Claves para ser feliz

Una vida y una oportunidad de aprovecharla

Por razones personales, esta ha sido una malísima semana. Por si fuera poco, la situación internacional se tambalea, y todos somos peones de un tablero de ajedrez donde juegan Trump y Putin, haciendo trampas.

Me entero además de la insólita peripecia de un joven venezolano que navegaba en kayak y tras ser tragado por una ballena y sacudido en un envoltorio baboso, fue escupido al exterior y vivo para contarlo. Quisiera creer que yo también seré devuelto inmediatamente a la apacibilidad de los tiempos sin sobresaltos (como se decía: ¡Qué feliz era cuando me sentía infeliz!).

El salvado de la ballena se ha ganado el codiciado título de «un tipo con suerte», lo que es mucho porque la vida es suerte: o estás en el lugar adecuado o en el lugar equivocado, y todo cambia. No recordaríamos los nombres de Julio César, Napoleón o Patton si hubiesen sufrido una neumonía infantil o si cuando eran novatos en el ejército algún veterano abusador les hubiese pateado en cuerpo y alma, o si una bala perdida (flecha en el caso de Julio César) hubiere acertado en sus inicios bélicos. Eso sin olvidar terremotos, accidentes fortuitos, mosquitos y bacterias discretos, fanáticos incontrolados que acechan, o el alevoso cáncer que ha existido desde el inicio de los tiempos y que posiblemente se ha llevado consigo grandes mentes y valiosos personajes (que no llegaron a serlo).

Es fácil comprender el acierto de la película «Match Point» (Woody Allen,2005). La película arranca con el plano de una pelota de tenis que, a cámara lenta, pasa de un lado a otro de la pista, hasta que queda suspendida sobre la cinta, sin que pueda pronosticarse de qué lado caerá, pues el azar marca, lo que lleva al narrador a confesar:

Aquél que dijo más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en los que la pelota golpea el borde de la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante, y ganas, o no lo hace, y pierdes.

Sé que no es nuevo lo de la incertidumbre de la vida y la suerte, pero no está de más recordar el espejismo de que somos eternos y que controlamos el mundo (el célebre memento mori, «recuerda que eres mortal», palabras que susurraba el esclavo al general victorioso, para que no se encumbrase demasiado).

En fin, para salir de esta visión ácida, aquí va una nota de humor con una espléndida ocurrencia atribuida al citado WOODY ALLEN que viene al caso (si esto no arranca una sonrisa, nada lo hará):

En mi próxima vida quiero vivir mi vida al revés. Empiezas muerto y quitas eso del camino. Luego te despiertas en una residencia de ancianos y te sientes cada día mejor. Te echan por estar demasiado sano, vas a cobrar tu pensión y luego, cuando empiezas a trabajar, te dan un reloj de oro y una fiesta el primer día. Trabajas durante 40 años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. Si sales de fiesta, bebes alcohol y, en general, eres promiscuo, entonces estás listo para la escuela secundaria. Luego vas a la escuela primaria, te haces niño, juegas. No tienes responsabilidades, te conviertes en un bebé hasta que naces. Y luego pasas tus últimos 9 meses flotando en lujosas condiciones similares a las de un spa con calefacción central y servicio de habitaciones de barril, habitaciones más grandes todos los días y ¡listo! ¡Terminas como un orgasmo!»

En fin, en vez de desearles un «buen día» o «buen fin de semana», por el mismo precio les desearé una «buena y afortunada vida», aunque no depende de mí concedérselo ni de usted conseguirlo, pero sí que todos debemos jugar a ganar con la mano de cartas que nos da la vida. Y nuestra actitud, estrategia y saber disfrutar de la partida, eso sí que depende de cada uno.


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