Hábitos saludables

La ortografía importa: nos juzgarán por ella

domain-misspellingMi infancia era la de los dictados, de los cuadernos de caligrafía sin salirse de las líneas y con buena letra, con la técnica de escribir y reescribir hasta que salga bien (“la letra con la repetición entra”), la de leer con frenesí y la de consultar el diccionario de tapa dura. Después llegó la etapa de manejar una vieja Olivetti y teclear con atención a cada letra, y siempre alerta con el diccionario.

Curiosamente mi hijo de 12 años inicia la secundaria y el Colegio impone un ordenador portátil que tiene la ventaja de evitar el clásico porteo de libros y además disponer de toda la información a golpe de click, sin olvidar que resulta más congruente con los tiempos de la generación.

Otra cosa es que ese ordenador tiene el peaje de que el tecleo será vertiginoso con leve presión que propiciará mayores errores tipográficos, unido a que la autocorrección podrá insertar la palabra inapropiada. Además, el propio ordenador evita el rastreo por el diccionario de papel y le ofrece el significado de forma instantánea. El resultado me temo que será una peor formación ortográfica.

36479_154334_1Pero la ortografía importa… ¿O se molestaría usted en llamar al vendedor de un vehículo que se anuncia “Bendo veiculo guay”?, ¿firmaría un contrato de crédito o seguro que dijese “La onraded es nuestra divisa”?. Me temo que no, porque la ortografía de un texto escrito es una carta de presentación y anuncia rasgos de su autor, por lo que si alguien es descuidado al escribir y demuestra poco interés o formación en algo tan elemental para comunicarse, quizá también lo sea a la hora de cumplir con sus contratos.

Es llamativa la noticia de que de los más de 27.000 aspirantes a una de las 2.210 plazas ofertadas recientemente por la Guardia Civil en la última convocatoria, el 43,65% ha sido eliminados en la prueba de ortografía, que consistía en la realización de un ejercicio con diez frases numeradas del 1 al 10 en las que tenían que indicar las faltas de ortografía disponiendo de diez minutos.

Esta noticia me provoca el aplauso por le hecho de que se haga tanto hincapié en la ortografía (“despacito y buena letra”) cuando se trata de personas que tienen que hacer denuncias que comportan multas o medidas gravosas, no sea que acabe en los tribunales un boletín que diga “IVA a gran velocidad”.

Claro que sería bueno, ir más allá de la ortografía, y que existiera también una prueba oral o de empatía, porque al fin y al cabo, se trata de personas que deben saber relacionarse en situaciones incómodas.

pasen y veanPero sobre todo me preocupa que personas cuyo nivel y seriedad debe presumirse, por la profesión a que aspiran y por someterse a rigurosos exámenes, obtengan tan bajo nivel en la ortografía. Me hace pensar que gran parte del común de los jóvenes son discípulos de Juan Ramón Jiménez, no solo en cuanto este frecuentemente escribía con jota las palabras con “ge” y “gi”, o suprimía las “b”(en obstáculo), la “h” (en hombre) o la “p” (en septiembre) o usaba la “s” en vez de la “x” (en excepción), sino porque me temo que a muchos jóvenes les es indiferente el uso correcto de cada letra del abecedario.

También debo decir que haber superado enseñanzas universitarias no es garantía de buena ortografía pues flamantes titulados (médicos, abogados, jueces e incluso periodistas) son incapaces de escribir sin cometer errores de bulto.

Me pregunto por el origen de esta carencia.

  • ¿La falta de hábitos de lectura o formación personal que impide registrar neuronalmente códigos, locuciones y signos para que salgan con naturalidad al escribir?
  • ¿El abuso y triunfo de la cultura audiovisual frente a la letra escrita?
  • ¿La costumbre del guasap o tweet –escrito o dictado– con urgencia?
  • ¿La falta de cuidado o de respeto al lector, que lleva a no revisar, o sea, la falta de atención al trabajo bien hecho?

12918Ya sé que en casa del herrero cuchillo de palo y que no faltan quienes ocupan su tiempo en indicarme errores ortográficos en mi blog. En Estados Unidos se autoproclaman “gramáticos nazis” los que revisan como pasatiempo todo blog que cae en sus manos para disfrutar de su minuto de gloria de inquisidor y hacer notar el error. Al menos el ordenador me garantiza la buena letra ya que mi caligrafía infantil fue aplastada por la frenética toma de apuntes en la Universidad y me temo que se necesitaría la piedra de Rosetta para leer mis manuscritos.

Pero lo admito, mis inevitables errores ortográficos son el precio de las urgencias, del “aquí te pillo, aquí te mato”, o sencillamente que mi cerebro está más enfrascado en el mensaje que en el orden o corrección de las letras, así como el terco y ciego corrector ortográfico (sin olvidar mi propio error de la regla mal aprendida, aunque demuestro voluntad de enmienda). Pero que los lectores y correctores no se preocupen que por cada falta ortográfica que detecten, entregaré a cada sabueso el triple de las enormes sumas que percibo por cada post que escribo.

En fin, más allá de la broma, la ortografía importa mucho, y debemos tener presente que una gran inversión, para todas las edades, consistiría en leerse algún librito sobre los errores ortográficos más comunes o las reglas básicas. Una hora de lectura que nos permitirá escribir mejor toda la vida. Incluso con diez minutos leyendo estos 25 errores más comunes seremos más eruditos y dejaremos de ser “escribidores” para acercarnos a “escritores”.

Captura de pantalla 2019-07-21 a las 10.18.55No olvidemos que las personas nos juzgarán por nuestras palabras escritas con más dureza que por nuestras ideas.

En fin, que si nos tropezamos con una web de internet con faltas de ortografía debemos sospechar de algún fraude, como también debemos desconfiar si recibimos un email en que un heredero de una fortuna en un país africano nos confiesa que “deseo hentregarle los aorros de mis visavuelos si usted me envía un mil de euros para digestiones”. E igualmente, debemos poner en cuarentena cualquier propuesta, oferta o invitación escrita con ostensibles faltas ortográficas.

Claro que con buena ortografía no basta para comunicarnos bien y dar buena impresión, pero dejaremos para otro día lo de la sintaxis y las reglas de la lógica, o de cortesía, o el hábito de alimentar con buena información el cerebro, vertientes que también importan. Sé que son muchas cosas, pero merecemos vivir la mejor de las vidas posibles y un poquito de esfuerzo nos lo facilitará mucho.

7 comentarios

  1. Si, como se suele decir, el discurso se toma de dicto, y no de re, ¡qué razón en lo que se plantea!
    Si hubiésemos de tomar lo expresado por escrito, como lo que, en realidad, se quiere expresar, una palabra mal escrita, no podría expresar lo mismo que bien escrita. Pero, por… ¿compasión quizá?, somos capaces -bueno, no siempre- de corregir mentalmente para recibir el mensaje.
    Es una cuestión tan ética (“respeto al lector” dice JR), como estética (“dar buena impresión”.

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  2. No puedo estar mas de acuerdo con cuanto has escrito. Pero haré, al hilo de tu comentario sobre los “euros para digestiones” , una breve referencia a uno de esos correos en que nos piden el número de cuenta, la clave del correo o cualquier otro dato privado.
    Hace aproximadamente un año comencé a recibir una serie de correos del “Banco Santander” solicitándome que enviara mis claves para confirmarlas. Logotipos, imagen de marca… todo había sido meticulosamente falseado dando una idea pulcra y profesional del timador. Sin embargo había tres datos que ponían en evidencia al autor: en primer lugar sustituía sistemáticamente la “z” y las “c” por “s”, fiel a la pronunciación en países iberoamericanos; en segundo lugar,yo ya no tenía hace años relación con esa entidad pero, sobre todo, mi interlocutor siempre acababa sus epístolas con la expresión “con cariño el Banco de Santander”. Reconozco que estuve tentado de advertirle de su error ortográfico, pero sobre todo de agradecerle la ternura que me profesaba mi banco aunque fuese falso.
    La relación con mi banco actual es muy fría y sus epístolas están huérfanas de toda ternura. He llegado a pensar que solo me quiere por mi dinero.

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  3. Desafortunadamente es un fenómeno muy común, debido a la enseñanza recibida en las aulas, además que no son reforzada en el hogar, en conjunto con la entrega a temprana edad de dispositivos tecnológicos, que solo permiten divertirse desde pequeños, hay una nueva ideología de dejar hacer lo que quieran a nuestro niños y a los Jóvenes, sin tomar en cuenta como van en sus estudios, hay una problemática generacional.

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  4. Durante mucho tiempo me he preguntado también por qué los errores ortográficos se han convertido en lo que en medio ambiente se llama una especie invasiva… Porque debe haber una razón, por muy peregrina que sea. Y uno de estos días, dándole al Guásap, me di cuenta que el bendito corrector casi siempre ofrece la versión con tilde de las palabras. Y como siempre vamos como pollo sin cabeza raramente paramos a rectificar en nombre de que lo importante es que se entienda. Que eso daría para mucho, por otra parte. Buen verano a todos.

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  5. No seré yo quien critique que se suspenda a alguien por cometer faltas de ortografía pero en el caso de la oposición para guardia civil no me extraña nada que suspendiera tanta gente la prueba ortográfica ya que, si es cierto, se las traía. O si no que pruebe todo el que quiera a ver qué nota saca en la prueba en cuestión:

    https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfjQIFqotQXLSLRUZMqQKogRsdOGUAMPT4wOnj9UuzP51_tOg/viewform

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  6. La ortografía y el vocabulario son hitos por los que inexorablemente hay que pasar si queremos alcanzar la cumbre de ese auténtico Angliru que es el buen lenguaje. No estamos, por tanto, ante algo secundario o menor. Si el lenguaje nos ayuda a capturar el mundo, como sabiamente expresaba el gran Lázaro Carreter, cuanto peor ortografía tengamos menor lenguaje tendremos y menor mundo capturaremos o de forma más deficiente.

    Y es que la ortografía es la vestidura del pensamiento y el conocimiento puesto por escrito. Permite dar coherencia, orden y coordinación a nuestro discurso. Y, combinada con un buen léxico, favorece una mejor capacidad de compresión de las cosas. Por ello, además de ser una buena carta de presentación, es muestra de respeto y educación hacia nuestro potencial destinatario pues, con la ortografía, le facilitamos la comunicación.

    Cuestión distinta es que hagamos un uso excesivamente academicista y endogámico de la misma, pues, entonces, correremos el riesgo de acabar asfixiando al lenguaje y convertirlo en algo ininteligible, artificial o forzado. De forma que volveremos al punto de partida del mal lenguaje o del lenguaje defectuoso. Y ya se sabe que el Angliru es mucho Angliru para poder volver a subirlo.

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