Hábitos saludables

Grosería de moda: conversar a la sombra con las gafas de sol puestas

 

 

Ya tuve ocasión de comentar las groserías sutiles que mas desagradan.

Sin embargo, la estupidez es inagotable y muy democráticamente repartida y siempre hay nuevas manifestaciones; podría parafrasearse a Albert Einstein y decirse: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la grosería humana. De la primera, no estoy completamente seguro”. Veamos una grosería de moda.

1.Viene al caso porque tuve ocasión de asistir a una estupenda ceremonia de boda al aire libre, con carpas y frondosa sombra de árboles, y entre los invitados, me presentaron y saludé a varios jóvenes que en distintas ocasiones, me comentaron sus inquietudes pero lo llamativo era que, pese a ir elegantemente vestidos, en tres casos distintos, no se dignaron quitarse las gafas de sol mientras conversaban. Estábamos a la sombra, nos acaban de presentar, cambiamos frases cordiales y en los tres casos, los jóvenes mantuvieron el yelmo bajado y protegiendo sus ojos.

 

2. El uso de gafas de sol en interiores o a la sombra, podría disculparse la situación si fuese legítima defensa ( que yo llevase gafas oscuras y no me las quitase); o si tuviesen alguna enfermedad visual ( creo que realmente “tenían poca vista” en cuanto a relaciones sociales); o si desease ocultar su identidad o edad ( pero no creo que estuviesen en la lista de delincuentes mas buscados) ; o si fuese un saludo ocasional ( la conversación se alargaba y las gafas seguían caladas).

También cabe la posibilidad de que las gafas respondieran a la sana voluntad intimidadoria, a una pose de elegancia o a pensar que así se vende lo enigmático. No los creo tan inteligentes. Creo que realmente las llevaban caladas por mala educación y por ignorancia. O porque han visto muchas películas de prepotentes guardias penitenciarios con gafas de espejo. Da pena.

 

3. Y da pena porque el contacto visual es importantísimo entre seres humanos, para propiciar la atmósfera de cordialidad, sinceridad y franqueza. Al igual que conversar con alguien que sonríe y tiene la mano tendida abre puntos de unión, el conversar con alguien que mantiene gesto serio y con brazos cruzados o que esconde su mirada, supone trazar una línea de latente hostilidad.

 

Algo me dice que a estos individuos no les gustaría ser atendidos en un quirófano por un cirujano con las gafas de sol puestas, ni ver noticieros televisivos con presentadores con gafas oscuras.

 

4. El problema es que yo sí soy educado y no utilicé el sarcasmo o grosería para espetarle en el curso de la conversación algo así como:¿ perdona, te sucede algo en los ojos que necesitas llevar las gafas puestas?, o ” Disculpa, es que si llevas las gafas puestas, no puedo oírte”. O mejor, podría seguir hablándole tapándome los ojos, a ver si lo pillaba…

 

Pero no. Si no se lo dijeron sus padres cuando eran adolescentes. Si no aprendieron del ejemplo de sus mayores o profesores. Si no aprendieron de libros o películas sobre lo que es el buen gusto, la educación y el respeto, me temo que mi opinión poco les importa.

 

Aunque si algún día en condiciones similares competitivas, tengo que valorar o recomendar a alguien grosero o bien a alguien cortés, algo me dice que consciente o inconscientemente no me olvidaré de quien rompe barreras y facilita la cordialidad.

 

En fin, que si las gafas del anuncio de la Dirección General de Tráfico “son las mas caras del mundo“, las gafas de sol puestas mientras se habla con alguien son las mas caras en términos de imagen. Y es que, no se puede respetar a quien no nos respeta.

Y con esta reflexión, os deseo que sigáis disfrutando de las vacaciones ¡ Ah! ¡ No olvidéis estar atentos a vuestras gafas de sol cuando no aprieta y habláis con otros!

 

 

 

4 comentarios

  1. Hola, no sé exactamente de qué sombra estas hablando, pero creo que te has dejado una razón: tener los ojos muy claros, lo que hace que en verano, en algunos sitios que para otra persona podrían ser de luz suficiente, para otros resulta excesiva. Te lo digo porque me ha pasado y o me quito las gafas de sol (que siempre van conmigo incluso en invierno) o parece que le guiñe los ojos a todo el que tengo delante…. o, a fuerza de entrecejo fruncido, parece que esté enfadada (también me lo dicen).

    Ahora bien, tengo que decirte que odio las gafas de sol de espejo y me parecen un poquito horteras, aunque para gustos los colores….

    Felices vacaciones.

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  2. Hay otra razón para usar gafas de sol a la sombra. Mi madre suele llevarlas por la calle haga sol o no, ella perdió un ojo por un tumor hace unos años y aunque lleva una prótesis ella no se siente cómoda, le da la sensación de que se le desvía la mirada porque la prótesis apunta a un lugar fijo mientras que el ojo se mueve y sobre todo cuando habla con desconocidos se siente insegura, por eso siempre suele llevar gafas de sol de día.

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