El comer es un placer

Restaurante originalísimo en Chaves (Portugal): comer y pagar lo que se quiera

musicoEl sueño de un viajero tras visitar la ciudad es encontrar un lugar donde reine la cordialidad, la buena pitanza y el buen precio, y si hay sorpresas agradables, pues mejor aún.

Pues bien, la ciudad de Chaves al norte de Portugal está situada cerca de la frontera con España, entrando por Verín (Orense). Como referencia, desde Madrid a 460 kilómetros, desde Oviedo a 360 km y desde Salamanca a 280 kilómetros.

Una tranquila ciudad con sabor portugués, que ofrece hermosos parajes y monumentos, con su castillo cuidado, sus museos sobre las termas romanas y callejuelas estrechas, murallas y barrio medieval incluido.

Pues bien, en la misma me complace recomendar vivamente un insólito restaurante, el denominado Pensao Flavia, en la que tuve el gusto de almorzar este verano. Veamos la asombrosa singularidad.

1. El restaurante es pequeño pero muy acogedor, bellamente decorado, y con un salón comedor que recuerda un camarote de barco. Tiene un sabor rústico y añejo espléndido, imprescindible reservar, y las sorpresas aguardan.

  • Se comienza con unas entradas variadas que no se eligen por el cliente sino que la casa las sirve y que unen sabores marineros, con sabores de la tierra, todo casero, sabroso y abundante. Se sirven primero unas entradas frías (mejillones, alubiones, garbanzos con pernil, langostinos, jamón, tomate con mozzarella, ensaladilla rusa,etc) y luego calientes (setas, huevos revueltos, etc) todas servidas en ochplatoso o diez sartenes centrales. Se cuidan mucho de que el cliente no pase hambre, ni sed (de bebida se sirve la que se pida, en jarras de vino o sangría, aunque no faltan refrescos ni agua).
  • Después se sirven carnes (jabalí) o bacalao a brasa (dourada). El postre delicado tampoco falta.
  • Los camareros son numerosos y muy atentos. No descuidan la mesa ni sonreír a los clientes.
  • Una chica en el fondo del local anima con canciones, tanto populares como clásicas, pero nada de fados tristones, sino melodías vivarachas, suaves y siempre cálidas.
  • dosplatosLos clientes parecen pertenecer a una cofradía, secta festiva o peña gastronómica, ya que no se conocen entre sí, pero reina en el local la complicidad del secreto de un templo gastronómico.
  • El cocinero ataviado con su delantal y pañuelo estilo pirata, el sonriente Sergio, encarna la cordialidad y alegría del buen anfitrión: asiste a las mesas, habla varios idiomas, canta y toca la guitarra, se preocupa por los pequeños y mayores… ¡¡todo un personaje!!
  • Y tras la copiosa y deliciosa comida, que recuerda un maravilloso menú degustación o un ágape propio de boda, a la hora de pagar, el camarero explica lo que llama el concepto del local¡Pague usted lo que desee!. La sorpresa es mayúscula. El camarero deja en la mesa una cajita de madera sin factura y usted puede dejar dinero o irse. Difícil decisión acertar el precio justo por tanta maravilla, como el juego de naipes de las siete y media. Si ha comido bien deje lo que considere ajustado al servicio, y si es honrado, como el servicio es muy bueno, debería dejarse generosa cantidad. ¡¡Altamente recomendable !!!

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