Claves para ser feliz

Lo maravilloso de viajar a un Egipto tan caótico como sorprendente

Cuando viajamos por placer, deseamos que el gasto se vea compensado con satisfacciones (ocio, gastronomía, cultura o deporte), disfrutar de buenas comodidades de viaje y alojamiento, y no experimentar contratiempos. Cuando regresamos a ese castillo personal que es el hogar, es hora de hacer balance. En este caso, de mi viaje al continente africano, concretamente a Egipto en la segunda semana de julio de 2025, que acabo de visitar con mis tres hijos durante una semana de trasiego, calor y cultura.

He aprendido que el mundo ha avanzado mucho pero hay grandes desigualdades. Egipto presenta ese desequilibrio entre clases pudientes y clases que no pueden llegar a fin de semana. Ricos y pobres. También demuestra la tensión entre lo artesanal y lo tecnológico. O la coexistencia entre una inmensa mayoría islamista y una minoría cristiana o judía. Pero sobre todo, combina un pasado majestuoso de historia remota y fecunda, con un país que quiere avanzar en la modernidad.

Comenzaré por lo llamativo y terminaré por su gran atractivo.

Me impactaron especialmente los siguientes escenarios.

I. EL GRAN ZOCO
Me refiero a que todo el país parece un lugar de venta, compra y regateo, en el que se ve inmerso el turista que transita por el Cairo o por los espacios de arte y cultura (Luxor, Karnak,etcétera).

Al turista le aguarda una legión de niños y mayores que les abordan solicitando ayuda, donativo o compra de baratijas. La nube humana te envolvía, intentando captar tu atención con estrategias de eficacia probada.

Lo habitual cuanto intuyen que eres español es utilizar expresiones de cercanía del siguiente tenor para provocar tu mirada y atención: Antonio Banderas, Pantoja, Shakira, Real Madrid, etcétera.

A veces enarbolaban una aparente bandera blanca: “No agobio” (pero te lo repetían tanto que agobiaban); “Espero a la vuelta”(y te esperaban realmente al regreso); “Engaño menos que los demás”(ingeniosa manera de captar al comprador)…

En otros casos, echaban el anzuelo: “Solo un euro” ( y cuando te parabas, elevaban la cifra), “Acepta mi regalo”(si lo cogías, te pedían que tu le hicieses otro “regalo” en reciprocidad). O la cruel mentira: “Si no compras, ningún problema” (claro, el problema lo tenías para salir sin comprar).

No faltaban los atrevidos, que te aguardaban en el aeropuerto para arrebatarte con sonrisa la maleta, y tras portearla te exigían un donativo, o los que acechaban dentro de los recintos históricos para mostrarte detalles o hacerte fotos sin que se lo hayas pedido, y exigirte la compensación. No hay coacción ni amenaza, pero te sientes sutilmente presionado.

Luego está el deporte nacional egipcio que los españoles no jugamos bien: el regateo. Tú le preguntas el precio, él te dice una cifra elevadísima, que te lleva a formular una contrapropuesta más elevada de lo que estarías dispuesto a pagar… pero ellos siempre ganan. Acabas llevándote supuestas gangas a un precio que nunca quisieras haber pagado. O llevándote artículo que no necesitas, porque solamente los miraste con curiosidad.

Sin embargo, cuando sobrevives a este enjambre de vendedores, que roza el acoso, comprendes que no lo hacen por capricho ni para fastidiar, ni para robarte. Lo hacen por necesidad. Lo hacen porque lo que para nosotros es una ínfima pérdida de un puñado de euros, para ellos supone la subsistencia. Lo hacen porque les han enseñado así como modo de vida. Y tú, te sientes un turista privilegiado, que no necesita nada y que va su país de vacaciones (cuando ellos necesitan todo y jamás tendrán vacaciones).

En todo caso, es cierto que el ejército y la policía turística está presente y dispuesto a ayudar al turista en riesgo.

II. EL IMPUESTO QUE TODOS LOS TURISTAS PAGAN

Las propinas son algo usual en Egipto, y dado que forman parte del sueldo de los trabajadores, es algo que se asume como obligado, de manera que no es tan libre la decisión de dejar propina ni cuánto.

Así, ya sea el que te limpia la habitación del hotel, el que está a la puerta del baño público, el que te sirve el café, o el policía que te guía, todos sonríen y extienden la mano.

Así que todos jugamos el juego de naipes de las siete y media: o no llegamos o nos pasamos con la propina.

III. EL CAOS DE LAS CIUDADES

El panorama inquietante de los poblados rurales, cuajado de casas de barro, y medios de transporte modestos (carruajes de caballos), se vuelve tenebroso en las grandes ciudades, como Luxor, Menfis o la inmensa capital, El Cairo (¡¡21 millones de habitantes!!), en las que salvaguardando el núcleo central que se ofrece como un islote de alto standing, las restantes redes de calles ofrecen una visión terrible, o inquietante.

No existen señales de tráfico, ni semáforos, ni indicadores de dirección, pues se confía en que cada conductor usará su instinto para pasar, frenar y no colisionar. Y por alguna razón todos tocan la bocina para protestar o pedir paso.

No vi transporte público pero sí infinidad de furgonetas sobrecargadas como el camarote de los hermanos Marx, o camionetas con pasajeros con los pies colgando.

Hay matrimonios o grupos de tres que viajan en ciclomotores. También jinetes en borrico que adelantan a los coches detenidos en los atascos.

El peatón no es el que anda por las aceras, sino que le gusta, o bien pasear por el medio o un lateral de la calzada, o bien estar sentado en el bordillo con los pies en riesgo de aplastamiento. Abundan los grupos de peatones ociosos, fumando o mirando, en mitad de la acera o de la calzada.

El urbanismo parece no existir, ni importar la conservación de fachadas y mobiliario urbano, ni tampoco la estética. Cada inmueble es hijo del tiempo y de las ocurrencias o posibilidades de quien lo alza o mantiene.

La limpieza viaria es invisible, con rastros de abandono, suciedad, bolsas de basura, sofás en la vía pública y escombros diseminados. Es cierto que hay algún contenedor pero siempre claramente desbordado por la inmundicia.

Un elemento vivo destaca en el barullo: los animales. Hay perros callejeros por todas partes, muy delgados pero muy confiados, pues están tumbados en aceras o techos de los coches, u olisqueando tenderetes. Lejos de estos, pero muy campechanos, pululan gatos estilizados. Hay caballos solitarios que visiblemente cansinos, tiran de una pesada calesa con cuatro turistas y un guía con chilaba que les dirige entre el tráfico rodado. No faltan gallinas y gallos por las esquinas sin cercado alguno.

La noche del viernes, el caos aumenta. Todo el mundo sale a la calle. No se sabe si a sentarse, fumar o bailar. Las calles están repletas de personas formando un gran murmullo que rasga la noche. Nada impide que entre los peatones, con familias y niños paseando, aparezcan motocicletas o coches (muchos sin luz, pero con bocina) que se abren paso como Moisés ante el mar Rojo.

Confieso que me maravilla que no haya más accidentes, golpes o atropellos. No sé si es que Alá está vigilando o si es por todo lo contrario.

IV. LO SOBRECOGEDOR

Tuve ocasión de visitar la “ciudad de los muertos” en El Cairo. Un enorme cementerio, donde miles de personas viven en panteones o casas entre tumbas y mausoleos. La falta de vivienda con los vivos, lleva a los pobres a convivir con los muertos. No les falta luz, agua y mantenimiento viario por el gobierno, pero me temo que les falta la alegría de vivir porque con esa compañía poca dicha les espera.

Pese a estas pinceladas tenebristas, debo decir en favor de Egipto TRES IMPRESIONES ALTAMENTE FAVORABLES

La primera, que es un pueblo amable, cálido y generoso. La inmensa mayoría de personas con las que tuvimos la fortuna de contactar, demostraron enorme grandeza personal.

La segunda, que es un pueblo bendecido por la historia. La gran civilización egipcia ha dejado un legado de monumentos increíble, único, maravilloso y eterno. Hay museos viejos y nuevos, tumbas y palacios, pirámides y mastabas; paseos en faluca por el Nilo y paseos en camellos junto a las pirámides de Guiza; paseos diurnos y nocturnos en calesa por zonas antiguas y nuevas, visitas a espléndidos talleres artesanales de elaboración de perfumes, pergaminos, alfombras, o esculturas de alabastro y joyería;

El Valle de los Reyes ofrece la ocasión más impresionante de visitar los tiempos del máximo poder, de la nobleza, de los templos, y de los tiras y afloja entre faraones y sacerdotes, mientras el pueblo se afanaba en construir con esfuerzo enorme las construcciones, cuando no le tocaba cosechar lo que el Nilo regalaba. Caminar entre tumbas de faraones y grandes señores, que existieron milenios antes de Cristo, y contemplar a un palmo de distancia interminables y precisas hileras de jeroglíficos, o prodigios escultóricos, es algo emocionante y que te cambia.

El mosaico histórico cuenta con varias dinastías y numerosos faraones, de los que podemos citar por su interés a Tutmosis III (el faraón más grande), la faraona Hatsheptut (cuya memoria fue borrada de fachadas de templos), el célebre Akenatón (primer monoteísta de la historia, que declaró al Sol como único díos, con su esposa Nefertiti), su hijo Tutankamón (cuya tumba fue descubierta en 1922, con su máscara de oro, y su sarcófago de oro), Ramsés II (el artífice de la paz con los hititas, con su esposa Nefertari), o Ptolomeo (general de Alejandro Magno que a su fallecimiento optó por entronizarse en Egipto y fundar la dinastía que se cerró con Cleopatra, importando el estilo griego). Por cierto, como curiosidad se nos informó que “Nefertiti” significa “la bella ha llegado” y “Nefertari” significaría la más hermosa (“nefer” es hermoso).

Ver las pirámides de Guiza es sobrecogedor. Como la esfinge (de la que ni se sabe a quién representa ni quién acabó con su nariz, aunque se baraja que es de Keops y que la nariz fue destrozada fruto de la erosión y de la puntería de los soldados de Napoleón). Estas pirámides son la única obra artística de las siete maravillas del mundo antiguo que siguen en pie, y que hace comprender el viejo chiste:¿Por qué están las Pirámides en Egipto? Porque no cabían en el Museo Británico.

No puede faltar la visita al Museo Viejo (Museo Egipcio de El Cairo) ni al “Nuevo Museo”. (Gran Museo Egipcio). Espectaculares. Por muchas piezas que les ha arrebatado el Museo Británico el Louvre francés, ahí aguardan infinidad de testimonios paleográficos, momias, joyas y esculturas.

Y como no, muy recomendable la visita al barrio copto de el Cairo Viejo, con la sinagoga donde esperan resonancias bíblicas, lugar donde se aprende muchísimo con un buen guía, especialmente de las semejanzas entre las confesiones cristiana, judía es islámica, y de la huella común de lo egipcio.

Como prolongación cultural, la visita al mercado de El Cairo es única. Calles estrechas, luz y rumor especial, trasiego de vendedores y compradores, expositores de productos típicos y artesanales…

Por supuesto, el Nilo (6.671 km de largo) es majestuoso, y la travesía en barco de norte a sur (para regresar en vuelo interno) una experiencia fantástica.

Especialmente entrañable fue la visita al pueblo de los nubios, cerca de Asuán, toda una experiencia antropológica, porque conservan su cultura y forma de comunicarse (e incluso pude bañarme en su «playa» en las aguas del Nilo, e incluso tuve en mis manos un pequeño ejemplar de cocodrilo).

La tercera: el viaje si es acompañado, sabe mejor. No solo tuve ocasión de disfrutar de esta maravillosa experiencia con mis tres hijos, sino la fortuna de formar parte de un grupo turístico con tres estupendas familias: una vallisoletana (Gustavo, Edurne y su parejita de cachorros), otra extremeña (José Antonio, Eva, y sus dos hijas) y otra madrileña (Raquel y su hija). Personas maravillosas, cordiales y generosas, y con sentido del humor para vivir las pintorescas situaciones, así como con sana curiosidad por conocer el mundo egipcio. Y claro está, compartimos la variada gastronomía egipcia, que no decepciona (siempre que se esté alerta hacia algunos productos picantes o lavados con agua sospechosa). Imprescindible probar el koshwari, plato tradicional egipcio que consiste en macarrones, espaguetis, arroz, lentejas, garbanzos y salsa de tomate.

Dado que nuestro bien cohesionado grupo turístico nos permitió compartir, no solo las tórridas temperaturas ni los largos tiempos muertos de espera de vuelos internos, sino el maravilloso crucero por el majestuoso Nilo, así como las visitas guiadas por Egipto con un espléndido guía (Ahmed Badawi), mezcla de ángel de la guarda y profesor de historia, se forjó entre todos una bonita amistad que ha enriquecido más aún la experiencia.

En suma, no es la pirámide de Guiza la única maravilla del mundo en Egipto. Hay muchas maravillas, arquitectónicas y humanas, que nos demuestran la riqueza espiritual del mundo, la variedad de formas de afrontar la vida y que hay que rentabilizar los viajes con los ojos abiertos, la sonrisa fácil y la mano tendida.

Egipto es intenso, y agotador mentalmente, como intenso es el fruto del viaje. Las vistas de paisajes montañosos, de desiertos y enclaves, de los restos de palacios y templos, de la visión de los aledaños del río Nilo, resultan maravillosamente increíbles. La comida barata, variada y sabrosa. Las telas y artesanía son huella de buen trabajo y fecunda tradición. El calor es intenso, pero soportable (poco precio sudar por tanta maravilla). Y sobre todo, el turismo es seguro (salvando las molestias de vendedores, pero que entran en el lote como seña de identidad del país).

No lo dude, Egipto funciona. Difícilmente, pero lo hace. Y su pueblo merece la oportunidad de ser feliz.

Y si a usted le gusta la historia, Egipto debe estar en su lista. Y si no le gusta la historia, pero sí valorar más el presente que tiene en su país, Egipto también debe estar en su lista.

¡Shukran! ( Gracias, en árabe, que también se aprenden idiomas)

Para finalizar, seguro que al lector le conmueve este pequeña ricura Nubia, que llegó empujando una tabla contra corriente hasta agarrarse a un flanco de la faluca de turismo que nos transportaba e hizo su puesta en escena…


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6 comentarios

  1. Querido José Ramón, la inspiración existe pero tiene que encontrarte. Una vez más demuestras que, estés donde estés, gozas del trabajado mérito de citarte con ella y lograr que comparezca.

    Hoy te presentas como peculiar narrador, que simultanea el estilo de «Las Mil y una noches», con el de periodista sociológico y el de bregado magistrado que a partir de la inmediación dicta su Fallo («estimatorio»), de un país maravilloso

    Sirviéndote de la palabra, como si fuera un juego de magia, confrontas su Historia, cultura, arquitectura, artesanía y gastronomía, con su caos, miserias, desigualdades, contrastes y acosos diarios al turista. Y tras medirlos en balanza, destacas, por encima de todo, a su población. A su obligada capacidad de resistencia y adaptación para la supervivencia. Y a que son gente buena y llena de grandeza.

    Pero vas más allá. Cuentas aquello que no se ve pero se siente. La sensación de transcurrir permanente (como las aguas del Nilo), prevalecer y tener ¡espíritu! Porque por los egipcios habla su espíritu. Y, como decía Anaxágoras, el espíritu gobierna el universo.

    ¡Shukran!, como siempre.

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  2. Comentas el viaje con unas experiencias similares a las que viví con mi mujer en abril de 2007, cuando fuimos de viajes de novios. Llegamos más enriquecidos espiritualmente, espero que haya sucedido lo mismo a tu familia y a ti. Después pasarán los años y en las tertulias familiares recordaréis con felicidad, las vivencias que tuvisteis; que tal o cual persona os dijo algo; ese cocodrilo, cual cría con sus minúsculas fauces, intentaba escaparse para «morder»; el incesante regateo y ofrecimiento de baratijas de todo tipo; las pirámides, inclementes ante el avatar de los tiempos; el calor asfixiante (si en la época que fuimos era tremendo, no quiero imaginar cómo ha sido en julio).

    Gracias por compartirlo de una forma tan sentida.

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  3. Comentas el viaje con unas experiencias similares a las que viví con mi mujer en abril de 2007, cuando fuimos de viajes de novios. Llegamos más enriquecidos espiritualmente, espero que haya sucedido lo mismo a tu familia y a ti. Después pasarán los años y en las tertulias familiares recordaréis con felicidad, las vivencias que tuvisteis; que tal o cual persona os dijo algo; ese cocodrilo, cual cría con sus minúsculas fauces, intentaba escaparse para «morder»; el incesante regateo y ofrecimiento de baratijas de todo tipo; las pirámides, inclementes ante el avatar de los tiempos; el calor asfixiante (si en la época que fuimos era tremendo, no quiero imaginar cómo ha sido en julio).

    Gracias por compartirlo de una forma tan sentida.

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