
Acabo de participar en un encuentro de trabajo en San Sebastián y me he percatado de una discreta “brecha profesional” entre los jóvenes y los veteranos, en actitud, planteamiento y visión. No hay colectivo mejor ni peor, sencillamente distinta percepción de los problemas, fruto de eso que se llama la experiencia y que es la maestra de la intuición y de la prudencia. Hay que entender esta diferencia pues los que somos mayores fuimos jóvenes y los actuales jóvenes están llamados a ser mayores.
Casualmente, he leído una sugerente historieta que encierra toneladas de sabiduría y nos enseña a comprender que todos, ancianos, maduros y jóvenes, tiramos del carro de la vida..
Aunque muchos la conocerán, la comparto gustoso y comento brevemente la moraleja.
Perdidos en medio del océano tumultuoso, en una barquichuela se agolpaban siete marineros y un anciano achacoso y frágil, que merecía atención constante. Los marineros se quejaban de que hablaba demasiado y no remaba. Cuando las provisiones y el agua se estaban agotando, el anciano falleció; los marineros rezaron una oración rápida y con íntimo alivio y casi regocijo lo tiraron por la borda. El más veterano comentó a sus compañeros:
—Ahora iremos más ligeros y alcanzaremos pronto la costa.
—Diablos, sí, ¿pero a dónde? —respondió uno de ellos, percatándose de que sólo el viejo lo sabía.

Me encanta esta historia por lo que enseña en estos tiempos de incertidumbre y riesgo (“océano tumultuoso”).
1ª Controlar los prejuicios sobre las personas (“con esa edad, es inútil”), pues la edad significa decadencia pero no menor ciencia ni experiencia.
2ªHay que tener visión a medio y corto plazo. No decidir en función de lo inmediato (“no puede remar ahora”) sino tener en cuenta el valor de cada circunstancia y persona, y lo que puede aportar en ese amplio y tortuoso camino que es la vida.
3ªNo dejarse llevar por el pensamiento de grupo (“parece que todos creen que es un lastre inútil”) sino pensar y actuar por sí mismo. Si todos descuidan la atención a otra persona, o no la toman en consideración, bueno es que quien sienta algo, de un paso adelante, la respete, escuche o atienda.
4ª Los problemas del prójimo son o pueden ser nuestro problema (“todos viajamos en la misma barca”, y es estúpido pensar que no debemos alarmarnos pensando que el agujero en el fondo de la barca, “no está de nuestro lado”).
5º Mas importante que caminar («flotar») es saber en qué dirección avanzar (“brújula”). Cuando no se sabe la meta ningún camino es bueno.
Somos humanos cuanto nos importan las personas más que las cosas, lo que sienten los demás más que lo que necesitamos nosotros.
En fin, por conexión del contexto, y como complemento, me resultan inspiradoras estas frases de “El viejo y el mar” (1952) de Ernest Hemingway sobre la actitud ante las encrucijadas de la vida:

- La vida es una sucesión de incertidumbres.
- La suerte es una cosa con la que un hombre nunca puede contar
- Una buena decisión viene de discernimiento y de la experiencia, no de la prisa.
- Tienes que entender el fracaso para apreciar el éxito.
- Nunca pares de aprender, porque la vida es una constante lección.
Parecerán obviedades, pero no serán tan evidentes cuando vivimos con tanta rapidez, frivolidad, estrés e intolerancia, que estamos derribando lo que nos hace humanos.
No demos por descontado que los otros no tienen nada que aportar…basta con darles la oportunidad de hacerlo darnos la oportunidad de prestarles atención. Intentémoslo…
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