Hábitos saludables

Cosas que guardamos para sentir el pasado

memoria daliEn vísperas de vacaciones me he propuesto realizar la limpieza de ese cúmulo de recuerdos y vestigios que se amontonan en cajones, armarios y trasteros esperando como Lázaro a que alguien les diga “levántate y anda”.

Guardamos infinidad de cosas inútiles bajo varias coartadas, siendo la mas socorrida la de “por si algún día… lo necesito, lo regalo, lo utilizo… etc”. Ese día futuro casi nunca llegará. Los ingleses tienen un dicho acertado de que “lo que guardas en el trastero y no utilizas en un año, jamás lo utilizarás”.

Sin embargo el apego a las cosas nos atenaza. Veamos los “rebaños” de recuerdos inútiles que suelen estar agazapados en los rincones domésticos.

1. Todos tenemos un pequeño Diógenes pugnando con acumular cosas, tales como las siguientes:

  • Relojes de pulsera desde la adolescencia que fueron renovándose conforme el poder adquisitivo avanzaba al ritmo del grosor de la muñeca. Son acumulados, unos de pilas otros de cuerda, unos ajados, otros sin correa. Allí yacen como el cuadro de Dalí del tiempo en la memoria: lánguidos y extenuados.
  • Mandos a distancia de aparatos tecnológicos. Decenas de ellos: universales, particulares, con y sin pila. No se tiran. Se acumulan en el cajón por si se hacen amigos o porque da lástima tirar algo estéticamente armónico, pulido y bello.
  • Discos de CD y cassetes, junto a videos VHS que están apilados en cajas. Jamás se reutilizaran. Los mató el USB y éstos perecerán a manos de otro invento.

    DIÓGENES EN SU BARRIL
    DIÓGENES EN SU BARRIL
  • Decenas de teléfonos móviles, pequeños, antiguallas, avanzados que dejaron de serlo… Como si quisiéramos preservar los ecos de las conversaciones.
  • Cartas que recibimos de tiempos en que.. ¡las personas enviaban correo postal!
  • Carteras o bolsos que son amontonados y algunos… ¡sin estrenar!
  • Camisetas favoritas de juventud que jamás usaremos porque reventarían por las costuras, pero su colorido y diseño emocionan.
  • Impresoras y ordenadores viejos. Obsoletas o averiadas pero es como si no nos gustase dejar nuestra “memoria” perdida.
  • Libros institucionales y de regalo. Se apilan y amarillean. Quizá no sean leídos en varias generaciones, pero allí aguardan en la estantería como la Puerta de Alcalá (“viendo pasar el tiempo”)
  • Y cómo no, colecciones interminables que crecían en el pasado por la inercia: monedas, sellos, barajas, cromos, etc.
  • Por supuesto, no faltan aquellas cosas que están inservibles pero su elevado coste nos aferra a ellas: bicicletas, aspiradores, televisores viejos… Necesitamos el empuje de alguien para que ese invisible imán se relaje y poder tirarlas. Una auténtica liberación.

2. Así somos los seres humanos. Guardamos las cosas y a veces nos acompañan como a aquél Rodrigo Mendoza, el mercenario que en la película “La Misión” a mediados del siglo XVIII trepa por las cataratas del Iguazú arrastrando un fardo con el origen de sus pecados (armadura, espada, casco, etc).memoria culpas

O quizá mas bien no dejamos las cosas que guardamos porque son parte de nuestra historia, de nuestra vida,  de igual modo que la tendencia a guardar  las cenizas de los fallecidos.

3. Pero saliendo de los objetos, quizá no solo acumulamos guardadas “colecciones de cosas” sino que nuestros recuerdos están formados por rosarios o ristras de pensamientos: anécdotas, sucedidos, emociones, etc. Están ahí, cientos de millones de huellas en el registro neuronal de nuestra memoria, de los que solo saldarán de su letargo una mínima parte por razones que no controlamos. Y como se dice en un magnífico post sobre la memoria y el olvido, como caras de una misma moneda,  alguien “ha dicho con humor que se llama memoria a la facultad de acordarse de aquello que quisiéramos olvidar”.

Al final, la gran cuestión es si los seres humanos somos almacenes de cosas y vivencias, o si somos tan soberbios de pensar que somos el encargado del almacén. Difícil respuesta, pero mientras llega, siempre da seguridad mantener guardadas las cosas y recuerdos… por si acaso.

¡Y qué felices somos asomándonos a ese pasado!. Y si suspiramos será buena señal, porque algo bueno habremos experimentado cuando esos objetos palpitaban…

memoria cajas

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