Claves para ser feliz

El lado bueno de un tipejo malo como Donald Trump

Leo hoy domingo en la revista dominical de El Mundo (15/02/2026) una entrevista a David Cay Johson, periodista de investigación y ganador de un Pulitzer que de forma clara nos describe la personalidad de Donald Trump, que lleva analizando y estudiando desde hace treinta años.

Lo impactante es que describe a Donald Trump como un ser despreciable, el anti-cristo, sin moral ni escrúpulos, un auténtico psicópata.

Lo importante es percatarse que no es un ejemplar único, que no es un unicornio con colmillos y fuego, sino un ejemplo de personas que existen en sociedad, con las que lidiamos cada día, en el trabajo o en la calle, o en eventos, y que sobreviven encumbrados en su propia soberbia ciega. Pirañas y tiburones en nuestra tranquila pecera.  Se trata de psicópatas a todo ritmo que forman el ejercito nutrido del 5% de personas que nos rodean. El problema es que lo de psicópata nadie lo lleva escrito en la frente, ni con una cadena al cuello identificativa, ni tatuado el numero de la bestia en el brazo. No. Los psicópatas están mezclados, e incluso son «uno de los nuestros».

Y es que, si hay un psicópata como presidente, quiere decir que en la base social hay infinidad de ellos que también son psicópatas pero que, afortunadamente, no llegan a ese cargo.

En mi juventud nos creíamos el estribillo de la canción “Love is in the air” de John Paul Young, y ahora empiezo a pensar que vivimos “Hate is in the air”, el odio esta en el aire, porque existe demasiada crispación, demasiada ausencia de frenos para la maldad, y los malos atemorizan a los buenos. Y estos callan o no quieren problemas (¡ese es el problema!)

Veamos como describe el valiente periodista a Donald Trump, y usted piense si conoce alguien o si se ha cruzado con alguien similar en su vida. Yo le anticipo que sí conozco personas así. Algunos con mando en empresas, administraciones u organismos. Han llegado alto a fuerza de pisar a los demás y no pensar en los costes, pues sus fines justifican los medios. Y cuesta lidiar con ellos así que personalmente me limito a despreciarlos, ignorarlos y procurar no compartir tiempo, lugar ni situaciones con ellos. No siempre es fácil, pero los estoicos me enseñaron que pueden imponerte situaciones pero como sientes esa situación sobre tus hombros, es cosa tuya: no hay como una burlona mirada interna a quien solo aspira a la adulación externa.

 Escuchen estas afirmaciones de Donald Trump, e insisto, seguro que recuerdan alguien de las inmediaciones que cojea de ese talante:

Primero sobre su enorme EGO:

“Siempre ha creído que era la persona adecuada para arreglar y gobernar el mundo porque el es especial y el resto somos idiotas”.

“Todo gira en torno a el. El, él, él….No tiene empatía ni conexión con nadie más. Tú, yo y todos los demás somos simplemente objetos, ya sea objetos que ayudan a lograr lo que se quiere o que se interponen en su camino. “

“No hay disculpas. No hay autocrítica, no hay empatía no compasión por nadie en él”.

No es incompatible ser un miserable con tener un perverso TALENTO:

“Su mayor talento es su habilidad para estafar, para hacer que la gente crea sus disparates….Es realmente bueno en lo que hace”

Para su supervivencia, el FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS:

“Por dentro no tiene nada y para llenar ese vacío hace todas esas afirmaciones ridículas sobre su riqueza, sobre las guerras que ha terminado, alardeando de ser el mayor Don Juan de la historia o de ser el mayor experto mundial en cualquier cosa”.

“ Necesita ganar siempre, a todo. O más bien, necesitan que le digan que siempre gana y le aplaudan. Si te interpones quiere vengarse de ti (….) Ganar destrozando a los demás le resulta mucho mas satisfactorio que simplemente ganar”

“Ha pagado a mucha gente por información para. Poder presionar, intimidar, chantajear. Así es como siempre ha hecho negocios: rompe acuerdos, no paga, se retrasa y luego te ofrece pagar, pero con una quita, sabiendo que si no aceptas vas a gastar más en los tribunales para recuperar lo que te deben”.

Por supuesto, la MORAL ni está ni se la espera:

“No tiene un núcleo moral. No existe. No tiene sentido alguno de la moral, sólo de sus intereses. No tiene conciencia de ningún tipo. Es la persona que dijo que podría dispararle a alguien en la Quinta Avenida y que no perdería ni un solo voto. Y probablemente lo piensa.”

De tan desolador panorama, de que alguien así encabece el gobierno de la nación más poderosa del mundo, me gusta que el periodista explique donde está el talón de Aquiles de la bestia. Me encanta que el ego del personaje le impide percatarse de estas vulnerabilidades, que por lo demás, aquejan a algunos tipejos con los que me cruzado en esta vida (pocos, pero molestos como avispas, por cierto):

“Un punto débil es no ser capaz de mantener la coherencia entre las mentiras Dice tantas que a menudo es imposible seguirle el ritmo o desmontarlas todas, pero también mantenerlas (…). El segundo punto débil es que es tan arrogante, prepotente, que se crea enemigos donde no hay necesidad y se le volverán en contra.La tercera debilidad es que tiene la piel muy fina. No es capaz de lidiar con cosas muy nimias, con algunas críticas. Simplemente, no tiene mecanismos emocionales maduros para lidiar con los ataques o desafíos, así que no sabe que hacer y pierde los papeles”.

Me gustó especialmente, la explicación de un fenómeno como Trump que da el periodista, y que nos debe hacer reflexionar:

«No creo que Donald Trump naciera así, tuvo que adaptarse a un mundo en el que su padre era un monstruo y su madre era fría, distante, deprimida e insensible. Ninguno de los dos era un tipo de padre que lo abrazara y le dijera ‘te quiero’.»

Caramba. Lo entiendo. He ahí la importancia de la educación, de la infancia, del calor de unos padres… y me temo que ese sentimiento de empatía y filantropía en los niños no se alimenta con juegos electrónicos ni con dinero. No. El amor se siembra con amor.

Lo único bueno que tiene Donald Trump es:  (i) que es mortal y finito; (ii) que los supervivientes habrán aprendido la lección y a ser más realistas y prudentes antes de dar poder a quien no sabe ejercerlo;(iii) La democracia quedara vacunada contra cafres, y nos habrá enseñado a no creer los cantos de sirena ni que los votos comportan moralidad; (iv) que los humanos valoraremos más la sinceridad, la honestidad y la solidaridad, y el valor de la palabra dada, que parece que eran moneda gastada.

Cuando ese momento llegue, bueno será borrar su memoria y huella de despropósitos (pese al daño irreversible que ha ocasionado en pueblos, ciudadanos, minorías, o sobre la paz o seguridad comercial), al igual que los romanos hacían con los malos césares, con la aplicación por el senado de  la llamada damnatio memoriae, o sea borrar todo vestigio del malvado gobernante, como fue el caso de Calígula o Nerón, dos césares de enorme parentesco mental con Donald Trump.

En fin, confiemos en que el mundo sea más poderoso que el malvado, y que no solo en las películas ganen los buenos. Comparto la ingenuidad de Charles Dickens: «Espero que el verdadero amor y la verdad sean al final más fuertes que cualquier mal o desgracia del mundo.”

 El problema de las personas de doble cara me llevó a indagar en mi ensayo sobre los “Lobos disfrazados” (Colex, 2025), pero confieso que los cincuenta tipos de personalidades que allí expuse, se quedan cortos ante la pavorosa sombra proyectada por este monstruo. A veces pienso incluso que no estaría mal un “Duelo a la sombra” entre Trump y Putin, entre la cobra y la mangosta, pues con un poco de suerte aquélla sufrirá mordeduras y ésta el veneno. Y en este caso, confieso que no me sentiré mal por alegrarme del mal ajeno… de esta pareja de canallas.


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