y sencillas, que serían cumplidas con más entusiasmo y eficacia por los vecinos, pues no olvidemos que se paga una elevada tasa de basuras por recogerlo.
Al final, el que quiere cumplir, cumple y el que es un pícaro seguirá siéndolo. Algo habrá que hacer. El fin es irrenunciable pero el medio es manifiestamente mejorable.
Mientras tanto, esperamos fervientemente que llegue el martes para la retirada de las bolsas de plástico, y el jueves para el papel…Y vigilamos que esa basura amontonada en casa, con vistosos colorines de las bolsas, no cobre vida propia.
No hay como las vacaciones para vivir nuevas experiencias…
Descubre más desde Vivo y Coleando
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Tener buen humor y saber sacar punta a temas tan improbables, como el de cómo enfrentarse a la basura italiana y no morir en el intento, tiene sus ventajas si sabes verlas y aprovecharlas.
Te da la ocasión de crear de la nada una publicación original que sacie la voracidad de tus vivo‑coleantes lectores.
Te concede la posibilidad de acumular un nuevo título: el de Máster Oficial en Raccolta Differenziata, con prácticas obligatorias en cubos verdes, contenedores inteligentes y glosarios municipales, expedido por el Ayuntamiento de Bussolengo. Aunque dudo que te lo convaliden en España —ya sabes cómo somos— siempre quedará la vía contenciosa; vista su dificultad y su pintoresco contenido, lucirá muy bien en tu inabarcable currículum.
Te empuja a volverte a enfrentar a tu particular Moriarty: la burocracia, ese enemigo universal que te persigue allá donde vayas.
Te revela que la basura puede llegar a convertirse en un maravilloso personaje de Pixar capaz de protagonizar y emocionarnos contándonos su propia historia.
Te recuerda que lo simple, casi siempre, es lo bueno.
Y te lleva a concluir que el auténtico reto ecológico es evitar que la burocracia —con sus complicaciones y absurdeces— acabe contaminando más que la propia basura.
Magnífico, José Ramón. Sigue disfrutando… y, por supuesto, reciclando.
Cuanto más se desarrolla la sociedad, peor se vive 😟😟, pero es bueno verlo con sentido del humor