Claves para ser feliz

La lotería no da la felicidad, pero sí ilusiones

la lotería no da la felicidadEn estas épocas navideñas, quien más quien menos, juega unos décimos a la lotería de Navidad. Y es una actividad que, aunque supone un gasto, reporta notables beneficios inmediatos, aunque si toca, no todo son alegrías. Veamos.

1. Su principal beneficio es que permite soñar y alimentar ilusiones. El billete de lotería provoca deseos y sueños: el sueño de que toque y el sueño de cumplir con el premio los deseos. Claro que todos nos engatusamos con el Premio Gordo, que “adelgaza” según lo que jugamos. Así, si jugamos un décimo, 20 euros, si obtenemos el primer premio nos llevaríamos 400.000 euros, cifra que se reduce los 125.000 euros en el caso del segundo y 50.000 en el caso del tercero. No está mal, pero de esta cifra, desde el año pasado, Hacienda se lleva un 20% correspondiente al gravamen especial para premios de Loterías y Apuestas del Estado.

Además, la lotería de Navidad, a diferencia de otros premios mas instantáneos, nos permite participar a un ritmos sosegado en un juego social de puesta en común de un décimo con los amigos, de ir de viaje y comprar un décimo “por si toca”, de participar en una peña, etc. Y todo lo que suena a compartir, a solidaridad, a poner en común, otorga beneficios al ser humano.

Eso sí, jugar frenéticamente, de forma reiterada o impulsiva o desproporcionada, nos demostrará que es la lotería quien es la dueña de nosotros y no al revés. Nada de ser adicto ni esclavo de los juegos de azar: hay que tomarlo como un juego que puede reportar muchos beneficios pero jamás deben ponerse en algo improbable la solución a nuestros problemas; un problema real requiere una solución real y no una quimera.

2. Si no toca la lotería, no pasa nada. No seremos mas pobres ni mas desgraciados pues al fin y al cabo, sencillamente hemos pagado por un sueño.

Tampoco debemos quejarnos por nuestra mala suerte. Al fin y al cabo la probabilidad de que nos toque la lotería es menor de la que nos mate un rayo (1 entre 1 millón), y nadie se pone en lo peor.

3. Si toca la lotería, entonces tendremos el dulce problema de en qué emplearlo. La paradoja radica en que si el premio es “menor” (inferior a 5000 euros, por ejemplo), será percibido por la persona como un regalo del cielo destinado a ser utilizado inmediatamente, como la lluvia sobre los campos; y así, curiosamente se gasta en bienes y cosas inmediatas, próximas o gratificantes (cena opípara, invitación a próximos, móviles, libros, ordenadores, bicicletas, etc).

En cambio, si es un “premio de enjundia” (de muchos miles de euros, por ejemplo), entonces brotará un problema moral que no teníamos. ¿Debemos repartirlo con nuestros familiares y amigos?, o ¿debemos devolver a la sociedad parte de nuestra suerte con algún donativo a una “oenegé” o similar?, ¿debemos hablar con asesores en inversiones o bancos, o guardarlo bajo el colchón?, ¿debemos invertirlo a corto o largo plazo?

4. Lo bueno radica en que como somos dueños del premio, no debemos dejarnos llevar por consejos ni órdenes de nadie. Si la fortuna o la baraka nos lo dio a nosotros, somos nosotros los que debemos administrarlo.

5. Así que, gastémoslo como queramos. Una breve reflexión y demosnos el gustazo de regalar una parte a quien lo necesita. Al fin y al cabo, antes no lo teníamos, y si hacemos feliz a alguien tendremos doble felicidad.

rey midas6. Si optamos por el egoísmo de atesorarlo todo, recordaremos que el dinero no es la solución a los problemas. Recordemos el cuento del Rey Midas que pidió convertirlo todo en oro al tocarlo, y acabó suplicando perder ese don. Y ya en la realidad, las hemerotecas están llenas de historias de ganadores de la lotería que se encontraron arruinados a los pocos años, al igual que la confesión de muchos ganadores de la lotería que consideran que sus vidas son peores tras ganar el premio.

Pero lo peor de ganar un jugoso premio y atesorarlo radica en que se generará la desconfianza sobre los que se nos aproximan, pues tendremos que distinguir el oro de la amistad auténtica de la hojalata de los que acudirán por virtudes nuestras distintas de nuestro dinero (y es duro, admitir que no nos quieren por nosotros mismos).

 7. Es curioso, que la condición humana es egoísta. Antes de tocar el premio afirmaríamos contundentemente que donaríamos parte de él, pero tras tocarnos, comenzaríamos a reconsiderarlo. Pero no debemos caer en esta trampa mental: nos engañaríamos a nosotros mismos.

Y esa es la clave: no dejemos que un premio que parece la solución a los problemas se convierta en un problema que, en vez de facilitar la vida, nos la complique.

Gracias por comentar con el fin de mejorar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s