Hábitos saludables

El orgullo de no ser maleducado: 25 groserías típicas

ser educadosSer Catedrático, médico, autoridad, carpintero o potentado no garantiza la buena educación. Va con la persona, y por eso, cuando la vida nos sitúa frente a energúmenos que desprecian las mas elementales normas de civismo, no hay que culpar a la clase social o a la condición profesional. No. Es cuestión de educación pura y dura.

A los que intentamos vivir en sociedad, a los que comprendemos que compartir la pecera del mundo impone que nos saludemos y la mantengamos limpia, cuando contemplamos gestos groseros, nos suele sobrevenir un doble sentimiento.

De repulsa y malestar por el retroceso evolutivo (el hombre retorna a la condición de simio) y de íntimo regocijo por no ser como ellos.

Veamos las veinticinco situaciones cotidianas que provocan la náusea frente al maleducado. No son delitos, pero son conductas despreciables, y habrá que corregirlas si queremos convencernos que somos capaces de vivir en sociedad.

1. El que lanza un salivazo en la vía pública. Eso que se conocía con el eufemismo de “esputo”, sorprende cuando algún bestia transita a tu lado y sin rubor lanza un escupitajo al suelo, o cuando lo hace como práctica deportiva por la ventana de su vehículo. Infames.

2. El que alguien se aproveche de la cola en el supermercado, gran almacén o espectáculo, y de forma sutil, hace una pregunta al encargado para adelantarse a los que pacientemente aguantan su turno, quienes por su mayor educación, se irritan, pero no protestan. O el que disimulando va colocándose delante en la cola y se cree mas listo que nadie, pero en realidad es un zorro taimado que todos identifican.

3. El que se sienta en el autobús, y sin importarle los demás pasajeros, habla a grito pelado en su móvil, informando de su vida y asuntos a todos los que le importa un bledo.

4. El que sube al ascensor cuando estás dentro, o te lo tropiezas cuando llegas, y le saludas con corrección, recibiendo el silencio por toda respuesta, y piensas si te has convertido en invisible, o si el otro es sordo o imbécil.

maleducados al volante5. El que aparca en doble fila, delante de tu coche, y considera que lo suyo es una urgencia, pero no se para a pensar si tú también la tienes. O que al volante se cree importante, grita, gesticula y se cree señor del reino del tráfico, con poder para insultar y condenar a viandantes y conductores.

6. El que no paga las cuotas de la comunidad de vecinos y encima tiene la insolencia de protestar por los servicios comunes y reclamar mas prestaciones, que los hay.

7. El que se te acerca sin existir intimidad amorosa para transmitirte alientos, sudores y efluvios inenarrables. Y habla echándosete encima como si fuere a devorarte. ¿Acaso no saben que la distancia de seguridad no solo opera respecto de los vehículos?.

padres maleducados8. El padre o madre que deja que su niño grite, o usurpe un columpio como cosa propia, o que golpee a otro niño, mientras mira a otro lado, se dedica a su móvil, o se conforma con la coartada de que son niños. Una cosa es ser niño y otra ser salvaje, y bien está que los padres procuren que no deje de ser aquello para que se convierta en esto.

9. El que en tiempo de crisis vive con holgura, y le van bien las cosas y no empatiza con quien está en paro o no puede llegar a fin de mes, y prefiere hablarle de su nuevo coche, de sus vacaciones o del último grito de la tecnología. Y los hay: tontos de solemnidad.

10. El que, con ocasión de compartir una cola ante la Administración, o la espera de un autobús o la entrada para un espectáculo, no solo rompe el hielo para hablar sino que te lanza un discurso quejoso, político o te tutea como compañero revolucionario. Han pasado la barrera… ¡y no lo ven!

11. El que cuando le ofrecen un tentenpié, libro, regalo o detalle con ocasión de una exposición, conferencia o acto público, por el hecho de ser gratuito, se llena los bolsillos egoístamente, sin necesitarlo y sin importarle si hay mas gente.

maleducado12. El que cuando debe acudir a un evento recreativo, cultural o de grupo, y debiendo asistir a la hora preestablecida, antepone su propia pereza o egoísmo para llegar mas tarde y ocasionar la demora del resto de las personas. O si se sienta en su butaca ( de teatro, cine o avión) y se dedica a estirar sus extremidades y golpear o empujar la delantera.

13. El que conduce y se salta el semáforo en ámbar, que coincide con el peatón que enarbola el puño al conductor cuando aquél cruza fuera del paso de peatones.

14. El que en el cine, en una conferencia o concierto, en pleno desarrollo, se ocupa en mirar su móvil, mandar mensajitos o dejar que la luz o el sonido moleste a los restantes espectadores.

15. El que te acaba de conocer, de forma incidental y sin la autorización de la amistad,  se lanza a utilizar expresiones soeces, de odio o insultos étnicos, o términos despectivos hacia personas que no están. O se lanza a contar chismes que no te interesan o chistes procaces que nadie le pidió. O a vertir rumores. ¿ Se darán cuenta de que son tan poco interesantes como personas como lo que cuentan?

16. El que da rienda suelta a la flatulencia en presencia de otras personas, o se muerde los dedos o uñas, o se rasca partes innombrables, o bosteza o laborea con un mondadientes sin taparse la boca. O estornuda o tose sin procurar no contaminar al vecino. Una cosa es no poder controlarlo y otra demostrar que no te importan sus efectos hacia la compañía.

mala educación17. El que sorbe la sopa del plato con ruido o habla mientras mastica o canturrea. O traga como si fuera un concurso de almorzar en menos tiempo. Y no digamos el que no se lava las manos y exhibe las uñas o yemas manchadas mientras toma el pan o los cubiertos.

18. El que con ocasión de un bufett de hotel, con tarifa plana, llena el plato varias veces como si fuera la última cena del condenado a muerte.

19. El que en vez de argumentar, sin tener problemas de oído, eleva el tono de voz y utiliza el grito intimidatorio para convencer.

20. El que fuma a tu lado sin preguntarte si te molesta.

21. El vecino que pone la música a volumen ensordecedor, o lo hace desde un vehículo con las ventanillas abiertas.

perro molesto22. El que tiene un perro y cuando ladra por la noche, no de forma ocasional sino con vehemencia insistente, parece pensar: ¡que se aguanten!.

23. El último en utilizar algo de régimen compartido y que deja que el próximo se las arregle, ya sea el último cartón de leche de la casa, el gel o champú, el papel de la fotocopiadora del trabajo o el papel higiénico.

24. El que estando en un lugar público, biblioteca, trabajo o local de hostelería, y percatado del aguacero, demostrando caradura y egoísmo ( por no decir, malicia) toma el paraguas de otro sin empacho. ¡ Que los hay!.

descortés25. El que acude como cliente a un bar, tienda o establecimiento y se dirige al dependiente o empleado con displicencia, ordenándole, tuteándole o exigiéndole a gritos. Son clientes difíciles o mejor, malos clientes que olvidan que las personas luchan por su trabajo, tienen dignidad y no están obligados a atender a zoquetes.

Y en general, tantas personas que en pleno siglo XXI, donde la tecnología nos demuestra lo pequeños que somos en un mundo tan grande, y la necesidad de tender lazos y colaborar, y ser solidarios, y que no han aprendido a decir ” Gracias”, ni “Por favor”, ni “Perdone”, ni “Disculpe”.

El problema es la actitud ante la descortesía. Como normalmente el descortés esconde un energúmeno, la prudencia lleva a dejar pasar el incidente sin reaccionar.

Lo que siento decir, y esto es autocrítica, es que creo que me estoy volviendo intolerante y maleducado con los maleducados, y cuando es posible, llego a elevar la voz para combatirlos en plena felonía. No es el camino correcto, pero me desahoga.

Aunque  personalmente creo que debemos optar por la ironía como forma sutil de dejar en evidencia la infractor, aunque confieso que tiene sus riesgos y alguna situación comprometida me ha generado, pero al menos me he sentido mejor, porque la urbanidad la hacemos entre todos.

Todos somos fruto de una resultante del azar: nuestra educación escolar, nuestra familia, nuestros amigos, nuestras lecturas y experiencias íntimas… En cualquier caso, lo que somos en materia de educación no es materia inmutable sino que podemos cambiar, y no hay nada malo en esforzarnos en ser mejores. Siendo mas educados seremos mas respetados y la vida en sociedad se hará mas llevadera.

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