Situaciones absurdas

Intimidad garantizada frente a ocurrencias políticas

Me entero que existe la figura del “coodinador de intimidad” en el ámbito del cine. Son personas que velan por el bienestar de los actores en escenas íntimas (sexuales o desnudos) para evitar incomodidad o presiones en los rodajes.

No me parece mal. Alguien “vigilando entre el centeno”. Pero lo que me preocupa es que he leído que la Ministra de Igualdad “estudia” ampliar esa figura a otros ámbitos como los ascensores, los pasillos de tiendas de alimentación o las salas de espera de tamaño pequeño. ¿Qué?, ¿he leído bien? La ministra dice algo que todos conocemos pero no con las consecuencias que quiere:

Ese momento, en el cine, en el que tenemos que atravesar el espacio que separa las filas de las butacas, sin saber si es mejor hacerlo de cara o de culo, es un caso paradigmático.

Quiero creer que estamos ante licencias expresivas y no anticipando normas que nadie espera ni desea. Pero me da miedo el político que lleva dentro el típico vendedor pelmazo a domicilio, que si mete el pie en la puerta, conseguirá abrirla del todo. En efecto, el problema de las ocurrencias es que somos tantos en el mundo, y tantos los políticos que quieren demostrar que se hacen cosas, que atisbo un futuro de situaciones absurdas, que lleven a que las normas impongan en determinados ámbitos esos “Coordinadores de intimidad”.

Por decirlo en la nueva terminología, veo que se avecina la implantación de “Coordinadores de intimidad en espacios tensionados”. Algo así como personas que velaran para que no se produzca el fenómeno del repleto camarote de la película de los hermanos Marx (me pregunto en tal caso, si el Coordinador de intimidad al entrar en el camarote, no provocaría “menor intimidad”).

Ya me imagino actuando a los flamantes Coordinadores de Intimidad en Espacios Tensionados:

  • En el metro: «¡Eh, señor! Mantenga la distancia».
  • En las colas: «¡Dejen un espacio entre cada dos!»
  • En las reuniones de comunidad de vecinos o en las terrazas: «¡No se abarroten!, ¡Sepárense!»

Veo muchos problemas de aplicación:

  • ¿Quién pagará a esos Coordinadores de Intiminidad en espacios tensionados?
  • ¿Si no les hacen caso, se multará a los desobedientes? ¿o usarán spray de pimienta para que se mantengan alejados?
  • ¿Actuarán solo frente a la molestia del contacto físico o controlarán también el del contacto visual que a veces resulta mas molesto?

Quizá se optarán por medidas preventivas en algunos espacios:

  • ¿Qué no se quieren roces entre butacas de cine? Pues nada, se impone a los cines que las butacas no estén juntas y que la de delante y la trasera estén separadas medio metro; (si ya había pocos cines, esto los mataría).
  • ¿Qué no se quieren agobios en el ascensor, autobús o metro? Pues nada, se limita el aforo a la tercera parte, y todos a sentirnos pasajeros en “limusina”; (Quién lo pagará es otro cantar).
  • ¿Qué se quieren garantizar las exigencias de intimidad en los espacios públicos? Implántense unas burbujas de plástico individuales y transparentes en parques, plazas u oficinas públicas, y así se garantizan los tiempos muertos sin proximidades indeseadas, y como no, que tales burbujas cuentan con los mínimos servicios y atenciones, claro, y un sistema de pago similar a las cabinas de baños públicos; (no hay fondos para la «sanidad asistencial» y los habrá para la «sanidad de la intimidad»).
  • ¿Qué se quiere evitar demasiado contacto en discotecas y bailes de bodas? Pues nada, se prohibe «bailar pegados».

Como siempre, creo que no hacen falta más normas, que nos pueden llevar a un escenario de Fahrenheit 451 (adaptación cinematográfica de la celebre novela de Ray Bradbury) en versión prohibición de contacto fisico y quema de los infractores como a las brujas medievales. Lo que hace falta es más sentido común y más sentido de la responsabilidad individual. Y de paso:

  • Un poco más de respeto para esforzarse en no aplastar ni ser aplastado, en no empujar ni ser empujado, en no contaminar y no ser contaminado.
  • Un poco más de higiene por todos para evitar efluvios, bacterias y estornudos libres.
  • Un poco más de respeto por la libertad individual.

No deja de ser un choteo que se planteen esas medidas, y a nadie se le ocurra suprimir el absurdo trámite del striptease al pasar un control aéreo, que resulta de lo mas incómodo y humillante. O prohibir de una vez y de forma efectiva el atentado a los espacios de intimidad que suponen las llamadas telefónicas intempestivas con auténtico acoso comercial.

Eso sí, como hay mucho contacto en las colas de seguridad y embarque aéreo, en las iglesias, en los conciertos, partidos deportivos, espectáculos y mítines políticos, ferias populares, playas o en bodas y bautizos… ¿habrá que regular también el espacio mínimo de separación?

En fin, creo que lo mejor en tales situaciones es actuar con esa espontaneidad y destreza que impera en las viejas pistas de “coches de choque”, en que ante las situaciones imprevistas se intenta no colisionar. Claro que siempre hay imbéciles que chocan de frente o persiguen ese contacto indeseado…

Así que lo de “coordinadores de intimidad” que se quede como figura necesaria en el ámbito artístico cinematográfico donde nacieron, y no confundamos churras con merinas, ni aprovechemos que pasa el Pisuerga por Valladolid para hacer experimentos.

Lo que desde luego que habría que prohibir son las ocurrencias de los políticos sobre medidas que son bonitas sobre el papel pero ineficaces y absurdas en la práctica, o dicho de otra manera, que generan mas problemas que ventajas.

A veces se olvida que los gobiernos deben solucionar problemas y no generarlos, y que la libertad solo debe limitarse ante problemas reales y tutela de derechos reales.


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1 comentario

  1. “LOS DOMINGOS” de José Ramón Chaves

    Estimado José Ramón:

    Me complace informarte —en nombre del jurado de ¡los Joya!— que tu recién estrenada película de este domingo, ese esperado viaje semanal por la vida que acompañas con tu mirada lúcida y tus reflexiones, ha resultado premiada. Tu obra no puede ser más oportuna: llega cuando la realidad que nos rodea parece empeñada en recordarnos la importancia de tener capacidad crítica y vivir con criterio propio.

    La tentación del poder por regular cada rincón de la vida social e incluso inmiscuirse en la esfera personal, en lugar de confiar en la autonomía y la responsabilidad de las personas, parece no tener límites. Tanto es así que, a veces, esa pulsión normativa roza lo grotesco: no se legisla para resolver problemas reales ni con rigor, sino para exhibir y justificar cargos, a golpe de impulsos, marketing y ocurrencias.

    Frente a la absurda obsesión de la MInistra por crear “coordinadores” de todo —según dicte la moda política del momento—, parece olvidar que existen salidas naturales: una preventiva, la educación; y otra permanente, las personas libro. Afortunada expresión que tomo prestada del actor Álvaro Cervantes, premiado con el Goya por su interpretación en Sorda.

    Como ocurre con un buen libro, una persona libro aparece cuando te sientes perdido o cuando la necesitas; no exige ni impone, simplemente acompaña. Te ilumina, te mejora o te transforma sin obligarte a nada. Puede ser cualquiera: un amigo, un familiar, una pareja, un autor al que siempre volvemos, un maestro, un jefe, un empleado o incluso alguien que pasó fugazmente por nuestra vida. Su presencia basta para recordarte quién eres y hacia dónde quieres ir.

    Frente al impulso de tutelar o supervisar desde fuera, las personas libro recuerdan que la madurez social no nace de la vigilancia, sino de la libertad responsable; no de la imposición, sino del ejemplo; no de la norma, sino del criterio.

    Allí donde los “coordinadores” pretenden dirigir comportamientos, las personas libro inspiran actitudes. Donde unos buscan controlar y homogeneizar, otras ayudan a comprender y reconocer la singularidad. Porque los seres humanos somos irrepetibles e individuales, señora Ministra, y aspiramos a mantener y desarrollar una identidad propia, no a diluirla.

    Por eso nos sobran vigilancia y normas, y nos faltan personas libro. Personas que, con su sola presencia, demuestran que la libertad no es un riesgo que contener, sino un espacio en el que crecer. Personas que nos hacen mejores y, con ello, mejoran también nuestra sociedad.

    Y por eso, el Jurado ha decidido que tu película de los domingos merece hoy este premio: porque ilumina sin imponer, acompaña sin dirigir y recuerda, como las mejores personas libro, que la libertad se cultiva con responsabilidad y que la intimidad y la autonomía nI se limitan ni se mediatizan.

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