Claves para ser feliz

Sentirnos orgullosos: nada de síndrome del impostor

síndromeLeo en el diario El País de este domingo que la directora de cine Isabel Coixet cuando le van bien las cosas se siente padeciendo el llamado “síndrome del impostor”, un fenómeno psicológico en que, pese al reconocimiento externo de nuestra propia valía o competencia, el afectado considera que no lo merece y que todo se debe la azar. Incluso comenta que el director de cine Martin Scorsese “dice que tiene la sensación de que está en un set de rodaje, alguien va por la espalda y le dice: ‘Oiga, que usted no pertenece a esto, váyase'”

No deja de ser curiosa esta actitud de humildad recalcitrante pese a la fuerza de la vanidad humana. Sin embargo, ni envanecerse como el gallo que creía que el sol salía a escucharle cantar, ni humillarse como la rana que consideraba un honor que sus ancas fuesen servidas en salsa.

1. Casi todos los discursos cuando se recibe un premio u homenaje, suelen empezar por aquello del “ No me lo merezco…” aunque lo cierto es que en el fuero interno existe un regocijo y confianza en las propias posibilidades. Tal afirmación supone un guiño al público para ganarse su confianza y desterrar acusaciones de soberbia.

Es conocida la anécdota de D. Miguel de Unamuno cuando recibió de manos del rey Alfonso XIII la Gran Cruz de Alfonso X Sabio, y el escritor comentó:unamuno

– Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco

El monarca le contestó:

-¡Qué curioso! En general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen.

A lo que el escritor replicó al Rey:

-Señor, en el caso de los otros, efectivamente no se la merecían.

2. Hemos de ser conscientes de que en la vida existe un gran componente de azar, de manera que grandes talentos son enterrados por el infortunio y algunos majaderos son elevados a los altares de la fama.

Pero eso no excluye que el esfuerzo incremente la probabilidad de conseguir las condiciones propicias para conseguir el trabajo bien hecho o el éxito. Por eso me parece atinada la frase con que mi admirado José Luis Sampedro, humilde y trabajador, se presentó en cierto programa: “No me gusta el falso orgullo, pero tampoco la falsa humildad y por eso creo que debe reconocérseme…”.

3. Nada de síndrome de impostor. Una cosa es ese pensamiento que a todos nos asalta en alguna ocasión, al abordar un reto en solitario o en un acto público, en que nos preguntamos: ¿Quién me metió en esto?, ¿por qué me habré embarcado en esta aventura?, u otras dudas que solo demuestran nuestra seriedad y nivel de exigencia.sindrome del impostor

Sin embargo, nada de arrepentimiento culpable, pues debe venirnos a la mente ese fragmento de la bellísima canción de Frank Sinatra, A mi manera:

Sí, hubo oportunidades,

Estoy seguro que lo sabían,

Cuando mordí

Más de lo que podía masticar.

Pero al final,

Cuando hubo duda,

Me lo tragué todo y luego lo dije sin miedo.

Lo enfrenté todo y estuve orgulloso,

Y lo hice a mi manera. “

4. De humildad a humillar hay una letra (la l), pero no la escribamos nosotros. Siempre viene bien un baño de alegría, de elogios para alimentar el ego y hacernos sentir útiles o valiosos… que para pinchar el globo no faltarán envidiosos ni mezquinos.

No desperdiciemos nuestros minutos de gloria fustigándonos por nuestro éxito, que la vida por cada minuto de gloria ofrece años de pesadumbre ¡No pidamos perdón por sentirnos bien o por cosechar felicitaciones!. ¡Y menos a nosotros mismos!.

 

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