Claves para ser feliz

Hola, soy adicto a las noticias

Ayer paseaba a mi perro por un sendero en plena campiña (o mas bien, me paseaba a mí, porque tercamente me lleva donde quiere) y saludé a un ganadero ya entrado en años (o sea, entrado en la edad en que se suele «salir»), que estaba atendiendo unas vacas. No nos conocíamos de nada, pero une mucho encontrarse en medio de la naturaleza sin ruido, coches, decorados urbanos ni personas circundantes, así que fue fácil cambiar impresiones sin guion predeterminado. Al irme, le dije, “Se está mejor aquí, que sentado frente al televisor escuchando barbaridades”, y me replicó «Yo no tengo estudios, y solía ver la televisión para aprender, pero me he dado cuenta que es mejor no saber nada». Me fui dándole vueltas a la fresca idea de este moderno Sócrates.

Personalmente tengo el hábito consolidado, como muchísimas otras personas, de escuchar las noticias a primera hora de la mañana, al tiempo de afeitarme y asearme. Una manera de despertar, enterarme de las cosas que suceden y que pueden interesarme, y en definitiva, como las aplicaciones de los móviles, de actualizarme. No me falta la sesión de noticias televisivas al mediodía ni la ojeada al periódico diario cuando puedo. Y, como no, sufro el colateral aluvión de noticias de redes sociales.

 Por alguna razón, parte de mi vida está puesta mirando hacia el exterior, hacia las noticias de lo que pasa y cargándolo en la mochila de lo que hay que saber.

El problema es que siento que la inmensa mayoría de las noticias son sobre cosas negativas, molestas, desgracias o problemas. Es verdad que entre la oferta empaquetada de noticias siempre hay alguna rosa fragante, pero las espinas, las malas hierbas y el celofán la ocultan (nótese la información sobre la devastadora dana en Valencia, en que los daños, destrucción y muertes con imágenes brutales, unido a la crispación política culpándose, era una carga negativa apabullante y reiterada – tengo imágenes de coches y casas desmoronadas clavadas en la memoria por los siglos- que eclipsaba el telón de solidaridad en el infortunio).

Suele decirse que los periodistas tienen interiorizadas dos reglas estremecedoras:

“Si hay sangre, es noticia”. O sea, las muertes, accidentes y catástrofes captan más lectores y venden más. No digamos cuando hay una catástrofe, en que los detalles y las imágenes buscan impactarnos…. Y lo consiguen pues nos traen al salón de nuestra casa a dos metros en pantalla viva, los detalles más escabrosos.

“No dejes que la verdad te estropee un buen titular”. O sea, se tolera que el periodista use la carta marcada para forzar las palabras o el interés de la realidad como anzuelo para que el ciudadano quede enganchado a la noticia.

La combinación puede ser demoledora. Un hecho negativo, si además se presenta alimentando la curiosidad insana, el morbo o la sorpresa, es un regalo envenenado para el bienestar mental y emocional.

Ello sin olvidar, el peso en las noticias del color ideológico o quien financia el medio televisivo o periodístico, o los sesgos y prejuicios de quien presenta la noticia.

Acepto que que por ocultar la suciedad bajo la  alfombra, ésta no desaparece. Que si no tomamos conciencia de lo malo, no podemos reaccionar e intentar cambiarlo hacia lo bueno. Y que también suceden cosas positivas e inspiradoras en nuestra ciudad, país o el resto del mundo, pero me temo que en el menú del día, prevalecen las noticias negativas.

Eso me hace preguntarme como el bombardeo constante de noticias negativas durante décadas me ha marcado. Me temo que nada bien.

Al conocer esas noticias, me dejan preocupado, molesto o rabioso por la impotencia.

Paradójicamente, la inquietud desaparece pronto, porque como consecuencia de la costumbre de tanta sobrecarga de malas noticias, tiendo a  banalizarlas, a acostumbrarme e insensibilizarme.

Y con ello, la idea de un mundo feliz, de la bondad del ser humano, va pasando de ser una meta de juventud, a un sueño o espejismo de adulto, o lo peor, un cuento de vieja sin buen final.

Bueno es ser consciente, de que la realidad de las noticias no significa que ahí esté toda la realidad. Hay un inmenso mundo discreto, silente y sin estrépito televisivo ni periodístico, que afortunadamente no es noticia. Parece simple, pero el auténtico titular destacado o advertencia de cualquier noticiario, debería ser “Las malas noticias ocupan los titulares pero lo que no es noticia, porque funciona o es como debería ser, no lo es».

En suma, estar informado es importante pero también lo es el bienestar mental, así que he decidido poner límites seriamente a mis hábitos informativos, y además someter las noticias relevantes al «ácido cínico», para cuestionarla y contextualizarla. Intuyo que aquí debe operar eso tan conocido de “menos es más” y darse cada uno la oportunidad de pensar por sí mismo, en vez de dejarse equivocar por lo que nos sirven.


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4 comentarios

  1. CUANDO SE DESCUBRIO QUE LA INFORMACIÓN ERA UN NEGOCIO, LA VERDAD DEJO DE SER IMPORTANTE -Ryszard Kapuscinski-

    Seamos realistas. Por mucho que vivamos en una sociedad que presume de «civilizada», estamos expuestos a peligros, engaños, abusos y agresiones de la más variada especie que, en su mayoría, tienen su origen en la globalización y en la propia actuación e inhibición de nuestras autoridades. Por ello, para poder mantener nuestra sociedad libre (Pulitzer dixit), seguir siendo personas autónomas y ciudadanos de bien e impedir que nadie piense y decida por nosotros, resulta imprescindible permanecer formados y «bien» informados.

    Ahora bien, aunque información y comunicación tienden a confundirse ¡no son lo mismo! Creer que ver, leer o escuchar (a través las pantallas de ordenador, móviles, televisiones, internet y redes), es entender y, mucho menos, saber, es autoengañarse y dejarse llevar por la puerilidad o la insensatez. No solo somos consumidores de alimentación, limpieza o ropa, sino también de mensajes, gustos, ideología e ¡información! Sí, porque la información, en este mundo líquido y globalizado, se ha convertido en ¡mercancía!

    Por eso, querer informarse de la verdad, es decir, intentar llegar honestamente a una cierta verdad objetiva, requiere de esfuerzo, cautela, apertura de mente y desprenderse de prejuicios. Exige reparar en que todo está supermediatizado. Considerar origen y contexto de la noticia. Filtrar, descifrar y contrastar qué se cuenta, cómo se cuenta, quién lo cuenta y qué se calla. Y asumir que detrás de todos los medios (y no medios) de comunicación -los que más nos atraen más y los que menos- existe un grupo económico, un interés, una línea editorial y una ideología.

    Eso es legítimo, por supuesto. Pero debe abrirnos los ojos para no convertirnos en meros creyentes pasivos, puros repetidores acríticos o simples peones manipulados de lo que digan o callen unos y otros. En este tema es preciso mantener una cierta distancia de seguridad, equilibrio y una posición incómoda. Y no olvidar que tan mala es la desinformación, como la fragmentación de la información o la sobreinformación.

    PD. Es estéril y peligroso creer que uno domina el mundo entero gracias a internet cuando no tiene la cultura necesaria que permite filtrar la información buena de la mala -Zygmunt Bauman-

    En las películas americanas de demandas colectivas por daños a la salud (esas que se siguen contra grandes empresas, por actividades contaminantes o comercialización de productos o medicamentos defectuosos o nocivos, en reclamación de indemnizaciones multimillonarias), sus abogados suelen servirse de una treta. Remitir a los de la demandante, cuando son legalmente requeridos, cientos de cajas documentos desordenados para que sea imposible localizar los importantes. Eso es internet. Si no sabes pescar no solo te quedas «canino» de información buena, sino que naufragas y te ahogas en la mala información.

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    1. Muy ciertas las reflexiones. Me hizo acordar de un libro de Sinay, cuyo título es contundente: «Intoxicados. Cómo la información arruina nuestras vidas». Donde acudió al término: «infoxiación», implantado por el periodista catalán Alfons Comellas en el 2001, para graficar qué realidad «vivimos» en el día a día con los medios y sus «contenidos».

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    2. Totalmente cierto. Sin embargo; en esta era en que nos tocó vivir los que peinamos canas y ejercemos la profesión del derecho, tenemos que estar informados y saber cuál medio tiene información barata y cuál de calidad. Pero no debemos dejar de instruirnos en las dos vertientes y, ahora gracias a Dios contamos con mucha literatura para armarnos contra balas y cuidar nuestra salud principalmente hígado. Gracias.

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