Personajes con huella

Lo que la muerte del actor Robin Williams nos enseñó

La muerte del actor Robin Williams conmociona por sus circunstancias pero, pese a tan altìdimo precio, ofrece valiosas enseñanzas.

La muerte es algo que nos acompaña desde que nacemos pues el reloj de la vida inicia la Robin Williams cuenta atrás. Sin embargo, lo que nos sorprende es la muerte de alguien cuando concurren dos circunstancias excepcionales como la del actor Robin Willians. Por un lado, que es la muerte por suicidio, esto es, por decisión propia, con la razón nublada o no, pero por las propias manos, ya que parece ser que el actor según el informe forense apareció “colgado, semi-vestido, con un cinturón alrededor del cuello”, así como “cortes superficiales de cuchillo en las muñecas”. Por otro lado, que es la muerte de alguien que encarna la alegría, humor, vitalidad y optimismo, caracteres que pugnan con la idea de “arrojar la toalla” y sumirse en la fatal depresión, pues según el comunicado de su esposa “luchaba con sus propias batallas de la depresión, la ansiedad, así como las primeras etapas de la enfermedad de Parkinson”.

 

Pues bien, la vida es aprendizaje y experiencia y bien está sacar algunas enseñanzas de tan triste suceso.

1. El éxito profesional no garantiza la amistad real y generosa.

La amistad es el mejor antídoto frente a las ideas depresivas y suicidas. La depresión es un estado anímico durísimo y siempre ayudará contar con el oído y mano amigas. Comerse los problemas solo conduce a ahondar en la herida y hacer surco en las ideas negativas. En el caso de Robin Wiliams llama la atención que un actor de renombre, casado y con familia y una nube de colaboradores y admiradores, no pudiera existir alguien tan cercano al actor para conocerlo, asistirle e intentar cambiar su sombrío panorama. Es sabido que el escritor Césare Pavese se suicidó de madrugada, pues preso de ansiedad, dejó una nota manuscrita que decía: “Estoy triste y he telefoneado a mis amigos. Ninguno cogió el teléfono”.

 

2. El dinero no da la felicidad.

dickensEs un refrán que encierra verdades evidentes, pero que se ofrecen crudamente en casos como el de Robin Wiliams quien era adinerado y podía comprar los sucedáneos de felicidad que pudiera desviar su atención hacia paraísos menos artificiales que las drogas: coches, fiestas, viajes, compañías, filantropías, etc. No hace falta recordar los casos de Marilyn Monroe, Kurt Cobain, Ernest Hemingway, o el reciente Michael Jackson pues son legión los famosos que se suicidaron o fallecieron víctima de sus propios excesos, por andar por “el lado salvaje de la vida”, pese a que vivían en jaulas de oro.

Y es que a veces la felicidad está en pequeñas cosas, muchas cotidianas y muchas gratuitas.

 

3. Los gigantes tienen pies de barro

La muerte en estas circunstancias contribuye a desmitificar a los dioses terrenales. El ser humano creyente tiende a idealizar Dioses y santos, rodeándolos de perfección e inmunidad. Quien no cree suele proyectar sus ideales hacia quienes encarnan las cumbres de las prácticas o aficiones que admira: deportistas, actores, escritores, cantantes, benefactores, empresarios o artistas.

Sin embargo, la destreza o maestría no garantiza la eternidad ni la debilidad en otras facetas. Son Dioses con pies de barro.

 

4. Las drogas son paraísos a corto plazo que cobran altísimo peaje

Es cierto que Robin Willians sufría depresión o trastorno bipolar, pero intuyo que algo tuvo que ver su cortejo con las drogas en el pasado y que como un fantasma terco volvía a su vida a recordarle como aliviar sus problemas de forma inmediata.

Las drogas, consideradas como aquéllos productos o compuestos químicos que alteran la percepción física o psíquica de forma descontrolada, han acompañado a la historia de la humanidad. En unos casos, las drogas abrían “las puertas de la percepción” de brujos, druidas e iluminados religiosos. En otros casos, ofrecían valentía y decisión para afrontar riesgos que en condiciones de prudencia jamás se harían. También las drogas han cumplido la misión de fomentar la imaginación de artistas y escritores para provocar delirios creativos (la absenta fue la musa que inspiró a numerosos artistas del siglo XIX y de los alegres años veinte, y la heroína fue la dama que sedujo a cantantes del siglo XX).

Sin embargo, ese caramelo envenenado, en sus múltiples variantes y formas, provoca la destrucción de lo único que nos permite reconocernos como seres libres: la capacidad de decidir sobre nuestra vida con libertad. Y las drogas son como el “viajante que logra meter el pie en la puerta”, ya que si se prueban pronto habrá que franquear el paso hasta que sea irreversible. Eso nos lo enseña el triste ejemplo de Williams ya que cuando su compañero actor, el frenético John Belushi falleció de sobredosis, aquél confesó que había aprendido la lección y que dejaría fulminantemente el consumo de drogas. Se ve que la lección fue olvidada, como ignoradas fueron las advertencias de amigos, familiares y psicólogos.problemas mentales

El propio actor en una entrevista televisiva en el año 2006 describía lo fácil que es para un alcohólico recoger la botella de nuevo: “Estás de pie en un precipicio y miras hacia abajo, pero una voz tranquilizadora te va animando a saltar… y saltas”. O sea, la droga y el alcoholo cautiva como los cantos de sirena del mítico Ulises seduciéndole para empujar su barco hacia la muerte segura de las rocas, y sin embargo el héroe consiguió evitarlo ordenando a su tripulación que le atasen al mástil y taponasen los oídos para evitar tentaciones. Lo consiguió.

 

5. Una cosa es lo que vemos y otra lo que somos

Robin Williams nos regaló una imagen de vitalidad, humor e hiperactividad. Sin embargo a veces la feria va por dentro, como en el caso de otro fecundo actor como es Jim Carrey que también sufrió una durísima depresión.

Suele decirse que la tragedia del payaso de circo es tener que salir a escena aunque sus problemas le atenacen pero el auténtico drama infernal es el payaso que es vencido por sus demonios interiores y abandona el circo de la vida para siempre.

 

6. El cerebro es el gran desconocido

Se nos educa para ser racionales, para tomar las mejores decisiones con lógica y lo sorprendente es que las decisiones mas cruciales de nuestras vidas son fruto de una intuición inexplicable. Lo normal es que esas decisiones están ya tomadas y nuestro cerebro se limita a ser coartada para fundamentarlas. ¿Qué pasó por el cerebro de Robin Williams para que llegase a la conclusión de que sus problemas finalizarían cuando pusiese fin a su vida?, ¿acaso no pensó en vías alternativas?, ¿acaso con su veteranía y experiencia no había aprendido que el desarrollo de la vida o la madurez es la renuncia y la aceptación de que las cosas no son como soñamos y lo que es peor, muchas nos serán privadas?, ¿no se abrió en su cerebro la idea que su muerte pondría fin a su problema pero provocaría problemas a las personas que quería?… ¡Quién sabe!.

El caso sorprende más porque Wiliams era imaginativo y no hay mejor aliado para argumentar que una imaginación bulliciosa; de hecho el crítico de cine del New York Times, AQ Scott describió con precisión al actor: “Fue uno de los mas explosivos, intensos y prodigiosos comediantes verbales que han existido. Lo único mas rápido que su boca era su mente, que era capaz de saltos impresionantes hacia lo absurdo con su libre asociación de ideas”.

 

munchSin embargo, el cerebro viene sin instrucciones de uso. Y a veces se siente presionado por el monstruo de la fama, de dar respuestas a los demás. La medicación no sirve y la propia lógica perturbada hace trampas para llegar a una solución rápida o errada: aniquilando la propia persona se acaban con los problemas. Un espejismo al que no puede sustraerse el infortunado.

De hecho, el suicidio en Estados Unidos es el portazo final de nada menos que 39.000 personas al año.

 

En fin, me quedo con sus viva enseñanzas de tres películas que me impactaron y vaya mi agradecimiento allá donde quiera que esté. Eso sí, me gustaron muchísimas de sus actuaciones en otras películas, peor me limito a las que en mi fuero interno dejaron huella.

En primer lugar, corresponde al mundo de la infancia, el juego y la aventura, la deliciosa película Jumanji (1995).

En segundo lugar, corresponde a la juventud, al rumbo de la propia vida, la película “El club de los poetas muertos” (1989).

En tercer lugar, propia de la madurez y sobre el amor, la película “Mas allá de los sueños” (1998).

 

Es un gran logro haber llevado la alegría y la vitalidad a muchísimas personas, así como alivio de los problemas durante la sonrisa ante sus devaneos cinematográficos, entre las que me encuentro. Y sólo por eso le agradezco su legado, misma razón por la que lamentaré su ausencia.

 

Creo que sin perjuicio de acudir a psicoterapeutas ante los primeros síntomas de tendencias depresivas y/o suicidas, no está de más insistir en la necesidad de promover las endorfinas con actividades naturales, la de apartarse de las personas tóxicas y sobre todo, el derecho y deber de afrontar cambios en la vida para ser feliz.

 

No sé si es la solución a los graves problemas de la depresión pero al menos son vías para intentar que nunca perjudicarán.

 

 

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