Juventud, divino tesoro

Quiero mi móvil… y lo quiero ¡ ya !

images (30)Leo con asombro la noticia de que una menor sentada en el exterior del edificio Calatrava en Oviedo, al resbalársele el móvil por un canal de desagüe dentro del muro, se alarmó de tal modo, que reaccionó impetuosamente.

Primero, intentó con una amiga infructuosamente sacar la tapa del conducto; segundo, la menor llamó a la policía para sacarles del problema; tercero, la menor llamó a los bomberos. Estos acudieron y con una máquina radial, entre la expectación ciudadana, cortaron la protección y dañaron el cristal para devolver el móvil a su propietaria.

Lo triste es que no es una fábula pero si lo fuese la moraleja sería que nos hemos equivocado con la educación dada a nuestros hijos.

¿no les hemos enseñado que la vida tiene un componente de riesgo e infortunio y que hay que aprender a renunciar o sacrificar ciertas cosas?.

Si se pierde un móvil, habrá que intentar rescatarlo personalmente si es posible y sin correr riesgos. Si no es posible, acudir a  los responsables de mantenimiento del centro comercial, pero si no pueden, pues habrá que renunciar y aprender la lección. Eso tan valioso de “tener mas cuidado” para el futuro, que todos aprendimos tropezando en la vida.

¿ no les hemos enseñado que la policía está para otras cosas mas serias?.

Es triste que los adolescentes no sepan que si la policía atiende a todo el que pierde el paraguas se estará apartando de otros cometidos mas importantes como son la vigilancia de la seguridad y libertad. Es triste que no sepan que no es misión de los agentes estar al servicio de los menores ofuscados por sus errores.

¿ nadie les ha enseñado que el mundo no gira alrededor de los adolescentes?

Me apena que existan adolescentes que cuenten con todos los caprichos pero mas tristeza me da que estén acostumbrados a que sus padres, la policía o los bomberos están a su servicio. Todo con tal de que no protesten o se sientan agredidos los menores.

Creo que a estos adolescentes ( no todos, pero por lo visto, una minoría significativa) nadie les ha dicho que los soldados, la policía o bomberos acuden rápido en los juegos de la PlayStation pero que en la vida real los pagamos todos, y que la vida no es un juego.

e8ed80af5cb8b75fb692aeeda6b59c58fd5884aaPienso que si le hubiese quedado aprisionado un dedo, si en el móvil estuviese la llamada esperada de emergencia sanitaria o albergase un dato vital, o si el móvil fuese la joya heredada de un ser querido, posiblemente comprendería que habría que hacer todo lo posible por el rescate.

Podría incluso alegarse que el móvil era costosísimo y que estaba justificada la operación rescate, pero entonces el problema se desplazaría a si realmente un menor necesita un móvil tan costoso.

Me temo que no concurría una situación de emergencia. Sencillamente la adolescente valoraba su móvil mas que otras cosas o seres que deben valorarse en la vida. Quizá en su fuero interno se hacía insoportable el desgarro interior por la pérdida de su compañero tecnológico y quería recuperarlo ¡ ya!, ¡ a toda costa!. Algo parecido a aquél joven que reaccionó violentamente con su madre por privarle la conexión a internet que le impedía finalizar el videojuego.

Es cierto que posiblemente los bomberos pasarán la factura a los padres y quizá estos la discutirán porque alguien tendrá que pagar los costosos desperfectos del noble edificio, pero finalmente se pagará y tras una dulce regañina ( que para mas inri, irá seguida de la complacencia de la menor por los minutos de gloria mediática) la adolescente seguirá feliz su rumbo sabiendo que siempre hay una red para sus problemas. Hakuna Matata.

IMG_4808El problema grave radica en que los años de la adolescencia de estos jóvenes tiranuelos y arrogantes (no la mayoría, insisto), que creen que el mundo está a su servicio, dure hasta los cincuenta o más, sufriendo en un contexto donde ya no serán adolescentes y donde hay que esforzarse. Entonces se darán cuenta que los unicornios no existen y que les ha tocado sufrir las cornadas de la vida por no haber aprendido a sobrevivir.

En fin, recuerdo que visitando un zoo este verano en Elche y haciendo fotos de los tigres desde un mirador, pensé en la posibilidad de que me cayese el móvil, mi querido móvil que me acompaña a todas partes y que es el primer objeto que aferro al despertar y del que me despido al acostarme. Puedo asegurar que lo daría por perdido. Aprendería la lección.  Me enojaría por mi propia imprudencia pero nada de zafarrancho ni alarmismo, ni reclamar domadores.

NOTA.- No puedo menos de recordar las  QUINCE REGLAS DE ORO PARA EDUCAR A NUESTROS HIJOS ANTES DE QUE SEA TARDE

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