Claves para ser feliz

Cien años y unos días, Kirk Douglas

Douglas_Kirk_SpartacusQue alguien viva cien años es memorable. Que lo vivan las buenas personas es digno de agradecer y a todos nos debe alegrar. En el caso del actor Kirk Douglas, me parece un buen ejemplo.

Reconozco sus méritos cinematográficos, pero solo dejaré mención a su vertiente de actor en cuanto a una doble huella personal. La dejada en mi adolescencia por la película “Espartaco” (1960), basada en la que Voltaire calificó como “la única guerra justa de la historia”, la de los esclavos frente al imperio romano; y la dejada en mi adultescencia por la película “El loco del pelo rojo” (1956) sobre Vicent Van Gogh, quien ha sido calificado como el loco más cuerdo de la historia.

Ahora me interesa destacar tres hechos memorables de la vida de Kirk Douglas que demuestran como la vida merece la pena vivirse y poder mirarse al espejo cada día. Veamos.

I. Kirk Douglas, hijo de padres pobres y analfabetos, emigrantes de Moscú (su padre tuvo que trabajar de trapero pues a los judíos les prohibían trabajar en fábricas) es el vivo ejemplo de cómo el esfuerzo, el deporte y la lectura, forjaron una persona memorable. Afirmó que “Vine de la pobreza más horrible. Solo tenía el camino de mejorar”.

traperoII. Supo dar un paso adelante en los años sesenta frente a las listas negras de comunistas en Estados Unidos, al producir y rescatar a Dalton Trumbo, como guionista de Espartaco, poniendo su nombre en los créditos y desafiando a la inquisición de MacCarthy. Cuando la malvada periodista Hedda Hopper le acusó de comportarse como un hijo de puta con esa conducta porque era una estrella, le contestó:

Te equivocas: siempre he sido un capullo, lo que pasa es que no te habías dado cuenta hasta ahora.

Como curiosidad explicó Alex Montoya, crítico de Fotogramas, la película Espartaco tuvo rodajes en Madrid y Guadalajara en que Douglas, como productor, tuvo que entrar en contacto con el régimen de Franco:

Quería contratar a 8.000 soldados para hacer de extras, y el gobierno de Franco le puso como condiciones que ninguno de ellos muriera en la batalla. Douglas dice en su memorias que debió ser por cosas de orgullo español. Por otro tenían que hacer una aportación a una entidad benéfica que dirigía Carmen Polo de Franco; todo eso pasó y el permiso tiró adelante.

III. Ha donado más de 40 millones de dólares a la Fundación Harry’s Heaven para apoyar el tratamiento de Alzheimer y ayudar a actores jubilados sin recursos o enfermos. Y ahí no se acaba su generosidad pues ha dejado claro en numerosas ocasiones que toda su fortuna, alrededor de 80 millones de dólares, irá a parar a organizaciones benéficas cuando fallezcan él y su mujer.

Explicó:

Dar a los demás es un acto egoísta porque te hace sentir bien contigo mismo. Siempre me preguntan por un consejo para una vida larga y sana, pero no tengo ninguno. Creo, eso sí, que existe una razón por la que estamos aquí. Tras el accidente de helicóptero y la apoplejía que sufrí, decidí hacer más bien en el mundo antes de abandonarlo.

kirk-genteEsos tres datos ya le avalan para alzarse en ejemplo meritorio, y digno de aplauso en los tiempos de insolidaridad y egoísmo que corren,  así que como complemento aquí van cuatro de sus frases  mas memorables sobre el sentido de la vida, que creo a todos nos vendrán bien.

Para conseguir algo debes ser lo suficientemente valiente para fracasar.

Si pensara que un hombre nunca había cometido un pecado en su vida, no creo que me gustaría hablar con él. Un hombre con defectos es más interesante.

Cuando se ha sufrido derrame cerebral, hay que hablar lentamente para ser entendido, y he descubierto que cuando hablo lentamente, la gente me escucha. ¡Creen que voy a decir algo importante!

Vivir es como estar viendo una película maravillosa ante la que continuamente me pregunto cómo va a seguir el argumento.

vaqueroEsta paralelismo entre vida y película es patente en la belleza de su afirmación en su biografía (Kirk Douglas, El hijo del trapero, Ediciones B):

Filmar una película es como hacer un mosaico; unir laboriosamente piezas pequeñas, saltar de una escena a otra, no ver nunca la totalidad.

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