Claves para ser feliz

Cuando las analíticas nos cambian la vida

Muchos nos comportamos con los indicadores de alertas de salud como los conductores al ver un coche policial en el arcén: bajamos la velocidad y cuando nos hemos alejado, volvemos a conducir con controlada frivolidad.

A la vista de los indicadores de esa ITV de personas que son las analíticas preventivas anuales, compruebo felizmente que por ahí dentro las piezas funcionan, con el natural desgaste, pero con dos alertas. Una la relativa al indicador de colesterol y otra sobre la insuficiencia de vitamina D.

Lo del colesterol alto es un clásico, y me convenzo con aquello de que el problema no lo tengo yo sino que los indicadores de los umbrales máximos del colesterol malo son cada vez más exigentes por caprichos científicos. Además, conozco bien la teoría (quitar carnes rojas, queso, etcétera) pero también conozco mi debilidad en la práctica. En fin, soy moreno, con gafas, estatura baja y colesterol alto. Hala.

Lo de la vitamina D, parece ser que en Asturias, por aquello de que hay menos sol (y que nos cobijamos en el techo de las sidrerías) recibimos menos de esta imprescindible sustancia. Al menos es una carencia fácil de tratar con unas pastillitas. Y además esta deficiencia vitamínica expresa la  falta de calcio lo que felizmente me explica mis dolores de espalda y pierna (¿ciática, lumbago, sedentarismo?).

Es curioso como reaccionamos cuando algún diagnóstico no nos satisface. Por un lado, si los indicadores son buenos, los aceptamos sin rodeos. Pero si son malos, buscamos razones para devaluarlos o incluso una segunda opinión o prueba, e incluso nos engañamos consultando a ese informador tramposo que es Google.

Añadiré que esas analíticas no revelan las enfermedades de la mente y el corazón, sin base fisiológica (falta de empatía, egoísmo, ignorancia suma o maldad), pese a que las percibimos en quién las padece.

Así y todo, tomé nota de los dos puntos negros. Con ello se inicia una etapa curiosa en mi vida, ya que es la primera de las pastillitas que debo tomar periódicamente, y la primera anotación en la puerta del frigorífico de las que seguirán en la próxima década.

Al menos no me han prohibido la vida social, las amistades, leer, el café de la mañana, la sidra de la tarde, el sentido del humor, u otros hábitos a los que me siento felizmente adicto.

En particular, continuaré con la terapia de usar el humor para disminuir el estrés, distraer el dolor, aumentar la calidad de vida o incluso mejorar el sistema inmunológico. No sé como funciona el cerebro frente al estimulo humorístico, pero algo me dice que la felicidad extiende un manto positivo sobre la salud.

Y si no lo hace, en caso de que demás de la dolencia física tengas mal carácter, melancolía o tristeza crónica, me temo que el resultado combinado es terrible.

No caeré en la falacia de que la risa es la mejor medicina, pero creo que ayuda positivamente a la presión arterial, la tensión muscular y aleja el estrés o ansiedad. Eso sin olvidar que el humor fortalece los vínculos con los que nos rodean y crea un clima de compañía y afecto que siempre ayuda en la adversidad.

En fin, por esta vez he librado. Bienvenidas las analíticas que nos cambian la vida, pero que no nos la quitan. Tarjeta amarilla, a la que prestar atención.

Con la edad (la que viene, no la que no volverá), algunos nos sentimos paseando por un campo de minas, patologías que infortunadamente explotan a veces cerca, afectando a conocidos, amigos o familiares. Lamentablemente cada vez suenan más cerca, no sé si porque cada año cumplido aumenta las papeletas del fatídico sorteo, o si los males de nuestro tiempo se están volviendo más agresivos.

Lo que sé es que Woody Allen tenía la razón sobre la palabra más bella del mundo cuando la oyes es: «Benigno».


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3 comentarios

  1. Buenas tardes, en primer lugar, que me alegro de que tu salud sea casi perfecta. La mìa, parecida a la tuya, gracias a Dios. Solo cambia sustituir lo de la vitamina D por no fumar nada en absoluto y no abusar del cafè ( solo y sin azùcar ). Lo del tabaco ( droga malìsima ), si que lo estoy intentando en serio. En cuanto al cafè, ni me sienta mal ni me impide dormir, asì que por ahora sigo con mis cuatro o cinco al dia.

    Y desde luego que el humor, el buen humor y no el malo, creo que es fundamental para hacer frente al estres, la ansiedad, la depresiòn…

    Abrazo fuerte.

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  2. En el muy lejano Precámbrico cuando te comprometías definitivamente con alguien se decía eso de «en la salud y la enfermedad». Ciertamente, tales conceptos se adaptan como un guante a la idea «biológica» de lo que es la vida, pero se alejan, con la rapidez de una estrella fugaz, de lo que es la «auténtica» vida. Tan reduccionista enfoque supone una desconexión profunda con lo que es nuestra compleja realidad como seres humanos. Nos priva de lo que es la sal de la vida (sus placeres, sus peligros, sus contradicciones, su espontaneidad y su evolución). Nos conduce a una vida incompleta y contenida. Y nos deriva a una vida que, en definitiva, no es auténticamente vivida. Paradójicamente, esa, y no otra, es la peor «enfermedad» de la que se puede morir…en vida.

    Existen también antídotos naturales frente a la enfermedad. Tener una actitud positiva, aumentar tu flexibilidad cognitiva, estar con gente que te haga sentir bien, practicar el agradecimiento (gracias, una vez más, José Ramón, por todo lo que compartes, enseñas y das: para quienes la recibimos no hay mejor endorfina), caminar –física y mentalmente- todos los días, cultivar y practicar el buen humor y crecer, crecer y crecer en humanidad y valores. Todo eso nos ayudará a disfrutar de un buen estado emocional que reforzará las murallas de nuestra salud y evitará la invasión de microbios, angustias y miedos.

    Y cuando lo anterior no baste o llegue el natural desgaste del paso de los años nos queda la medicina. Pero, volvemos al principio, partiendo de conocer qué paciente tiene la enfermedad y no qué enfermedad tiene el paciente.

    P.D. La salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás es nada. (Arthur Schopenhauer). Ese tesoro que es el humor ayuda a mantenerla y, cuando entra en crisis, a sobrellevar la enfermedad.

    Sobre el tema,  el genial Leo Harlem tiene dos desternillantes monólogos: uno, sobre nutrición y visitas al médico https://youtu.be/eC2TGWmto1k; otro, sobre el alcohol como medicina popular para todo https://youtu.be/tGZS16IM0kU. Disfrútenlos con salud.

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