Claves para ser feliz

Los veranos son para las bicicletas

buroSi los cuentos de la infancia comenzaban con un Érase una vez… los cuentos de la madurez empiezan con Estaba de vacaciones… Lo digo porque las vacaciones concentran los sueños de muchísimas personas y muchas veces se convierten en sueños inquietos y poco reparadores.

Para evitar que los sueños veraniegos estallen como pompas de jabón, bien está recordar aquello de no poner los huevos en el mismo cesto y repartir los sueños entre las vacaciones y el resto del año. Y es que el sueño de las vacaciones doradas puede esfumarse por imprevistos fuera de control pero debemos reconducirlo a cabezaditas placenteras con momentos mágicos. Exprimir el jugo al veraneo no es difícil… sorteando problemas

Woody1. A veces se trata de una huelga de personal del aeropuerto, como la del Prat, que sacrifica las vacaciones ajenas. Otras el mal tiempo destroza el afán de terracita, playa, paseo y energía solar como el padecido la pasada semana en Asturias.

Pero también acechan otros imprevistos más graves, como son las enfermedades o fallecimientos de parientes y amigos ya que ni las bacterias ni la comadre de la guadaña se toman vacaciones.

De hecho hace tres días, me clavé en un pie un clavo oxidado (cosas que tiene convertir un gallinero en un cobertizo por quien llegó tarde cuando Dios repartió oficios manuales) pero por imprudente cabezonería (y un temerario juego a la ruleta de la vida), no fui al servicio de urgencias sanitarias. Por cierto, hace dos años me clavé otro clavo en la mano (sí, lo sé, soy un torpe) y cuando acudí tres días después a Urgencias (pues veía que aquello se ponía rojo y dolía), con gran diplomacia me dijo el médico “Tranquilo, no es tétanos… si fuera tétanos, como han pasado 48 horas ya estaría muerto”.

Lo cierto es que ahora no fui a Urgencias y sigo vivo y coleando. Mal hecho, por olvidar el sabio dicho de que mas vale prevenir que lamentar. Pero como no hay una sin dos, pues por trasladar con las manos desnudas un viejo y polvoriento banco de matar cerdos desde un segundo piso de una casa antigua, junto a varias vigas de madera (con sumo cuidado para no despertar a mi hijo adolescente que estaba descansando de la dura noche de parranda), confiando en mi fortaleza de otros tiempos, me veo ahora “doblado” con un dolor lumbar que me ha hecho reposar o moverme con lentitud.

Archivo_000 (64)2. Tras este segundo aviso, he optado por devolver a las vacaciones su sentido original. Nada del peligroso eufemismo del descanso activo. Se trata de descansar, sin más. No hacer esfuerzos.

Un poco de bicicleta y otro de natación, en dosis moderadísimas pues no vaya a cosechar grandes males por buenos remedios. La bicicleta porque da sosiego, equilibrio, sensación de deportividad y nos devuelve a la infancia (aunque nada que ver estas bicicletas con la que yo estuve convertido en centauro mecánico siendo niño, cuando las bicicletas eran para toda la vida). La natación porque nos permite refrescarnos y desafiar la ley de la gravedad, en un medio dominado (y si es piscina propia, pues mejor, que no hay como chapotear al gusto).

Un poco de lectura, nada metafísica y a poder ser con un punto de frivolidad para que las neuronas bajen revoluciones. Unas pocas películas que no sean de cine independiente… esto es, que los críticos nos obligan a verlas independiente de su calidad. Y como no, disfrutar de compañía amistosa y paisajes maravillosos, con unas gotas de museos o visitas artísticas, pero sin agobiarse.

En todo caso, no hay que olvidar que uno recuerda las vacaciones de la infancia como larguísimas e inolvidables y las de adulto como vertiginosas, así que la clave radica en dedicar cada verano a actividades distintas, exóticas, novedosas o sorprendentes. Todos nos preguntamos la razón de que el tiempo pase mas rápido conforme envejecemos. En este punto recuerdo que nuevo no quiere decir que nos tiremos en parapente en el Everest, sino hacer cosas que no solemos hacer para que la nueva experiencia tome su tiempo en el cerebro de preparación, disfrute y asimilación.

3. Así que me entregaré este sábado a lo que auténticamente revitaliza y hace sentir vivo. Bajo mi papel de anfitrión, nos reuniremos una veintena de amigos en el sentido mas tierno del término para zamparnos un arroz con bogavante (arroz selecto y bogavantes del Cantábrico), una parrillada de carne auténtica (costillitas y choricito, que el diminutivo ayuda a paladearlo), unas empanadas de bacalao y atún deliciosas en horno de pueblo, y todo ello regado con sidra asturiana, un increíble Ribera de Duero (La abadía de la arroyada), cervecitas y agua del pozo.

Archivo_000 (66)De escenario un patio de caserón con el cielo por techo. ¿Puede imaginarse marco mas deseable?. Al menos para mí, lo que enriquece ese contexto alimenticio (que realmente es un suculento pretexto de reunión), es aglutinar un puñado de amiguetes (aunque no están todos los que son, pero todos los que están lo son) con los que intercambiar los signos universales que ya los primeros homínidos usaban para mostrar fraternidad.

Miradas cómplices, sonrisas fáciles, abrazos y palmoteos, bromas que no hieren, discusiones que no enfrentan, anécdotas que repetimos sin cansarnos, comentarios sobre donde estamos y donde vamos o qué hace la vida con nosotros… Fotos, videos, canciones, chanzas, de todo.

Así que si hay un paraíso, o si hay una estación llamada Felicidad (la estación de partida es Esperanza), creo que para muestra bien vale la fiestecita de este sábado, que emula a la cervecería Cheers, cuyo lema era donde todo el mundo te conoce por el nombre, y donde añadiría, todos te quieren y son queridos.

4. Es cierto que de año en año (o de verano en verano), junto a un exiguo ramillete de éxitos o placeres, la vida suele lleva por delante ilusiones o te zancadillea, o te hunde el suelo bajo tus pies, por ejemplo, cuando te informan de unos indicadores tumorales sospechosos, cuando tu jefe se quita la máscara y te trata como una alimaña, cuando el espejo te muestra mas antiguo que ayer (no viejo), cuando el negocio que emprendiste no resulta tan negocio como pensabas, cuando tu pareja te demuestra que no la conocías tanto como creías, cuando tu memoria se declara en huelga sobre nombres y otros detalles, cuando te decepcionan los que menos esperabas, etcétera…

caminoEn fin, que hay años felices y annus horribilis, pero no debemos caer en la trampa de etiquetar los años en buenos y malos como las añadas de vinos. Se mire como se mire, la vida no es binaria, con dos posiciones del interruptor (buena y mala) sino que tiene muchas dimensiones, de manera que los tropezones son eso, meros tropezones en el camino, de los que podemos levantarnos, aunque sea cojeando y aunque en el futuro cambiemos de sendero para no tropezar.

Lo relevante, es que seamos conscientes de que muchos son los caminos y que como decía el poeta “se hace camino al andar”, sin que debamos rendir cuentas de nuestro paso, velocidad o ruta. Además, que seamos conscientes de que nosotros decidimos qué camino tomar, y que nos hace daño y qué nos beneficia.

5. Por eso, siendo eso que llamamos vida un cable de energía trenzado de numerosas hebras, la vitalidad como la luz circula aunque alguna esté gastada o pelada. Con esa luz de respirar, sentir y pensar, que nos da el brillo personal, somos libres para iluminar los contextos en que nos encontremos.

corazonPersonalmente disfruto, y recomiendo, utilizar esa libertad de iluminar y ser iluminados en la compañía amiga, especialmente en los momentos Eureka que surten el efecto de la pócima mágica en Astérix: poderío, entusiasmo y vida.

Y bajo esta perspectiva vitalista, de sembrar momentos para cosechar buenos recuerdos, es en la que se sitúa el encuentro que celebraremos este sábado en la fiesta del arroz con bogavante bañezano en nuestra casita rural de un tranquilo pueblo leonés.

Se trata de la elocuente expresión swahili, hakuna matata, que no quiere decir para los pesimistas, “Desde la cuna, mala pata” sino “Vive y se feliz”.

¡A vuestra salud! Y si la paz del pueblecito se ve turbada con risas, cánticos y choque de brindis, pues pedimos disculpas pero tenemos la atenuante de que ese encuentro equivale a una terapia de grupo de eficacia probada.

¡¡El verano sigue!!… La vida también… Y no olvidéis el maravilloso poder de la sonrisaSonrisa escamoteada, vida perdida.

3 comentarios

  1. Veo un caso claro de venganza del reino animal. Las gallinas te hicieron vudú al perder lo que fue su cobijo. Y los cerdos, temiendo que el banco de sus torturas se desempolvaba de nuevo, te enviaron desde el más allá un aviso de “cuidado con lo que haces”. Estás casas de pueblo, tan bucólicas por otro lado, están llenas de espíritus.
    Salud y larga vida maestro.

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  2. Me alegro mucho de vuestras vacaciones relajadas y sin duda merecidas. Os veo espléndidos Jose Ramon, Ana y Juan Manuel, ( a los demás no os reconozco). Que importante vivir con intensidad los momentos que narras y describes tan fenomenal que consigues contagiar. Cuídate con los clavitos José Ramon que ya no somos intrépidos boy scouts aunque sigamos creyéndolo y quizás eso sea lo mejor. Un abrazo fuerte a todos. Javier desde Málaga.

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