Claves para ser feliz

Saber usar el tiempo, como Montaigne nos aconseja

En los últimos coletazos de la pandemia, parece que se nos devuelve el tiempo, la libertad, la vida social… ¿Se nos había quitado realmente “la vida” o sencillamente se nos había privado de algo prescindible?. Cada uno debe mirar a su interior y responderse a sí mismo, sobre cómo ha empleado ese tiempo de retiro y burbuja, y también sobre cómo emplearlo ahora que se levantan las barreras.

No en vano, el pensador Michel de Montaigne (1533-1592) nos advertía que el tiempo no se pierde cuando estamos muertos, sino cuando estamos vivos, por lo que es un tesoro que no debe ser guardado sino usado. El filosofo y humanista francés nos ha legado infinidad de pensamientos útiles, siendo muy curioso que tamaño prodigio fue educado de una forma extraña pero de grandes frutos: por un lado, su padre lo puso en manos de una niñera que era humilde campesina y le puso un tutor alemán que no hablaba francés para que le enseñase latín. El resultado una persona humilde y sabia que se educó con el latín como “lengua materna”.

A él se deben los famosos “Ensayos”; de hecho fue pionero en usar ese rótulo para ese estilo expositivo, dedicado a analizar y opinar sobre el poder, la justicia, las costumbres, la condición humana, la lectura, las pasiones… y ofreciendo un diagnóstico tan sincero y riguroso que ofrece respuestas válidas para el siglo XXI. Su sano pragmatismo es maravilloso y me convence: «Ya que no puedo decidir sobre los acontecimientos, decido sobre mí mismo, y me acomodo a ellos si ellos no se acomodan a mí».

Unas pinceladas de sus enseñanzas nos pueden ayudar a cambiar la vida. No viene mal un viaje rápido al pasado para encarar el presente.

Veamos primero como nos confiesa su singular educación, lejos de la habitual educación de los infantes entre algodones y como príncipes, lo que no facilita que valoren las cosas más de adultos:

Si yo tuviera hijos varones, de buen grado les deseara mi condición. El buen padre que  Dios me dio, de quien en mí no se alberga sino el gallardo reconocimiento de su bondad, me envió desde la cuna, para que me criara, a un pobre lugar de los suyos, y allí me dejó mientras estuvo en nodriza y aun después, acostumbrándome a la manera de vivir más baja y común: magna pars libertatis est bene moratus venter. No os encarguéis nunca, y encargad todavía menos a vuestras mujeres el criar a vuestros hijos, dejad que el acaso los forme; bajo leyes populares naturales, dejad que la costumbre los enderece a la frugalidad y austeridad: que más bien tengan que descender de la rudeza que no subir hacia ella. Sus miras iban además a otro fin encaminada; quería unirme con el pueblo y con la condición humanas que necesita de nuestro apoyo, y consideraba que más bien debía mirar hacia quien me tiende los brazos que no a quien me vuelve la espalda; también por eso en la pila bautismal me puso en manos de personas de la más abyecta fortuna para que a ellas me sujetara y obligara.

Su designio produjo excelente fruto: entrégome de buen grado a los humildes, ya porque en ello hay mérito mayor, ya por compasión natural, que todo lo puede en mí

 

Tras infinidad de reflexiones y comentarios, vivos, sin concesiones al autor e incluso arriesgados para su tiempo, desemboca al término sobre el sentido de la vida:

¡Todos somos locos de remate! «Ha pasado su vida en la ociosidad», decimos: «Hoy nada hice.» ¡Pues qué! ¿no habéis vivido? Ésta no es solamente la fundamental, sino la más relevante de vuestras labores. (…) La más eximia y gloriosa labor del hombre consiste en vivir a propósito como Dios manda; todas las demás cosas: reinar, atesorar, edificar y otras mil no son sino apéndices y adminículos, cuando más.

Me encanta como resalta que hay que saber conciliar los momentos duros y los buenos, lo solemne y lo modesto, el ser social y el ser humano:

Me complace el ver a un caudillo al pie de la brecha, que al punto va a atacar, prestarse luego, íntegramente, a sus necesidades ordinarias, al comer y al conversar entre sus amigos; y a Bruto, conspirando contra él la tierra toda y juntamente contra la libertad romana, reservar a sus revistas nocturnas algunas horas para leer y compendiar a Polibio con tranquilidad cabal.

Tampoco falta el humor:

A los perros de Esopo, los cuales descubriendo en el mar algo que flotaba semejante a un cuerpo muerto, y no pudiendo acercarse a él, decidieron beber el agua para secar el paraje, y se ahogaron. Con lo cual concuerda lo que Crates decía de los escritos de Heráclito, o sea «que habrían menester un lector que fuera buen nadador», a fin de que la profundidad y el peso de su doctrina no lo tragaran y sofocaran.

También me encanta la misión que atribuye del hombre, sin metas ambiciosas y valorando la condición humana:

La grandeza de alma no consiste tanto en tirar hacia lo alto o en pugnar hacia adelante como en saber acomodarse y circunscribirse; como grande considera todo cuanto es suficiente, y muestra su elevación amando más bien las cosas medianas que las eminentes. Nada es tan hermoso ni tan legítimo cual desempeñar bien y debidamente el papel de hombre, ni hay ciencia tan ardua como el vivir esta vida de manera perfecta y natural. De nuestras enfermedades, la más salvaje es el menosprecio de nuestro ser.

Finalmente, me resulta muy útil su visión del empleo del tiempo, en las coordenadas actuales en las que el siglo XXI nos da demasiada información, demasiada tecnología, demasiados compromisos, demasiadas comodidades… y poco tiempo, y pese a ello, muchos despilfarramos ese tiempo que nadie nos devolverá. Así nos recomienda cómo administrar eso que llamamos «vida»:

Hay moderación en el gozarla, y yo la disfruto el doble, que los demás, pues la medida del disfrute depende del más o el menos en la aplicación que la procuramos. Ahora, principalmente, que advierto la mía de duración tan breve, quiero amplificarla en peso, quiero detener la rapidez de su huida con la prontitud en el atraparla y, mediante el vigor del empleo, compensar el apresuramiento de su pérdida: a medida que la posesión del vivir es más corta, precísame convertirla en más profunda y más plena».

Acaba cantando a la humildad:

Inútil es que caminemos en zancos, pues así y todo, tenemos que servirnos de nuestras piernas; y aún puestos en el más elevado trono de este mundo, menester es que nos sentemos sobre nuestro trasero. Las vidas más hermosas son, a mi ver, aquellas que mejor se acomodan al modelo común y humano, ordenadamente, sin milagro ni extravagancia.

Y por supuesto, se cierra con una cita en latín cuya traducción hace pensar a los que estamos en la edad en que pesan más los recuerdos que los sueños:

Concédeme, hijo de Latona, este es mi ruego, el gozar de mis trabajos en buena salud y con sano juicio, sin afligirme con una vejez ajena al dulce canto de las musas.
HORACIO, Od., 1, 31, 17.

En fin, Montaigne es mucho Montaigne, y su estatura mental es grandiosa, pero basten esas citas de la inmensa fuente de sabiduría que son sus Ensayos (que aquí dejo disponibles a los interesados), para comprender el norte de nuestra vida y saber usar del tiempo en las actuales turbulencias, que aunque nosotros no lo queramos pasa, aunque realmente el tiempo no pasa, sino que somos nosotros los que pasamos.

3 comentarios

  1. Debemos ser conscientes que agotar vivir el momento es lo que nos llena. De otro modo seres fugaces gotas de rocio que el sol del
    Mediodia ya evapora sin que deje rastro de ellas.

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  2. Sublime Montaigne, y sublimes sus fuentes: en los Ensayos hay al menos cien citas literales extraídas de «De rerum natura», de Lucrecio.

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  3. Se han percatado de que la palabra yo se compone -no por azar- de una conjunción copulativa y otra disyuntiva. Han advertido que lo más valioso que tiene todo yo es su energía y su tiempo, ya que son limitados y la vida esta hecha de ambos. Un yo no se valora a sí mismo hasta que no valora su tiempo. Y por eso su existencia se define por aquellos a quienes dedica su capacidad y su tiempo.

    Saber administrar y gastar esa moneda de tu vida que te dan al nacer y se llama tiempo es la clave. Darte cuenta que lo más importante que puedes hacer por ti mismo y por todos los que te rodean, es proteger -feroz, tenaz e inflexiblemente- tu energía y tu tiempo. Acertar con tus sumas («y» copulativas), tus restas («o» disyuntivas) y tus tiempos vitales (comas, puntos -apartes, suspensivos o finales-, admiraciones y…desprecios). Saber con quién compartir lo bueno -para multiplicarlo- y lo malo -para empequeñecerlo y diseminarlo-. Dejar ir a personas, actividades y cosas que no son para ti o no te convienen. Impedir que tus imperfecciones, tus malas inclinaciones y tus vicios te dominen. Y estar siempre en permanente construcción y consciente de que disfrutar de la vida es la única forma de impedir que el tiempo te difumine, te aplaste o te congele. Eso es saber usar el tiempo.

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