Hablar y comunicarse

No tener miedo a preguntar o hablar

conversación animadaUna frase de Ortega y Gasset me llama la atención, me hace reflexionar y debe compartirse: «Quien hace una pregunta teme parecer un ignorante durante cinco minutos. Quien no pregunta se mantiene ignorante toda la vida” (La Rebelión de las Masas).

He aquí una de las enseñanzas cruciales que da la vida. A lo largo de nuestra vida, en la infancia, adolescencia e incluso madurez, nos tropezamos con situaciones extrañas, que merecen ser aclaradas, que necesitamos apagar dudas… Y sin embargo, un miedo cerval, un temor al ridículo o una humildad extrema nos lleva a sellar nuestros labios y no decir nada.

Unos no preguntan ni a sus padres. Otros a los vecinos. Y otros se detienen cuando hay que hablar con personas de mayor edad o poder. Cada uno se fija su propia barrera. Y sin embargo es una limitación que tenemos que levantar o superar.

1. La vida poco a poco nos muestra que tras el decorado de las grandes ideas, de palabras grandielocuentes, de pomposas titulaciones y méritos, muchas veces se esconden verdades a medias. Tras las cortinas del telón o del guiñol hay personas de carne y hueso, con nuestras mismas preocupaciones.

Por eso, debemos aprender a lanzarnos a la piscina y a preguntar sin temor, en conversaciones, tertulias, foros o conferencias. Al igual que el miedo escénico del conferenciante que puede y debe ser combatido con éxito, la mordaza del asistente debe arrancarse y no dejar dudas en el tintero. Y por supuesto, que es lo que nos interesa ahora, en los encuentros privados, con compañeros, colegas o conocidos (cafeterías, salas de reuniones,etc) tenemos que saciar nuestro afán de saber con preguntas.

preguntando No le importe parecer torpe, oscuro o impertinente; acuérdese del Teniente Colombo de la serie televisiva que de forma titubeante preguntaba las cosas de manera dubitativa, con referencias a la vida doméstica de su mujer, y con ese estilo desarmaba al oyente.

2. Es cierto que hoy día, como ciudadanos nos resulta cómodo intentar ser invisibles y no mostrarnos con nuestras preguntas (el viejo dicho: “uno es dueño de sus silencios y prisionero de sus palabras”).

Buena prueba de ello son los numerosos foros y conferencias donde se abre un turno de preguntas y se produce la paradoja de que suele preguntar la misma persona en casi todos los eventos y no suele tener nada que aportar mas que su propio lucimiento o desahogo, y en cambio suelen callar las personas que tendrían mucho que aportar.

3. Y siempre hay cosas que decir o aspectos que aclarar. Frecuentemente personas que son parlanchinas con sus amigos, en cuanto pasan a una reunión con meros conocidos, aunque sea el mismo tema, se ven bloqueados para preguntar. No es un problema de timidez: sencillamente uno se convence de que no hay razón para hablar.

4. Hay veces en que no preguntamos nada porque no nos interesa y para eso hay buenos trucos para parecer que se atiende cuando no se escucha.  Sin embargo, lo normal es que si estamos en compañía de alguien, nos interesa compartir algo y aportar alguna idea.

Así pues, para animarnos a dar un paso adelante, hay que tener presentes varios sólidos argumentos.

I. No tenemos nada que perder. Cualquier pregunta o comentario vertido con educación es admisible y digno de aplauso. Nadie puede censurar a quien hace precisamente lo que se espera: participación activa.

II. Tenemos mucho que ganar. Aprender e incrementar la autoestima. Nos sorprendemos muchas veces al salir de un encuentro o reunión de como los que permaneciamos callados compartíamos a la salida muchas dudas. ¡ Y todos callamos mansamente!

conversacionIII. Podemos decir cualquier cosa, cautivando a quien nos escuche siempre que lo envolvamos en prudencia. Por ejemplo. “Me gustaría hacer una pregunta, que quizá tenga sencilla respuesta, pero…”: “Confío en que no se ofenda si le pregunto algo evidente o sencillo…”, “Le agradezco su intervención pero a algunos que no somos capaces de seguirle nos asalta una duda…”, etc.

IV. Somos tan listos y dignos como los demás (de hecho, la inteligencia no es cuestión de coeficiente intelectual). Si compartimos un salón, cafetería o sala de reuniones, todos estamos en plano de igualdad y todo lo que se diga tiene valor. No somos objetos decorativos, sino personas y nuestra opinión vale. Y quien no lo vea así, es su problema.

V. Los ponentes, tertulianos o compañeros que nos hablan, lo agradecerán. Nunca les parecen mal las preguntas y las observaciones. En primer lugar, porque demostramos que prestamos atención. En segundo lugar, porque les damos la oportunidad de profundizar o aclarar lo dicho.

talkingVI. Nosotros somos lo importante y debemos construir nuestras ideas como fruto de la reflexión, contraste y crítica. No somos loros para repetir lo que nos dicen sin entenderlo. Ni cubos de basura para rellenar con cualquier desecho o divagación que nos suelten. No.

No recuerdo a nadie que haya salido perjudicado por haber preguntado o comentado algo en ninguna reunión, mas allá de dar o quitarle la razón con argumentos. En cambio, muchas preguntas oportunas fueron la puerta hacia la consideración ajena y el éxito.

¡¡A practicar!!. Hablar y rascar, todo es empezar…

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