Claves para ser feliz

El oasis de las veladas con amigos

Suele decirse que quien paga barato, recibe barato, y que lo bueno cuesta. Sin embargo, en estos tiempos de tecnología absorbente, de torbellinos informativos, de organización frenética del ocio, hay oasis de felicidad que son cómodos, económicos y energéticos. La fórmula es sencilla: amigos, mantel y contexto natural.

Esta conclusión, que no tiene nada de original ni insólita, se debe a este pasado viernes, en que tuve el placer de “huir del mundanal ruido” para disfrutar de la “mundanal compañía” y lo quiero compartir brevemente por aquello de demostrar que hay otros mundos, pero que están en éste.

IMG_06391. Un grupo de amigos, de distinta procedencia geográfica (Burgos, Santander, Pontevedra, León, Madrid y Oviedo, entre otras) nos reunimos en Tuña, pueblecito cercano a Oviedo (40 minutos por carretera) y que tiene el honor de ser el lugar de nacimiento del general Rafael del Riego (1784-1823) quien encabezase el célebre levantamiento que dio lugar a la Constitución de 1812 y la resistencia frente al monarca felón, por lo que sería finalmente ejecutado.

Resulta admirable la nobleza de la declaración que incorporó el “pronunciamiento” (golpe de estado) de Riego frente al dictador con palabras estremecedoras: “Las órdenes de un rey ingrato que asfixiaba a su pueblo con onerosos impuestos, intentaba además llevar a miles de jóvenes a una guerra estéril, sumiendo en la miseria y en el luto a sus familias. Ante esta situación he resuelto negar obediencia a esa inicua orden y declarar la constitución de 1812 como válida para salvar la Patria y para apaciguar a nuestros hermanos de América y hacer felices a nuestros compatriotas. ¡Viva la Constitución!”. Y estremecedor resulta también saber que el precio de la libertad fue su ahorcamiento y descuartizamiento con la vuelta del absolutismo.

Pues bien, ese espíritu libertario brotó en Tuña, y hoy se trata de un pueblecito de cuento de hadas, o mejor de cuento de Hansel y Gretel por sus bosques, casas solariegas y hórreos, un paraíso para cazadores, andariegos y amantes de la naturaleza.

IMG_06002. La reunión no tenía otro objeto que saludarnos, conversar, reírnos, pasear y disfrutar de eso tan bello que se llama la amistad desinteresada y que es un bien escaso en los tiempos actuales.

3. El lugar, en la casa rural, la Torre de Tuña, donde no solo disfrutamos de un pedazo de historia, y de una atención inmejorable, sino de unas habitaciones donde artesanía y modernidad se combinan.

Sin embargo, el momento mágico fue la cena donde la comida casera y el buen vino propiciaron la atmósfera festiva y donde no faltaron las sonrisas discretas seguidas de las risas sueltas. De ahí a las canciones e incluso bailes no hubo nada. Los ingredientes de la felicidad fueron: camaradería, respeto, cordialidad, franqueza y confianza. Nada de puñaladas traperas, ni acusaciones viperinas, ni chismorreos, ni siquiera se habló de política o religión. Lo mas bello es que no son precisas reglas ni forzar situaciones. Afloraron de modo natural las conversaciones cruzadas, los brindis y la complicidad.

Allí, en un valle rural tranquilo donde pululan lobos y algún osezno perdido, en la casa solariega, se formó una burbuja de libertad sin ira y se detuvo el tiempo para dar rienda suelta a eso que se llama vida y que solemos dejar aletargado en ocupaciones muchas veces absurdas.

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Y de este modo, tan sencillo y tan tribal, pasó la medianoche y conseguimos lo que no obtienen los adolescentes del botellón ni los chamanes con los hongos, ni los ejecutivos con sus gadgets. Conseguimos energía, vitalidad, y sentirnos vivos y queridos.

Y eso, no se paga con dinero porque el dinero no puede comprarlo.

Quizá la vida vivida se cuenta por momentos realmente vividos y no por momentos aletargados ante la televisión, ocupados en trabajos ingratos o aguantando impertinentes, o luchando contra molinos de viento de sueños inalcanzables. A veces basta eso tan sencillo que son los encuentros de amigos sin orden del día, sin calculadora de beneficios y costes, sin prejuicios y con la sonrisa puesta. Eso sin olvidar la notable ayuda de la deliciosa fabada, bacalao y arroz con leche del día siguiente, que nos remató de gusto, cocina casera de sabores olvidados y a cargo de la familia de Luis Miguel, el atento gerente o regente del precioso hotel rural.

Y aunque en su día me ocupe de 40 cosas gratis para disfrutar el fin de semana, creo que a veces se impone unos costes menores para tan grandes beneficios.

No cerremos las puertas a las iniciativas ni a las ocasiones de encuentros con los viejos y nuevos amigos. El tiempo pasa y nadie lo devuelve. Por eso, me gusta realzar este maravilloso encuentro, y si es cierto el aforismo de que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”, creo que tengo motivos para sentirme como el Rey Midas.

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