Claves para ser feliz Hábitos saludables

No somos nada: la caída de los dioses

bad-luckUn viejo dicho referido a los ambiciosos y especialmente para directivos y tiburones profesionales, es aquél de “cuidado con quien pisas al subir porque te lo encontrarás al bajar”.

Se trata de una llamada a la humildad porque cuando la juventud adorna, cuando estamos en lo máximo de nuestro rendimiento intelectual y físico, afrontamos todos los retos con premura y suficiencia. En esa plenitud de energías en alza corremos el riesgo de ser prisioneros de la vanidad y junto a ella, de la insensibilidad o falta de empatía con las personas que se cruzan en nuestro camino.

Viene al caso porque casualmente al filo del medio siglo (¡se dice bien!) me tropiezo con comentarios y referencias a personas que, apenas me sacan por delante una decena de años y que han sufrido reveses increíbles de la vida.

1. Veamos los cinco jinetes víctimas del apocalipsis económico, que he conocido en tiempos de vino y rosas, y cuya situación actual me ha impresionado.

Una de ellas es un notario afamado, con enorme prestigio y además buen pescador en la burbuja inmobiliaria, y que hoy día, recién jubilado, se encuentra en números rojos.

Otro, un célebre y soberbio catedrático que ejercía la abogacía con jugosos ingresos, y que también se encuentra en una situación de bienes embargados, y cuentas bancarias con telarañas.

7824267042_e9a17a30a2_depressionUn tercero, fue un famoso periodista regional y local, de gran poder hace décadas por la información y su capacidad de influir en la opinión pública, y hoy es un hombre temeroso, con problemas de salud tan graves como sus arcas.

Y el cuarto, un célebre empresario de éxito con gustos caros y caprichos de emperador, que tras varios encontronazos con hacienda y con los sindicatos, vive refugiado de la sociedad como un ermitaño.

Estos cuatro ejemplos, de cuya situación actual he tenido noticia reciente por fuentes totalmente fiables, me han dejado estupefacto, porque a los cuatro los conocí personalmente en sus tiempos de gloria, pompa y esplendor. ¿Cómo es posible ese cambio tan brusco?, ¿cómo puede pasarse de tenerlo todo, vivir surfeando en el poder económico y social, y hoy ahogarse en deudas?, ¿cómo personas cuya compañía era buscada con ansiedad y hoy día huyen de ellos como apestados?

Me vienen las ideas a borbotones. Vanitas, vanitatis. O pensamientos complacientes con el budismo que sitúa la felicidad en el desapego, en eliminar el oropel y los placeres terrenales. O sencillamente, tener presente aquella enseñanza bíblica –de mis tiempos de monaguillo– de “venimos al mundo desnudos y nos iremos desnudos de él”.

2. Podemos esforzarnos en identificar los rasgos del “mal de altura”, que padecen quienes, más allá de buscar la felicidad con el éxito, cultivan una ambición patológica. Un rasgo muy presente, por cierto, en los que en la bonanza económica se beneficiaron de la burbuja inmobiliaria y sufrieron su pinchazo pasando de la riqueza ostentosa a la penuria lastimosa.

En primer lugar, son personas que se compran “juguetes caros” no por necesitarlos, sino para que les vean y se sepa que pueden pagarlos. Coches, relojes, lienzos, etc. Además les gusta hacerse ver en lugares lujosos y espectáculos de élite, para poder lucirse como una moderna corte reservada.

Second-Chance-picEn segundo lugar, son personas que miran hacia abajo a los demás que no tienen éxito como si pertenecieran a una clase inferior. No recuerdan los nombres de los que les atienden si no son de su rango social y no los consideran útiles, así que no ocultan la displicencia.

En tercer lugar, por su éxito sectorial en la vida, se creen que son buenos en todo. Mas aún, con derecho a opinar sobre cualquier cuestión, aunque sean temas ajenos a su parcela de éxito. Además, no les gusta que les lleven la contraria.

Y finalmente, el rasgo mas común y triste, consistente en que cuando se evapora el poder económico o el poder profesional, se quedan solos. Los supuestos amigos se evaporan y los que decían que les querían parece ser que querían otra cosa.

Estos casos de ambición patológica y pobreza interior (que nada tienen que ver con profesiones determinadas sino con su altura moral) no son muchos pero existen y se hacen notar.

3. En fin, que estos sujetos se olvidan tres cosas o verdades evidentes, pese a que todos solemos pensarlas y citarlas en conversaciones, pero nos resistimos a aplicarlas:

  • Nadie es perfecto.
  • Nada es eterno.
  • Nadie es mejor que otro.

istock_000009149575medium_custom-21c5eb88e8ca617e1422d9e2d382a3922772f614-s900-c854. Personalmente reconozco que me resulta placentero y casi imposible sustraerme a la vanidad de tener un blog popular, de contar con respeto profesional o haber creado algunas cosillas con visos literarios o artísticos, o de contar con una agenda de un puñado de amigos auténticos. Mis pequeños logros se convierten en grandes vanidades pero no hago mal a nadie y no pierdo de vista quién soy a qué me debo.

Y es que reconozco que en la conquista de esos pequeños y terrenales éxitos ha intervenido el azar en infinidad de formas. Así han influido en lo que soy ahora múltiples factores: el lugar donde crecí, el contexto sociopolítico, los amigos que tuve, los padres y maestros, el tiempo y lugar, las influencias religiosas y profanas, el clima y la salud, los libros, las zancadillas que di y las que me propinaron, mis prudencias y temeridades… o incluso, pequeñas anécdotas de la infancia generaron filias y folias, traumas e ilusiones, susceptibles de generar grandes efectos, como la mariposa de la teoría del caos, cuyo aleteo en California provoca una tormenta en Brasil.

Estoy completamente seguro que en algún lugar de mi cerebro, donde se alojan enredados en neuronas mis mecanismos de respuesta, imaginación o razonamiento, influyó un momento decisivo de mi vida, una anécdota, una lectura, una experiencia, una intuición o el ejemplo de alguien próximo… Y de ahí vino una decisión u orientación personal, que podía haber sido un error o acierto según las personas con las que me crucé (hospitalarias u hostiles, positivas o negativas, buenas o malas, etc). Pues de ahí vengo. Como venimos cada ser humano, de un ramillete de vivencias, emociones y sensaciones. Lo curioso es que no somos tan libre para elegir. El esfuerzo y el talento no bastan porque a veces es aquello de estar en el momento adecuado en el lugar adecuado junto a personas adecuadas.

Little_Miss_CalamityEn suma, somos lo que nos han dejado ser. Si no lo reconociese sería un petulante ignorante.

5. Una vez admitida la intervención del azar y el contexto, poco espacio tenemos para ser vanidosos y soberbios, pues no debemos olvidar que al igual que la fortuna viene, se va. Y no me refiero a la fortuna económica solamente sino a la fortuna del amor o la de la salud.

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