Viajes

Ridículos peligros que acechan en los hoteles

hotelAcabo de regresar de un viaje a Toledo en que he tenido ocasión de alojarme en un estupendo hotel, “de cuyo nombre no me quiero acordar”, como corresponde a lo que sucede en La Mancha, pero al hilo de varios percances menores tuve ocasión de reflexionar sobre las sorpresas desagradables que a veces acechan en los hoteles y pueden convertir una estancia placentera en una trágica peripecia, propia del hotel de Psicosis.

En otro otro post me referí a las situaciones divertidas que me ha planteado la estancia en algún hotel postmoderno, pero ahora me refiero a problemas mas graves.

No me ocuparé ahora de esos problemas menores de la ausencia de toallas suficientes, de manchas sospechosas en las sábanas o la dotación de almohadas duras como el mármol.

Tampoco a la lucha a brazo partido para conseguir que se apaguen las lucecitas cuando se toquetean infructuosamente todos los interruptores disponibles.

Ni al frenético pulsar del mando a distancia de la tele para conseguir ver algo distinto de la oferta de películas del hotel. Situación solo comparable a la lucha por conectarse al wifi supuestamente gratuito del hotel.

fugaTampoco a la sorpresa al correr las cortinas de las hermosas vistas a un patio interior de película de terror. O al abrir el minibar y observar aterrado que un anterior huésped se tomó una chocolatina y dejó el envoltorio puesto como si no se hubiese consumido.

Ni al esfuerzo por abrir esos minúsculos botecitos de champú o de peinarse con un peine que no se vendería ni en un bazar chino, o de afeitarse con esa maquinilla de regalo que parece convertirse en segadora de cuchilla asesina.

Ni al pasarse una noche en vela por los ruidos molestos por no decir sorprendentes de la habitación de al lado a horas impropias.

O cuando de noche rogamos en recepción que nos avisen telefónicamente para despertar y por una pésima organización, se lo toman tan a pecho que tienes que descolgar el teléfono tras el cuarto aviso discontinuo.

Todo lo dicho lo he visto o sufrido en alguno de mis viajes por lo largo y ancho de España, pues por muchas estrellas que tenga el hotel puedes sentirte estrellado. Y eso pese a los valiosos diez consejos para ser bien atendidos por los recepcionistas de los hoteles.

Pero ahora quiero referirme solamente a cinco simples situaciones en las que peligra la vida o seguridad del huésped y que confieso haber padecido en persona.

1. ¿Quién no ha intentado utilizar alguna vez la ducha ultramoderna del hotel, plagada de botones, ruedas y palancas, para recibir un chorro con alevosía de agua hirviendo o congelada, con el consiguiente riesgo de quemaduras o corte de digestión o síncope?

2. ¿Quién en otra ducha portentosa no ha estado utilizándola y con mano chorreante y a tientas, ha cerrado bruscamente el grifo del agua, momento en que la serpiente de la ducha cobra vida propia y la alcachofa se desploma como arma contundente sobre la cabeza, con riesgo de contusión o desmayo?

Gran via3. ¿Quién tras intentar salir de una ducha con murete de bañera con altura digna de empalizada medieval, con ridícula posición, no ha pisado un suelo deslizante, con resbalón incluido de peligrosas consecuencias?

4. ¿Quién en la noche del hotel, con sueño revuelto, al estar en cama desconocida y estrecha no se ha volteado y golpeado o a punto de precipitarse hacia el suelo?

5. ¿Quién no ha temido en plena noche sufrir pulmonía por el termostato del aire acondicionado de imposible anulación?

Eso por no comentar el caso real sucedido durante esta estancia toledana. Y es que, con ocasión de bajar en el ascensor desde el quinto piso, y deteniéndose en el tercero para recoger pasajeros, pude observar una turba de japoneses sonrientes con enormes maletas que comenzaron a introducirse en el ascensor de forma incesante y ajenos a mi aplastamiento. El problema no se detuvo puesto que el ascensor atestado como metro de Tokio en hora punta, se negó a seguir descendiendo… ¡Y nadie salía…hasta que un españolito logró balbucear desde sus pulmones oprimidos eso de… ¡por favor!… ¡bájese alguien!…

En fin, sirva todo lo dicho de desahogo en clave de humor.

Y como va de hoteles, recomiendo disfrutar de esta bellísima canción con video incluido de Hotel California. Impagable. Buen fin de semana

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