Reflexiones vigorizantes

La vida cambia de un plumazo

masks-e1523279123668-1024x375 Cuando todavía no se habían apagado los ecos de los incendios en Canarias asistimos a la noticia de las lluvias torrenciales e inundaciones que asolan Murcia, Alicante, Valencia y Almería y me quedo sobrecogido ante la huella de algo con nombre tan inofensivo como gota fría pero tremendamente devastador. Hoy los móviles permiten filmaciones de escenas crudísimas: coches arrastrados como cáscaras de nuez, casas inundadas, barrios evacuados, ancianos temblando, niños perplejos… Todos los días nos traen noticias terribles pero estas plagas de incendios e inundaciones provocan especial sobrecogimiento y reflexiones de urgencia.

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Subconscientemente nos molestan estas catástrofes porque no hay nadie a quien culpar con nombre y apellidos. Quizá somos culpables todos del calentamiento global o de propiciar bosques y localidades que son presa fácil de estas calamidades. Pero lo cierto es que son desgracias en las que no tenemos el consuelo de la lapidación o maldición al responsable.

Además no solo no hay culpables sino que los que la sufren son inocentes, y somos conscientes de que se trata de daños serios y muchas veces irreparables.

Solo nos queda mirar sobrecogidos las imágenes y esperar a que, nunca mejor dicho, las aguas vuelvan a su cauce.

1098143-natural-disastersPero debemos reflexionar en que las desgracias no entienden de provincias, clase social ni calendarios. A veces vienen o sobrevienen en tropel y a veces aislada, a veces golpean lejos y otras cerca. Es cierto que desde niños asistimos a referencias de episodios de hambruna en África, terremotos en Asia o tornados en otras partes del globo, sin olvidar conflictos bélicos terribles en todo el mundo, y parece que tomamos conciencia de la situación y riesgos pero seguimos durmiendo a pierna suelta; en cambio, parece que ahora el mal se acerca y da aldabonazos en nuestra proverbialmente tranquila España. No es justo pero sí realista que esa proximidad geográfica, afinidad cultural y cercanía emocional es lo que incrementa el sentimiento de angustia y compasión ante la catástrofe.

Al menos es bello que en medio del caos y los daños, se despierta el altruismo de los vecinos, las autoridades y todo el mundo arrima el hombro.

El problema es que la empatía y solidaridad dura poco. Mientras que los infortunados llevarán el daño y su recuerdo grabado mucho tiempo, los espectadores pronto lo borraremos de nuestra memoria. De hecho, en mi ciudad de residencia, Oviedo, son las fiestas de San Mateo y la ciudad muestra jolgorio, ágapes y desenfreno, como si la hora de estar preocupado ya hubiese pasado y se puede dejar en casa el rictus serio para salir con la sonrisa floja; no es frivolidad sino realidad, pues a buen seguro si las inundaciones o incendios asolaran Oviedo, posiblemente en las villas mediterráneas proseguirían sus fiestas y libaciones. La condición humana nos hace capaces de pasar de la alegría a la pena, y viceversa, en un instante.

64813-sad-girl-on-a-dock-pixabay.1200w.tnPero hay que ir mas allá, y percatarnos de que solo una cosa nos distancia de esos vecinos que achican agua de sus casas, que lloran por las pérdidas, que ven que se esfuman sus ahorros e inversiones, que no saben si el seguro o el Ayuntamiento les ayudarán a levantarse. Nos distancia el puro azar. Ayer reían y mañana lloran, y se levantarán y seguirán adelante porque no queda otra.

Pero quizá pasado mañana nos toque a nosotros o a nuestros familiares sufrir otra calamidad. A veces colectiva y a veces familiar o personal; a veces imputable al clima, otra a pérfidas bacterias o quizá a algún canalla. Las catástrofes naturales son terriblemente democráticas y golpean a todos en múltiples formas.

Al menos, si no podemos ayudar en la distancia a los infortunados quizá debemos reflexionar y sentirnos más vulnerables, más humildes y comprender mejor lo que realmente importa en esta vida. Ni los fastos, ni los oropeles, ni los cargos, ni el último móvil, ni la casa de la playa, ni la pluma de oro, ni el todoterreno, ni el viajecito a París, ni el tatuaje maorí, ni ser el primero en la competición, ni el gallito del bar, ni que nos teman. No. Todo eso puede llevárselo de un plumazo el maldito azar, sin aviso ni contemplaciones. En cierta ocasión expliqué que el caos y no estar tan pendiente del futuro nos ayuda a vivir mejor.

No hay plan B contra la mala suerte cuando nos mira de frente. Lo que importa realmente es que tengamos salud para recibir cada día como un regalo (“Amanece, que no es poco”) y saber rodearnos de personas que nos hagan sentir queridos.

Recuerdo ahora el párrafo de un verso de Joaquín Sabina, escrito con dura sinceridad tras sufrir un ictus:

“El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa,Captura de pantalla 2019-09-13 a las 22.10.13

la vida alrededor ya no es tan mía,

desde el observatorio de mi casa

la fiesta se resfría.

 

Dejé de hacerle selfies a mi ombligo,

cuando el ictus lanzó su globo sonda,

me duele más la muerte de un amigo

que la que a mí me ronda”

Un comentario

  1. La información sobre las catástrofes que hacen los medios informativos se centraliza en la desgracia y nunca llega a profundizar en los hechos, lo que provoca que se deje cerrado en falso el circulo de la noticia y no se nos den todas las claves para interpretar la realidad.

    Por ejemplo, si hay una inundación, se informa del desastre, de las victimas y pérdidas materiales producidas y se pide ayuda para los afectados. Pero no se informa, indaga y explica por qué esas casas, construcciones y terrenos de cultivo están en un sitio que se inunda; por qué en ese sitio ha sido posible construir o cultivar o poner un negocio; quién lo ha permitido o aprobado, cuando es sabido que el agua tiene memoria y el suelo es propiedad natural del río -o del mar- que -antes o después- acaba reclamando para sí; con base a que normativa, planeamiento e informes, etc., etc. Esto es cerrar el círculo. Esto es dar las claves para interpretar la realidad. Esto es informar y hacer periodismo de verdad. Esto sirve para diferenciar las catástrofes artificialmente naturales, de las naturales, identificar a sus responsables, tomar medidas y no limitarnos a una mera muestra momentánea de solidaridad y empatía con los afectados.

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