Claves para ser feliz

Valemos lo que nuestros valores

Veo entrevistas a famosos, políticos y empresarios, y aunque hay espíritus puros, veo que la mayoría confunden la ética con la estética, y se dotan de una armadura de valores que funcionan socialmente con cacarearlos a discreción. Por ejemplo, aunque el valor «responsabilidad» es unánimemente reconocido, es llamativo que casi ningún político de ningún país ni color ideológico, cuando el veneno del poder le invade, es capaz de conjugar la primera persona del verbo «dimitir».

Se dice que hay crisis de valores, pero en realidad lo que hay son demasiados valores, y todo el mundo encuentra alguno para justificar su decisión o calibrar la ajena (“valoro la utilidad”, “valoro la libertad”, “valoro el tiempo de ocio”, “valoro el trabajo”, “valoro la sinceridad”, “valoro la astucia”, etcétera). Son como los comodines de un baraja, pues cada persona tiene sus «propios» valores (pese a que los valores deben ser los inherentes a la dignidad humana y universalmente reconocidos), y además, la inmensa mayoría o bien no sabe su rango en relación con otros valores concurrentes, o bien le resultan negociables según la situación.

Sin embargo, cuando decidimos no consultamos nuestro GPS de valores. No. Cuando actuamos, nuestro rumbo lo marca una de estos cuatro señores: las circunstancias (“No puedo hacer otra cosa, poneros en mi lugar”), la intuición (“algo me dijo que debía hacerlo y no sé porqué, pero lo hice”), el corazón (“me embargaba la emoción y un sentimiento poderoso del que no podía escaparme»), o  la reflexión (“he sopesado pros y contras”). Los valores vienen después, cuando los demás juzgan nuestra actuación con cánones éticos o cuando nosotros mismos nos evaluamos (nos felicitamos, nos arrepentimos o nos engañamos).

Nuestra vida no se cuenta por años sino por las decisiones que hemos tomado, buenas y malas, acertadas o erradas, pues vivir es decidir y asumir las consecuencias de lo decidido. Pero lo realmente importante es vivir siendo consciente de que la vida merece la pena vivirla, en la línea marcada por Thomas MANN (Nobleza del espíritu,1945):

Cada hombre es maravilloso (y) donde hay espíritu y sentimiento, toda vida humana, incluso la más miserable, puede volverse interesante y adorable.

Pero no todo vale. Me repugna el trasfondo frívolo del clásico de Groucho MARX: «Si no le gustan mis principios, tengo otros», o el del cínico lema del oportunista político: «Mi principio es «déjate de principios». En cambio, comparto totalmente la frase del escritor Luis GARCÍA MONTERO: “La dignidad no es cuestión de principios, sino de finales”.

Creo que por encima de los tiempos, culturas y generaciones hay valores que no cambian. La grandiosa obra «Hamlet», de WILLIAM SHAKESPEARE, contiene entre otros, un conocido fragmento de altísimo valor moral, que encierra los consejos de Polonio –consejero del Rey– a su hijo Laertes antes de que este emprenda un largo viaje, pero que parecen tallados en diamante por su brillo, consistencia y valía para tenerlos presentes como hoja de ruta vital y no bajar la guardia.

Son consejos que bien está tenerlos presentes cuando los padres se despiden de los hijos por irse a estudiar o trabajar fuera, o tras reunirse en las fiestas navideñas y se desea darles el regalo de la experiencia, o sencillamente se trata de consejos que no deben perderse de vista en ese viaje que es internet y las redes sociales donde nos exponemos y decimos muchas veces de lo que nos arrepentiremos.

Son consejos increíblemente actuales y útiles (hasta hacen sutiles guiños de humor).

Aunque el Rey Saúl nos advirtió que  «Algunas personas son inmunes a los buenos consejos», éstos no tienen desperdicio y son un valioso regalo navideño. Dadles la oportunidad de que estos consejos se adueñen de vosotros. Escuchemos la voz de Polonio:

Llévate mi bendición
y graba en tu memoria estos principios:

no le prestes lengua al pensamiento,
ni lo pongas por obra si es impropio.

Sé sociable, pero no con todos.


Al amigo que te pruebe su amistad
sujétalo al alma con aros de acero,
pero no embotes tu mano agasajando
al primer conocido que te llegue.

Guárdate de riñas, pero, si peleas,
haz que tu adversario se guarde de ti.

A todos presta oídos; tu voz, a pocos.
Escucha el juicio de todos, y guárdate el tuyo.

Ni tomes ni des prestado, pues dando
se suele perder préstamo y amigo,
y tomando se vicia la buena economía.

Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo,
pues de ello se sigue, como el día a la noche,
que no podrás ser falso con nadie.

Cada consejo es una auténtica maravilla, que merece ser leído y rumiado intelectualmente, pero el final es digno de ser grabado con fuego y neón:

Sobre todo, sé fiel a ti mismo.

O sea, aunque el tumulto nos rodee y los problemas acechen, luchemos por nuestro honor, integridad y coherencia personal, para poder mirarnos al espejo cada día, y resolver los posibles conflictos entre mente y corazón por sí mismo, para no culpar a nadie de los errores propios y poder estar orgulloso de los éxitos.

Un reto difícil pero inexcusable. Yo todavía no lo he conseguido, pero al menos lo intento.


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3 comentarios

  1. TU IDENTIDAD ES LA PUESTA EN PRÁCTICA DE LA SUMA DE TUS VALORES

    Aunque en Derecho existe un sabio principio que viene a decir que las cosas son lo que son en sustancia  y no lo que su nombre indica. El pervertido lenguaje de la sociedad actual se lo salta a la torera. Sin embargo, la mera atribución de una realidad a un concepto puede ser equivocada o estar manipulada. Pero en ningún caso convierte lo blanco en negro. O a un antivalor en valor.

    Los valores son cualidades positivas o virtudes que tiene un ser humano o grupo. Sirven para orientar su comportamiento en sociedad, fomentar su mejora y favorecer la convivencia y armonía -individual y social-. Hay valores personales, sociales, familiares, profesionales, morales, religiosos, culturales, deportivos, universales,… Pero todos, aun siendo diferentes, requieren de un rasgo común: ser ¡auténticos!. Porque lo que une a las personas son los valores. Y lo que las separa son los antivalores.

    Honestidad, gratitud, lealtad, empatía, responsabilidad, fraternidad, justicia, altruismo, solidaridad, respeto, generosidad, transigencia, prudencia, esfuerzo,…., son una pequeña pieza en el complejo rompecabezas de ser y hacerse una «buena» persona y/o padre-hijo-hermano-tío y/o esposo/a o pareja y/o amigo y/o profesional-trabajador-empresario, y/o deportista… y/o ciudadano. Para, a partir de ahí, poder construir y formar parte de una sociedad digna y que valga la pena porque propugne, tenga y defienda esos valores.

    Hoy, sin embargo, da igual el nombre que se les dé, mandan los «antivalores». Los hay Sociales: promueven la división, la exclusión y el conflicto permanente. Laborales: favorecen la deslealtad, la desconfianza, la mala retribución y/o el escaqueo. Medioambientales empresariales: amenazan, con temeridad refractaria a la verdad, la sostenibilidad del planeta (contaminación, deforestación y producción máxima y a toda costa). Informativos/culturales: callan la diversidad, compran medios, promueven bulos, cuentan la Historia y la historia (del día a día) a su interés y conveniencia y fomentan una cultura selectiva (falsa, pobre e inculta). Ideológicos políticos: muestran intransigencia, fomentan la sinrazón, el sectarismo (vuelven las dos Españas) y socavan la democracia…

    Deshonestidad, desigualdad, falsedad, irresponsabilidad, incompetencia, intolerancia, odio, injusticia, soberbia, avaricia, pereza,…, son antivalores (o valores inmorales) que tienen cautiva a parte de nuestra sociedad y la separan del resto. La guerra por la supervivencia de los valores humanos se está produciendo. ¿La estamos perdiendo? Volvamos a los consejos de Polonio y llevémoslos a la práctica. No hay arma disuasoria mejor.

    P.D. En la noche del pasado viernes tuve la fortuna de disfrutar de la estupenda entrevista que Genero Castro hizo a la soprano Sonia de Munck en Plano General -RTVE, 2-. ¡Qué mujer y qué historia la suya! Emocionante, conmovedora y admirable. Ayuda entender el poder infinito de la música ¡y los valores! Les dejo el enlace. Si pueden no se lo pierdan. Se lo agradecerán.

    https://www.rtve.es/play/videos/plano-general/sonia-munck/16333472/

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  2. Gracias por su magnifica disertación.

    Añadir que la genética siempre «se hereda», si los padres son negros, los hijos también lo son. Y si son chinos, los hijos también.

    En cambio los valores no se heredan, porque contrariamente a lo que muchos piensan, los valores «se aprenden o no se aprenden».

    Cuantas veces nos encontramos con hijos «aprovechados» que tienen padres honrados, que es cuando el padre dice, mi hijo es la «oveja negra» de la familia.

    O al revés, padres sinvergüenzas que tienen hijos honrados. Un cliente me confesó una vez, que su padre era un caradura de primera, que le había robado a su madre (la que es su abuela) a sus hermanos (tíos en este caso) y hasta había intentado hipotecarle a él, a su hijo, en beneficio propio.

    Y concluyo que.. merece la pena prestar atención a lo que tus hijos han aprendido de ti, porque, cuando se dice que una persona es de «buena familia», es porque ha mamado de pequeño los valores positivos que se respiran en su entorno familiar, que la cual se caracteriza por estos. Gracias y un abrazo

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  3. Los Valores y el Derecho deben tener una relación estrecha e indisoluble. Los Valores es en Última Instancia lo que debe Primar en las Relaciones Humanas y el Derecho el Instrumento que lo ha de Garantizar y Defender. Si esa relación entre ambos se quiebra el Deterioro Social es Inevitable

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