divino tesoro Juventud

Los valientes asesinos de árboles

archivo_000-10   Hoy domingo a media mañana me he tropezado con un árbol partido de cuajo en plena acera. Se notaba que alguien lo había arrancado y arrastrado hasta allí con saña. Al comprar el periódico en un kiosko próximo, el tendero que informó que sobre las siete de la mañana un grupo de adolescentes se ensañó con el árbol entre risas, gritos y tonterías propias del alcohol, e intentando el arboricidio con un segundo árbol que, afortunadamente resistió a las patadas y tirones.

   Me invadió profunda pena… mezclada con la indignación

1.El arbolito (quizá un arce o acacia, o ingenio ornamental, pues mis conocimientos botánicos son como los de astrofísica), era de pequeño tamaño y tipo muy fino, con su corteza lisa marrón y sus hojas con el rojizo otoñal,  muy estirado, pero no hacía mal a nadie en la acera. Bastante condena es estar en los confines de un alcorque y en medio de pavimento, casas y coches.

2.Esos adolescentes demostraban ser inconscientes por hacer estupideces sin otra justificación que el dudoso mérito de romper un árbol que no puede huir y que solo embellecía la calle.

3.Esos adolescentes demostraban ser ignorantes porque el arbolado urbano no solo es decorativo, sino que cumple la función de absorber los decibelios ( de 4 a 12 decibelios de ruido) y oxigenan el aire.

4.Esos adolescentes demostraban ser estúpidos en el sentido expuesto por el historiador Carlo María Cipolla (autor de La Teoría de la Estupidez), que considera estúpido a quien no solo hace un mal sino que no obtiene ningún bien. Y es que ese afán de destruir por destruir resulta repulsivo.

naranjaEllo sin olvidar que esos adolescentes habían asesinado a otro adolescente, pues el arbolito comenzaba a despuntar.

No solo les parecía muy divertido ir gritando y alborotando en la vía pública durante el sueño nocturno de los vecinos, sino que se trataba de dejar huellas de vandalismo para el día siguiente. Huellas de su proeza: un grupo de machotes tronchando un arbolito…¡ Qué valientes!

 

Me gustaría saber que pensarían estos imbéciles al llegar a sus hogares de madrugada y encontrar la puerta de su casa con grafitis insultándoles, o su moto aplastada deliberadamente por alguien anónimo, o comprobar que su chaqueta mientras bailan ha sido quemada por cigarrillos, o sencillamente enterarse que sus padres sean despedidos por no vigilar la mercancía o instalaciones que unos vándalos han roto.

2.Pero esto es una reflexión de rabia, porque realmente me dan es pena. Pena que tengan la suerte de vivir en una sociedad que ofrece oportunidades de estudiar, de espacios libres, de tolerancia y derechos, de servicios públicos gratuitos, y sean tan ingratos y miserables. ¡ Cuantos jóvenes africanos intentan en balsas o saltando vallas para tener garantizada la seguridad o la manutención!.

También me da pena que actuando en jauría, ninguno diese un paso adelante para regañar o frenar a sus compañeros. Triste.

nada Algo falla en la educación… en la de esos jóvenes e incluso me atrevo a decir en la de sus padres… porque como suele decirse y hay que decirlo bien alto:

  • se educa diciendo “no”
  • se educa enseñando a valorar lo que se tiene y lo que no se tiene
  • se educa regañando…
  • se educa dando ejemplo

 

Confieso que yo fui adolescente, gamberro y pícaro hasta la médula ( cosas de ser monaguillo y de vivir en tiempos sin teléfonos móviles ni videojuegos); también he hecho mis pinitos como leñador; pero jamás destrocé nada por el placer de romperlo, ni consideré divertido destruir, quemar, machacar o perjudicar lo de todos.

De ahí que uno de los mayores disgustos que me darían mis hijos sería que se comportasen como salvajes o que disfrutasen destruyendo. Creo que entonces saldría mi lado salvaje porque si en algo soy intolerante es con la barbarie gratuita.

Por si fuera poco, esos vándalos quizá serán los que mañana reivindicarán una vivienda gratis, una subvención o que les ayude la sociedad aduciendo que son personas con dignidad… sin embargo me temo que también están equivocados en su propio concepto. Son cachorros de alimaña. Hoy es un árbol, mañana un paseante y pasado su familia o un desconocido.¡ Qué mas da! A veces los psicópatas nacen y otras se hacen… Confiemos que alguien se cruce en su vida o tengan una experiencia que les saque de ese destino.

 En todo caso, como dije en su día, ahora tocan otras maneras de vivir (Hijos del botellón y el whasapp), pero no demonizo a la juventud ni generalizo ese vandalismo como seña de identidad de la adolescencia. No, pues tengo toda la confianza en que esta juventud nos supere a lo que le ofrecemos, ya que tendrá mas medios, perspectivas y libertades. Pero lo cierto es que el derecho de queja no tiene que ver con el número de vándalos sino con su existencia impune, que subleva.

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