Claves para ser feliz

Elogio de los elogios

elogiosA todos nos gustan que nos quieran y si nos lo dicen mejor. La alabanza, la palabra amable, la caricia o incluso la mera sonrisa complaciente son buenos aliados para la autoestima y seguramente es una forma natural de disparar nuestras endorfinas.

Sin embargo “ni es oro todo lo que reluce” ni todo elogio es sincero o vale lo mismo. Veamos los tipos de elogios y alguna anécdota personal.

1. Comencemos por los “elogios de lobo con piel de cordero”.

Hay elogios de compromiso y cortesía. Por ejemplo, cuando se está de invitado no se debe criticar las viandas ofrecidas ni verter críticas negativas al mobiliario o gusto decorativo del anfitrión. En esos casos basta con no utilizar superlativos ( ¡ sabrosísima comida!, ¡ Maravillosa decoración!..). Unas palabras positivas y amables, o neutras, nos dejarán en buen lugar y tranquilizaremos nuestra conciencia.

Sobre almuerzos, recuerdo con catorce años cuando fui de viaje a Inglaterra con una familia que no conocía. Fueron a buscarme al aeropuerto y estaba bastante turbado ante una señora parlanchina y tres hijos de gran tamaño y mas edad que yo. Utilicé la actitud del explorador en tribu amazónica: seguir las costumbres y mostrame amable, así que  lo primero que hicieron fue ofrecerme el almuerzo en su casa, donde ocho pares de ojos miraban ávidamente cuando yo intentaba tragar con menor avidez un horrible puré. La matriarca me preguntó dulcemente si me gustaba, a lo que repuse con ojos congestionados por el trance con una de las pocas frases que por entonces hablaba en inglés: “Yes, I like too much”.(¡ Me gusta mucho!). Ni que decir tiene que a partir de entonces casí todos los días me ponían una especie de escudilla con el puré que “tanto” me gustaba.

Y aprendí la lección: “ Mas vale una vez rojo, que cien colorado”, y decir la verdad.

 Recuerdo otra anécdota de la que no estoy orgulloso, pues en cierta ocasión unos vecinos alborozados acababan de ser padres y paseaban en el cochecito al bebé. Al cruzarme de frente no podía ver el rostro de la criatura así que como era la primera vez que lo veía inicié mis palabras festivas anunciando: ¡ Vamos a ver la criatura! Y me incline para examinarlo:¡ Pero qué chiquitín mas….-titubeé al percatarme de su fealdad patente- pero que chiquitín mas, mas, mas….¡ interesante!. Sé que no estuve afortunado sino mas bien grosero, y en honor a la verdad aquél chiquitín se convertiría en un guapo mozalbete, pero noté la tensión entre verdad y cortesía que se debatió con rapidez en mi fuero interno y cometí el error de no dejarme llevar por una mentirijilla piadosa.

 Hay elogios “envenenados”. Se trata de los que van seguidos de la puñalada trapera o del abuso descarado. Algo así como el bíblico Rey David quien, enamorado de la esposa de su general Urías, se libró de él, diciéndole algo así como: “ Tú, Urías, el general hitita mas valiente y experto harás un buen papel en el lugar mas peligroso de la primera línea de la batalla, mostrando a los soldados como dar ejemplo”. Y así fue sacrificado el general

vendedorHay elogios “mercantiles”. Son los que están preñados de descarada adulación. Suelen perseguir captar la benevolencia del elogiado y que “baje la guardia”. Es el caso del vendedor que lógicamente intenta tejer un lazo amistoso con el posible cliente.

Recuerdo hace unos diez años cuando sonó el timbre a media tarde y al abrir la puerta me encontré con una pareja impecablemente vestida y un maletín, que me dedicaron una sonrisa amplísima al unísono; rápidamente intenté cortar el ataque con un “Lo siento, no deseo nada y no tengo tiempo”…, lo que recibió una respuesta “ Disculpe señor, será un minuto y se trata de unas preguntas estadísticas de cultura”; ante ese guiño y en la misma puerta- descartadas las ventas- me sometí a sus preguntas; me formularon preguntas del estilo “ ¿Quién escribió el Quijote?, ¿ Le suena la expresión “limpia, fija y da esplendor? y similares preguntas que hubiese acertado cualquier iletrado en estado etílico. A continuación adoptaron expresión solemne mientras yo me apoyaba en el quicio de la puerta y examinaron los resultados con gestos de aprobación y sorpresa. El que llevaba la voz cantante me estrechó la mano, me miró a los ojos, y me dijo: “ Señor, estamos impresionados. Usted tiene un nivel cultural elevadísimo y si nos permite quizá es momento de mostrarle las obras culturales que una persona como usted sabrá aprovechar”… A continuación un amplio fascículo con obras literarias …. cuyo desenlace pueden suponer ( no compré nada pero me tuve que poner “maleducadamente enérgico”).

 fabulas elogios A veces no todo elogio vale lo mismo ya que “cotizan” mas en el corazón del afectado los que son espontáneos e informales que los premeditados y formalizados. Y siguiendo la enseñanza de la conocida fábula del oso, la mona y el cerdo: “Si el sabio calla, malo, peor si el necio alaba, peor”.

  Un ejemplo conocido es el del ingreso de Jesús Aguirre, el que fuere Duque de Alba en la Real Academia de la Lengua y que llevó a que cuando el que fuere secretario de la Real Academia, Alonso Zamora Vicente, hizo pública la votación favorable a su ingreso ( mas debida a inconfesables filias y trapicheos que al mérito) lo anunció a la prensa con tan cuidadas palabras: “Jesús Aguirre es un excelente traductor, conocedor de lenguas y un gran teólogo, y en la Academia necesitamos de todo”.¡ Vaya elogio! Basta leer entrelíneas…

2. Pero fuera de estas patologías de las que nadie está libre hay elogios valiosos aunque no sean ciertos.

Los elogios de enamorado. “Eres lo mejor del mundo”, “ Lo dejaría todo por ti”,etc.  Las “mentiras de presentación” de las parejas en los primeros encuentros son seguidas por las “mentiras de respeto”, en ambos casos aceptables y positivas, que no deben escatimarse por la importancia de ser amable con la pareja. No son verosímiles pero son dicho con sinceridad como recurso expresivo para demostrar la entrega y pasión por la persona amada.

Los elogios al enfermo o al que ha sufrido un percance : “ ¡ Estás estupendo!, ¡ No se te nota nada!. Se dice que la cara es el espejo del alma y podríamos decirlo a la inversa, si actuamos sobre el alma con elogios y sacando lo positivo de las personas, posiblemente mejoraremos su cuerpo o talante hacia la vida. No nos cuesta y podemos ayudar mucho.

Los elogios para reforzar valores o en encrucijadas críticas. Son elogios que quieren ayudarnos y que encubren profecías para cumplirse. Son las palabras de ánimo para el alumno, para el hijo, para el deportista, para el compañero que se esfuerza en su trabajo….En definitiva, para sacar lo mejor de nosotros. Y los elogios ayudan muchísimo más que las críticas.

Y valen mucho, porque para el desencanto y dejar las iniciativas difíciles ya estamos nosotros o los pesimistas.

elogiosLos elogios del amigo, del auténtico amigo. Esos son los mejores porque la esencia de la amistad radica en que igual que te elogia, te critica y no te parece mal. Los amigos tienen “licencia para entrometerse” y por eso se valora su opinión y se les consulta.

Son elogios desinteresados y por eso son tan valiosos. Además son espontáneos y suelen ir acompañados de palmadas, sonrisas y brillo de miradas que no emularía el mejor actor del mundo.

 En fin, creo que debemos recibir todos los elogios de buen grado y sin suspicacia. Nos hacen sentir mejor y eso ya cumple un buen fin. Además cuando se profiere y recibe un elogio las sonrisas de ambos, verdaderas o fingidas, brotan, y el poder de la sonrisa es inmenso.

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