La muerte no se toma vacaciones

malas noticiasLas vacaciones son el remedio temporal al estrés laboral, un oasis de supuesto ocio dentro del desierto de un año laboral en un contexto sociopolítico crispado.

Todos intentamos evadirnos del ruido de las catástrofes, ignorar la sombra de problemas económicos o de salud, ofrecer una imagen feliz aunque la procesión vuelva en otoño con sus colores grises.

Pero por mucho que busquemos la evasión, el aturdimiento, mirar a otro lado, la sonrisa fácil… hay frío en el exterior y no podemos negarnos a unos minutos de reflexión…

Y es que junto a la noticia del éxito de los destinos turísticos en España, junto al paseo ocioso de veraneantes con pantalón corto y apetito largo, junto a las colas para asistir a espectáculos, fiestas o verbenas, otras noticias menos gozosas acechan en los titulares. Lo digo porque me estremeció la noticia de hace unos día de la ciudad de Alepo en Siria, donde parece que la muerte no se toma vacaciones, ni tampoco los combatientes que siguen masacrando, y donde se ha escuchado el angustiado grito de alerta de un puñado de médicos, que merecen el aplauso mas entusiasta del mundo, 35 facultativos que atienden a más de 250.000 personas, y que, conscientes de que la población civil se muere en sus manos, afirman que “sólo podemos decidir quien puede sobrevivir o quien puede morir” y que en una carta a Obama le confiesan: “Estamos siendo testigos de cómo un numero incalculable de pacientes, amigos y colegas mueren entre terribles sufrimientos”; de hecho, el corte de flujo de oxígeno a las incubadoras de bebés prematuros provocó la asfixia de cuatro bebés, mientras cientos de enfermos profieren alaridos y se enfrentan a la crónica de una muerte anunciada, porque las medicinas no llegan o llegan tarde.

apoyoMientras tanto Naciones Unidas reclama, como voz que clama en el desierto (nunca mejor dicho):

Con más de dos millones de personas afectadas por los combates dentro y en el entorno de Alepo, donde amplias zonas están sin electricidad y los suministros de agua disminuyen, Naciones Unidas reclama hoy con urgencia una pausa humanitaria en las hostilidades para permitir el acceso inmediato para reparar las redes de agua y electricidad y dar ayuda a las personas necesitadas.

No lo cuento por aguar la fiesta o vacaciones a nadie. Ya sé que es mas fácil seguir en la siesta con aquello de preocuparnos solo próximo (el “prójimo” como la religiones se cuidan de precisar) y no de quienes están lejos y no vemos (el “léjimo” no importa). Es curioso como nos agitamos ante un joven que fallece en accidente de tráfico, y no ante una cifra enorme de víctimas de catástrofes naturales si son lejanas, pues la sensibilidad del ciudadano y su indignación o perturbación emocional, es inversamente proporcional a la distancia del suceso, o sea, es mayor si el accidentado, aunque no lo conozca, es vecino de la misma localidad que si es de otra localidad lejana.

Es cierto que no tenemos la solución para todos los problemas del mundo. Hay muchos dioses de muchas religiones y muchos gobernantes de muchas ideologías ocupándose de ello, pero parece que con poco resultado. En todo caso, a los ciudadanos de a pie no nos sirve la cómoda coartada de que ya se ocupan de eso los religiosos o gobernantes.

Archivo_000 (3)Personalmente, no sé que hacer mas allá de intentar agitar las mentes con estas reflexiones, pero intuyo que algo falla cuando en los programas electorales de los políticos jamás figura en la agenda la promesa de ayuda o implicación en conflictos internacionales humanitarios. Se ve que las víctimas lejanas no votan. Todos damos por supuesto que hay programas y ayudas a oenegés y que se apoya la paz en los foros internacionales, pero luego llega eso que se llama “razón de Estado” y nos encontramos como un caso de Siria en que Estados Unidos, Rusia y varios Estados comparsa, junto a un puñado de enloquecidos bajo la capucha de lo que llaman Estado islámico, todos los cuales se limitan a darse puñaladas y jugar sus piezas estratégicas mientras la población civil es masacrada o expulsada.

Y  es que, querido lector, no olvidemos que hasta hace poco esa población civil  eran vecinos con sus ahorros, televisiones, tablets, viviendas confortables, sueños, confort y vacaciones. Ahora las únicas vacaciones que sueñan es que los bombardeos acaben.  Por eso, seamos valientes y solidarios, que nos hará mejores.

Como premio para quienes han llegado a este punto leyendo, en vez de seguir la política del avestruz y esconder los problemas sin mirarlos, me permitiré ofrecerles algo positivo y que nos incite a disfrutar las vacaciones sin remordimientos. A disfrutar de los momentos felices sin agobios. Y es que  también hay buenas razones para aprovechar las vacaciones y disfrutar el momento porque otro titular estremecedor no deja lugar a dudas: en España han muerto casi tantas personas de cáncer como de dolencias cardíacas, en el año 2013, a razón de unas 60.000 por cada turno (67.711 por cáncer frente a los 53.487 del finalista).

O sea, que se disfruten o no las vacaciones de este año, una cifra inquietante de los veraneantes no saben que serán sus últimas vacaciones, aunque eso sí, el descanso final les aguarda. Mientras tanto, disfrutemos y bailemos al sol, pero sin dejar de mirar de soslayo los nubarrones: Hay que sentirse vivos antes de que sea tarde.

2 thoughts on “La muerte no se toma vacaciones

  1. Mi apreciado, en todos los sentidos, Jose, es extraño abrir tu blog sobre vida y encontrar tus palabras abordando el tema de la muerte y la pérdida. Y es triste la coincidencia para mí. Ayer pasé la jornada con dos grandes amigas. Ayer viví a su lado grandes pérdidas. La inevitable, que nos trae la muerte, y que no muy lejana nos dejará el vacío que solo puede dejar un amante, un padre, un amigo. La inexcusable, que nos ha dejado otro vacío, el del engaño y la mezquindad, y que ya se ha llevado al amante, al padre, al amigo. Ayer al darles el último abrazo antes de la despedida se me hizo un nudo en el alma y otro en la garganta. El segundo se pasa haciendo que pasen las horas y los días. El primero no se disuelve, ni se dispersa. No desaparecerá. Pero hoy, mirando el mar desde El Castillo, al borde de la playa de Los Locos, he dejando que las lágrimas recorran despacio mi rostro y me limpien. Por fuera. Por dentro. Hasta allí donde solo puede llegar el bálsamo del amor, el que se crea en ese abrazo del que os hablaba, el que se da a las amigas y permanece enredado entre los pliegues de la vida.

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