Situaciones absurdas

El placer de superar absurdos controles de seguridad aéreos

 inútiles controles de embarque aéreo  Una de las situaciones cotidianas que pone a prueba la paciencia y la dignidad del ciudadano es la padecida a la hora se superar el control de seguridad para acceder a la zona de embarque para subir al avión.

La paciencia se pone a prueba cuando se hacen filas y colas como pollos en la cadena transportadora para su tanteo y despiece.

Filas para obtener la tarjeta de embarque en la maquinita ( hay que ahorrar personal y mejor pasarle el trabajo al pasajero que toquetea la maquinita hasta que le expide, si tiene suerte, la ansiada tarjeta de embarque).

Filas para acceder a la zona de embarque, y si el aeropuerto es grande, muchas filas y sinuosas, cada una desembocando ante un arco metálico y una cinta transportadora que será escrutada por la mirada vigilante de un policía mientras otro se dedica al cacheo y un tercero mira desde el fondo con ojos experimentados.

Pero pasen y vean como so pretexto de unas medidas de seguridad se humilla al pasajero, se pierde tiempo y se demuestra el éxito del absurdo en pleno siglo XXI.

1. El exhibicionismo de los pasajeros de las líneas aéreas cuando se despojan de sus utensilios, líquidos y prendas sospechosas ( chaqueta, cinturón y zapatos) en los arcos de control policial de los aeropuertos constituye un escarnio impropio de un mundo civilizado y mas impropio de un mundo que se supone racional.

  El colmo es la privación de los zapatos que aunque evoca el sagrado ritual de entrada en una mezquita, tiene connotaciones humillantes. ¿Qué será lo próximo?¿ pasar en ropa interior o caminar en cuclillas o abrir la boca para que repasen nuestras caries buscando algún microchip escondido?.

No hay pasajero que, ante el control de acceso a la sala de embarque, su corazón no se acelere ante la presencia de una cola de pausado avance (encarrilados como ovejas listas para esquilar), de unas descoloridas bandejas de plástico barato (donde el viajero deposita sus abalorios, rememorando el ritual previo a los hornos crematorios nazis), una cinta con rodillos mecánicos donde se colocan maletines, envoltorios y chaquetas (escrutados por ojos policiales mas curiosos que rigurosos), un arco metálico (evocando el palio de los ahorcados) y varios uniformados controladores, uno de los cuales siempre luce manos enguantadas en latex, sugiriendo la inquietante exploración rectal.

2. Así comienza el desfile de modelos improvisados (por si fuera poco la cola de facturación, ha de soportarse la cola de exhibición). Ciertamente, la medida se justifica en sí misma, al ser evidente el conjunto de personas altamente sospechosas, y aunque buscan detectar al delincuente o terrorista, en sus redes caen otras pirañas de la sociedad: sonrosados turistas extranjeros con mapas en las manos, niños con tamagochi, cansados ejecutivos armados con ordenadores portátiles y jabones de hotel, ancianitos con gafas metálicas, niñatos con piercing susceptibles de convertirse en metralleta, jovencitos con camisetas de leyendas provocadoras portando cortauñas, ejecutivos con cinturón delator, maduritas portando peligrosos botellines de agua o prótesis dentales delatoras, etc).

Todos los pasajeros disfrutan del minuto de gloria y exhibicionismo por cuenta del Estado, sin chaqueta y despojándose de cinturones y correajes, agitando llaves y monederos, con expresión de angustia cuando oyen el condenatorio pitido de alarma. No extraña que, para evitar rubores, se hallan encontrado en las papeleras de las inmediaciones del control no pocos consoladores metálicos, bolas chinas o piezas metálicas de inconfesables utilidades.absurdos controles aéreos

3. Y no digamos cuando la maquinita insiste en delatar algo peligroso en quien atraviesa el arco metálico descalzo y desarmado. Pasa una y otra vez por el control, mientras el policía le repasa con la mirada y mientras los siguientes en la cola detienen sus ojos curiosos en tan peligroso sujeto. Y si la maquinita insiste, se pasa a la fase de tanteo por el policía o vigilante jurado, quien cacheará con la mano y con un aparatito que rodeará al interfecto como si quisiera recorrer su aura astral.

Algo parecido con “prueba de ensayo y error” sucede con el equipaje que pasa por el escáner, cuando el guardia mira de reojo al monitor y luego al pasajero y le espeta: el portátil debe ir en bandeja separada o el gel debe ir embalado en bolsita, y el tiempo se detiene para que el atribulado pasajero azaradamente subsane tan imperdonable error.

4. Por otra parte, no deja de tener su gracia que normalmente el pasajero se entera de lo que no puede portar según le informan carteles antes de pasar el control ( cuando ya es tarde y tiene que optar por sacrificar los líquidos o exponerse “a ver si cuela”). Además, las medidas de seguridad van cambiando a velocidad de vértigo sobre lo que puede o no llevarse a bordo, con lo que la incertidumbre está servida.

5. Así y todo, se produce un íntimo placer al superar la prueba, y la indignación de verse considerado sospechoso, expuesto a pública curiosidad y despojado de algunas vestiduras que son signo de civilización, se verá convertida en un ronroneo gatuno mientras en una mesa al otro lado del paraíso de los justos, recupera sus posesiones y se pone cinturón y chaqueta, y se siente libre.¡ Qué placer!

6. Sin embargo, se impone una reflexión para darse cuenta de que son medidas absurdas, desproporcionadas o cuanto menos, ineficaces y contraproducentes en su aplicación.

A) Son ABSURDAS porque el terrorista potencial tiene que ser tonto de baba para esperar pacientemente una inmensa y cansina fila de control y someterse al mismo con armas blancas, de fuego o líquidos de potencial explosivo.
El cerebro del terrorista mas lobotomizado sabe que puede ocasionar mayores estragos en infinidad de centros que alojan multitudes, tales como cines, teatros, estadios, circos, museos, o similares, en los que resultaría sencillísima la introducción de toda arma o explosivo (y mas sencilla la retirada indemne del delincuente sin el inconveniente de posible inmolación en el ámbito aéreo). Ello sin olvidar la mayor vulnerabilidad de autobuses, barcos o trenes, donde no hay tan sofisticados controles.

Por otro lado, hay múltiples objetos de apariencia inocua que acompañan al pasajero y que superan los controles de acceso, a pesar de que son hipotéticamente susceptibles de uso perverso (gafas, cuerdas, alfileres, bolígrafos, etc), a lo que se une la práctica de otros objetos de menor inocencia, que superan igualmente los controles ( en una ocasión, pasé inocentemente en la mochila una navaja multiusos, y cuentp con familiares de edad que han pasado involuntariamente abrecartas y similares). Mas aún, hace unos años Christophe Naudin, investigador de la Universidad París II, se presentó en el Parlamento Europeo con una bomba despiezada que consiguió burlar todos los controles de seguridad desde Paría a Bruselas, y ello para demostrar a los europeístas lo fácil que era burlar tan absurdas medidas de seguridad.

B) Son DESPROPORCIONADAS porque tales controles serían mas efectivos si se hicieren por muestreo, caso de Méjico (un semáforo en la aduana indica con su color quién debe someterse aleatoriamente a un exhaustivo control), o con identificación biométrica de pasajeros (iris o huellas dactilares) como en Arabia Saudita, o circunscrito al perfil de los sospechosos (¿islámicos, kosovares,…?), evitándose colas inmensas e inútiles en términos de tiempo y energías. ¿Acaso no es significativo que desde su implantación no parece que haya sido detenido ningún sospechoso de amenaza real en los aeropuertos)?.¿ Eso prueba el éxito de la medida preventiva o el fracaso de una humillante práctica?.

 Así y todo, lo que se baraja como un paso adelante es el control por rayos X o técnica similar que permita el escrutinio inmediato para detectar armas o explosivos pero que deja expuesta la figura desnuda al vigilante ( o mas bien su contorno sugerente, que es mas excitante, y en todo caso humillante para el expuesto).controles seguridad humillantes

C) Son virtualmente INEFICACES ya que tales controles no resultarán muy fiables si son efectuados por personal de empresas de seguridad privada, con abundante personal subcontratado con exigua formación y mal pagados, sin que revistan la condición de autoridad pública, ni la deseable especialización que requiere una de las intromisiones masivas en la intimidad mas toleradas hoy día.

D) Son CONTRAPRODUCENTES ya que tales medidas de control contribuyen a crear un clima de crispación e inseguridad de los pasajeros, y del transporte aéreo, que hace peligrar seriamente el interés psicológico de los usuarios, que no deben soportar la tensión (o agobio) de tales incertidumbres.

También el interés económico de las compañías aéreas se ve sacudido por la zozobra de los usuarios que saben han de asumir supuestos riesgos, cargas de trámites y demoras en sus vuelos.

Y como no, también padece el interés político, ya que los potenciales terroristas han conseguido sin mover un dedo tener en jaque a toda la Unión Europea, a golpe de reglamento comunitario, y de rebote a los veintisiete países, así como hacer pasar por las “horcas caudinas” de tan asfixiantes controles, a una buena parte de los casi 500 millones de europeos, y además con medidas de vocación permanente.

7. Por todo ello, pienso que alguien tendrá que adoptar decisiones serias que destierren tales situaciones absurdas, costosas o hilarantes y se opte por soluciones más ágiles y certeras, bajo estudios mas serios y científicos que los que han inspirado tales medidas.

 Lo curioso es que no faltan quejas ni fundadas críticas desde la defensa de los derechos civiles, desde los medios de comunicación y nada cambia.

8. Suele contarse como leyenda urbana ( o aérea) que un pasajero húngaro leyó un estudio estadístico relativo al número de aviones cuyos vuelos incluían pasajeros portando bombas, de forma que se cifraba la posibilidad de que existiese una sola bomba en un avión civil, en uno de cada cien mil vuelos, y se afirmaba a renglón seguido de que la probabilidad de que hubiere dos pasajeros con dos bombas en el mismo avión era de uno por cada millón de vuelos; y en consecuencia, tras leer el estudio, el húngaro viajaba siempre en su maleta con una pequeña bomba, y así viajaba mas seguro…

controles absurdos
Y si aprobamos…
¡¡ A VIAJAR !!

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