Cuando las bicicletas eran para toda la vida

fa853dc1b2c802dd3112d3f41e019de8-2Acabo de aparcar el coche en el garaje y he comprobado que tengo tres bicicletas amontonadas y encadenadas. En otro trastero guardo dos más, y en un garaje familiar cuatro bicicletas viejas. Por si fuera poco, en el pueblo bañezano me esperan otras ocho. Total, 17 bicicletas, lo que puede comprenderse al tratarse de familia numerosa, al contarse la residencia de verano e invierno, y sobre todo por el afán de no tirar nada “por si acaso”.

Además se van acumulando las bicicletas que amablemente te regalan los amigos cuando sus hijos crecen para los tuyos “por si acaso”.

Pensando sobre este “síndrome de Diógenes ciclista” puedo afirmar que sería falso decir que en mi infancia tuve una sola bicicleta. No. Lo correcto sería decir que tuve una sola bicicleta en la infancia, en la adolescencia y en la madurez. Aunque tampoco sería correcto, porque esa bicicleta era compartida con mi hermano.

O sea, que se merece un recuerdo mi media bicicleta, quizá como la disfrutaron tantos de mi generación. Síganme en mi paseo al pasado, por favor…

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Nosotros somos los juguetes

sustoEse es el mensaje, aunque he tardado en caer en la cuenta. Llevo pasando por ese palacio de juguetes que es Toys R Us desde hace años y la pronunciación de esa “R” infiltrada me distraía de su significado, que con mi pobre inglés, aludía a algo de juguetes. Pero no, la traducción correcta es “Toys are us” , o sea, “los juguetes somos nosotros”.

Ahí me brotó la pregunta: Eso de “los juguetes somos nosotros”…¿ es una confesión del personal de la tienda o es un mensaje de lo que tienen que sentirse los clientes?, ¿los juguetes son ellos o somos nosotros?. En ambos casos, es aterrador porque los juguetes deben estar al servicio de las personas y nadie debe ser juguete de nadie.

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Pegar a los profesores ni es decente ni gratuito

padres-pobresMe entero de la noticia de que un padre de un alumno de siete años acude al colegio y asesta un puñetazo a la profesora de su hijo. Se suma al incidente de hace un mes en que el padre y el hermano de otro niño saltaron la valla del colegio para golpear al profesor.

En la era del homo sapiens, en el siglo XXI, en los tiempos de democracia ya madura, nos encontramos con un troglodita que se ha quedado anclado en el estribillo de la canción de Loquillo y los ídem

Mi familia no son gente normal,
de otra época y corte moral.
Resuelven sus problemas de forma natural.
Para qué discutir, si puedes pelear.

El problema no es la maquinaria judicial que intentará dar su merecido a este sujeto, especialmente porque los profesores tienen la condición de autoridad. El problema está en que ante este tipo de conductas las sentencias penales castigan y se saldan con multas o penas condicionales (“Vete y no peques más”, si la condena es inferior a dos años, que no se cumple si no hay antecedentes).

Por eso, es triste que en tiempos en que existe un altísimo nivel de información, una atmósfera educativa liberal y que intenta disipar prejuicios, que afloren estos incidentes. Pero hay más… Sigue leyendo “Pegar a los profesores ni es decente ni gratuito”

30 señales de haber madurado pero sin hacernos sentir viejos

como saber si hemos madurado ¿ Ya soy mayor?, pero ¿quien lo pidió?, ¿ y como se para esto?. Llega un momento en nuestra vida en que nos preguntamos cuándo dejamos de ser adolescentes y pasamos a ser adultos. No hay fecha programada ni ley que la fije pues “madurar” depende de cada uno. Lo cierto es que hay un período breve y decisivo en nuestra vida en que mudamos de piel como las serpientes, y nos convertimos en alguien diferente en tan solo un par de años.

Dejaremos de lado los datos biológicos : (signos de pubertad: barba en el hombre y menstruación en la mujer, por ejemplo) y las claves de destreza o autorizaciones legales (cuando se conduce, cuando se vota, cuando se tienen relaciones sexuales, se puede beber alcohol o ver películas de violencia…).

Me ocuparé de esas reflexiones íntimas que dan la respuesta la propio afectado, y que le indican que algo ha cambiado sensiblemente. Son 30 situaciones muy sutiles que nos alertan de que hemos cambiado, ni para bien ni para mal, sencillamente hacia adelante en la vida (mas allá que más acá). Veamos el listado de signos revelación. Sigue leyendo “30 señales de haber madurado pero sin hacernos sentir viejos”

Yo también fui a EGB en los Escolapios

dosY a párvulos y primaria. Y llegó la EGB y el BUP, y la democracia, y nos hicimos mayores… y muy mayores. Y mirando hacia atrás sin ira comprobamos que la memoria es benévola y agradecida.

Por alguna extraña razón la etapa escolar queda tejida con chispazos, flashes y momentos de emoción. Emoción por premios, castigos o zozobras. Las anécdotas no faltan, pero sobre todo parece haberse evaporado el rencor inmediato, el agobio por los deberes, las horas de aburrimiento, el tiempo que no avanzaba y los aldabonazos de las hormonas.

En fin, pasé catorce años en el Colegio Loyola de los padres escolapios de Oviedo. Un Colegio etiquetado “de curas” pero con bastante atmósfera de libertad para los tiempos que corrían. Allí pasé buena parte de mi infancia y adolescencia, y les debo lo que soy en gran medida, de lo bueno y lo malo. Por eso, como especie de catarsis, con bajada a los infiernos incluida me he lanzado a volcar mis recuerdos de esa etapa en un libro autobiográfico, pero cuyas imágenes posiblemente se repitieron en los colegios similares de la época.

Al final debo dar la razón a Aristóteles en aquello que decía sobre que “las raíces de la educación eran amargas pero el fruto dulce”.

El resultado es la publicación de un libro significativamente titulado “Yo también sobreviví a la EGB” (Memorias de una generación sin cachivaches tecnológicos)- Editorial Amarante, 2016.

pensandoPor sus doscientas páginas desfilan mis recuerdos y experiencias de infancia y adolescencia en torno al Colegio, la visión de profesores y alumnos, salpicado de puntuales reflexiones y confesiones intimistas.

Tal y como advierto en el prefacio, el texto no pretende un ajuste de cuentas, ni reescribir la historia o de novelarla, sino sencillamente ofrecer un inventario de vivencias escolares, con una perspectiva subjetiva y posiblemente distorsionada por la liviana memoria.

Intuyo que lo allí dicho será familiar a estudiantes de otros colegios similares porque el período escolar deja huella en toda persona y el período histórico considerado dejó huella en la España que vivimos.

Vale, de acuerdo. No interesan las cosas del abuelo Cebolleta. Coincido en que el tiempo no puede perderse en leer manuscritos ajenos sobre vidas ajenas, pero nunca faltarán razones para asomarse a esta obra: ¿curiosidad?, ¿regreso al pasado?, ¿aburrimiento?, ¿insomnio?,¿nostalgia?

En fin, si se desea un paseo ameno por un tiempo que forma parte de nosotros, puede adquirirse el libro directamente por internet desde aquí de forma sencilla y rápida.

Y si alguien quiere añadir comentarios o anécdotas sobre la educación de aquélla época, en el Loyola u otros centros educativos, pues aquí está el foro abierto a los comentarios.

Gracias por haber llegado hasta aquí.