Reflexiones vigorizantes

Ley del Quinto Rompehuevos

Los clásicos decían que el mundo es proporción, bajo criterios matemáticos e incluso la música respondía a pautas matemáticas, lo que llevaba a hablar incluso de la “música de las esferas” generada por la armonía de los movimientos planetarios.

Fruto de mi observación, intuyo que la proporción matemática se cumple respecto de la estupidez humana. Basta asistir a cualquier reunión de más de cuatro personas para comprobar que siempre hay un quinto en discordia, que desafina por su intolerancia. Alguien que utiliza el grupo como caja de resonancia de su propia estupidez o soberbia no reconocida. Alguien que discrepa de la comida, del calentamiento global, de la utilidad de las vacunas, de lo que engorda o adelgaza, de lo bueno y lo malo, o incluso de la forma de pagar y que lo hace con virulencia no exenta de desdén hacia quien no piensa como él.

  • Si acude a una comunidad de vecinos, siempre hay un rompehuevos a razón de uno por cada cinco asistentes.
  • Si comparten caminata o viaje en grupo, ese quinto da la nota.
  • Si se comenta una película o espectáculo, a la que se asistió en grupo, ese quinto se quejará o pontificará sobre lo que ninguno de los otros cuatro percibe.
  • Si el grupo comenta la noticia de un premio, ellos restarán méritos al premiado y sugieren que ellos no lo tienen porque no quisieron.
  • Si existe un grupo haciendo cola en una oficina, establecimiento o para entrar en un evento, siempre hay un quinto que se quejará sin que nadie le haya pedido su opinión.
  • Si comparte oficina en el trabajo en grupo, siempre habrá un quinto polemista infatigable.
  • Incluso si se trata de una reunión o almuerzo familiar (navideño, onomástico, etcétera), ahí estará el de siempre dando la turra o discutirá sobre lo divino y lo humano, y si es a los postres con algo de alcohol por medio, más todavía.

Bien está que se discuta para alcanzar acuerdos o para pasar el rato, pero sin petulancias, agresividad o avasallamiento. Sin pretender manipular a quienes no se molestan en escuchar. Además cuando alguien va siempre en dirección contraria en la autopista, debería hacérselo mirar para contenerse. No se trata de personas tóxicas o maliciosas, ni envidiosos, sino de algo más sutil. Son rompehuevos en el sentido del Diccionario de la Real Academia: “Dicho de una persona: que molesta y fastidia”.

Lo curioso es que fruto de mi experiencia, de forma similar a como el fraile agustino Gregor Mendel encontró las leyes de la genética al examinar las proporciones en el reparto del tamaño y color de los guisantes según su generación, me atrevería en tono lúdico, a formular la que bautizaré como Ley del Quinto Rompehuevos en los siguientes términos:

En cada grupo, los rompehuevos acechan en proporción de uno por cada cinco personas reunidas.

Corolarios:

Si usted está convencido de esta Ley y la fórmula en grupo, se cumplirá porque podrá comprobar que uno de cada cinco estará en desacuerdo.

Si usted discrepa de esta Ley y formula su discrepancia en grupo sin convencer a los demás, estará demostrando que la ley también se cumple.

Si se forma un grupo exclusivamente de rompehuevos, siempre habrá uno que sea más rompehuevos que los otros cuatro.

En consecuencia, para facilitar acuerdos y armonía en la vida social, basta operar con las cifras o algo más sencillo, identificar al rompehuevos al igual que Rodríguez de la Fuente captaba al lobo solitario y ante este peligroso depredador, optar:

  1. mantenerse calladito y escuchar las tonterías con íntima sonrisa burlona;
  2. asentir o contestar con voz monótona, y cambiar hábilmente de temas;
  3. ser directo: ¿es posible que dejemos de ser negativos y tengamos la fiesta en paz?;
  4. cortar por lo sano… “Me disculparéis que hoy tengo que irme pronto…” , o similar, y cumplirlo. Así y todo, el rompehuevos es inaccesible al desaliento y jamás capta los mensajes.

Como aconsejaba Mark Twain: “Manténgase alejado de las personas que menosprecian sus ilusiones y opiniones”. Si malo es que vivan instalados en sus creencias, peor es que desprecien las tuyas o que te amarguen los espacios sociales. Como los virus, los rompehuevos se combaten con la distancia. Y haberlos, haylos.

2 comentarios

  1. Epítome del auténtico tío vinagre, que ni es feliz ni deja serlo. Montador de grescas, discordias, mal rollo,y vampiro de la alegría y concordia de la reunión. De la empatía no conoce ni el nombre.
    Mi modus operandi: Como no se puede, ni debe perder la educación – a mi padre le costó mucho dinero- no la malgasto, pero me causa una sordera atroz, tan aguda que, si me descuido, me pasó al autismo; todo, menos discutir con un “tocapelotas”. Son,como los tontos, peligrosos, pueden llevarte, por desesperación, a su terreno: la pésima educación. ¡Yo, no estoy dispuesta!
    Cordial saludo,

    María

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